Psycho Killer. ¿Eso qué es?
Viernes, 19 de octubre de 2007, vigésimo aniversario del Lunes Negro cuando se produjo el crash en los mercados mundiales. Todos somos conscientes de la magnitud y severidad de aquella manifestación de extremo riesgo que posteriormente fue bien documentado y debatido. Algunos de vosotros puede que estuviéseis tradeando en aquel momento, pero la mayoría de los traders de Wall Street de hoy aún usaban pañales y seguramente no tienen ni idea de lo que es estar expuesto a este tipo de desastre. Solía charlar con mi antiguo jefe de CME que de aquella trabajaba en el pit de S&P. Me contaba: “Nadie comprendía qué era lo que les pasaba a los mercados, los traders cogieron sus puñados de tickets donde apuntaban las órdenes y los tiraron al aire y se marcharon del pit.” Ahora, frente a los ordenadores, que al instante muestran todos los mercados, es difícil comprender lo que sintieron aquellos jornaleros o sus clientes. Ahora no vamos a pararnos a estudiar las causas, los patrones gráficos o las condiciones económicas porque esta semana saldrán muchos artículos marcando un paralelismo con los mercados de hoy. Hay una lección más importante a la que debemos enfrentarnos en cada operación que ejecutemos.
Miedo y codicia
Como todos los técnicos, rigurosamente analizando los gráficos, a veces no prestamos atención a uno de los más importantes componentes del comportamiento del mercado como la psicología, sentimientos y prejuicios. Reconocer la psicología de la multitud es la base para los traders contrarios que buscan los puntos de giro. Con tantos inversores cogidos con el pie cambiado en la última debacle, especulando con las tecnológicas del nuevo paradigma que justificaba la nueva moda, proliferó una gran cantidad de dinero dedicado a sacar provecho de la siguiente “burbuja”. Las pensiones públicas y otro tipo de dinero institucional rotaron en las estrategias de largos/cortos que fueron diseñados para proteger contra la volatilidad y crisis de los mercados. La demanda institucional de hedge funds llevó a una acumulación de dinero sin precedentes especulando con los cortos. Este prejuicio vendedor engendró una nueva generación de eternos bajistas que serán vilipendiados (y quemados) si pierden el siguiente crash.
Quemando los billetes de lotería
La misma naturaleza del suceso de hace 20 años indica que es estadísticamente imposible. ¿Entonces por qué muchos traders están apostando por un evento que en teoría no puede ocurrir? Los sucesos fat tail como el Lunes Negro o el colapso de 2000 de la burbuja tecnológica no solamente dejan cicatrices en la cuenta de resultados sino también en la psicología. A nadie le gusta hacer el primo y los crashes son causados por aquel extremo sentimiento bajista de aquellos que piensan “no nos engañarán más” y “esta vez me aprovecharé de las desgracias de los demás”. Muchos de los eternos bajistas de hoy que continúan cortos en cada rebote como si se tratara de los últimos máximos son aquellos que estuvieron comprados a lo largo de las caídas de 2001 esperando a que los mercados marcasen máximos ascendentes. Son los mismos que al final vendieron en mínimos, y ahora seguramente comprarán en los máximos. Tened en cuenta que este comportamiento no es exclusivamente de minoritarios. Recordad que el afamado gestor de hedge funds Julian Robertson cerró su Tiger Fund en marzo de 2000, después de haber perdido por culpa de no haber girado a alcista durante el boom tecnológico. Seguramente ahora veremos más ejemplos así, tirando la toalla justo llegando a máximos.
Dominick siempre nos mantiene con los pies en el suelo recordándonos que “en el máximo no hay línea de meta” y “ya no quedará ningún bajista cuando el mercado llegue a máximos”. Muchísimo capital ha sido preservado siguiendo este consejo a lo largo de los dos últimos años y mientras seamos conscientes de ello, podremos estar en cabeza de la psicología del comportamiento de masas. La semana pasada fue un perfecto ejemplo mientras los mercados hacían nuevos máximos, Cramerica aupando a GOOG y Wall Street subiendo los objetivos a diestro y siniestro. No estábamos prestando atención a esta exageración, en vez de eso esperábamos un giro conforme Dominick identificó un posible punto que generaría un impulso a la baja. Tuvimos una falsa alarma el miércoles que al final hemos podido cubrir, pero después de haber tocado el objetivo máximo en 1.586,75 puntos el jueves por la tarde, empezó la caída. Este brusco giro dejó a los expertos y los analistas rascándose la cabeza en busca de las causas. Sus ridículas excusas nos hicieron reír, concentrando nuestro esfuerzo en trabajar nuestros gráficos que indicaban un posible giro. El rebote del viernes fue la típica vuelta, y como habíamos empezado más abajo, podíamos buscar un tramo grande.
Si el patrón sigue como esperamos, podríamos ver precios más bajos la semana que viene. La manera en que ataca los soportes podría llevar una implicación importante para el resto del año 2007. Los bajistas verán la finalización de una gran onda B empezando en los mínimos de agosto seguido de un violento mínimo de la onda C. Los alcistas verán un retroceso de la correctiva onda 4 que llevará a los nuevos máximos. Habiéndonos despojado de todos los prejuicios, no nos importa en qué punto estamos ya que somos ágiles y preparados para operar en cualquier escenario. El objetivo inicial es de 1.520 que está cerca del anterior mínimo correctivo. Si este soporte es respetado, nos podemos ir muy alto. Pero si es perforado a la baja, nos dirigiremos a los mínimos del año. Y esto puede coincidir con la reunión de la Fed del 31 de octubre.
Truco o trato
Los expertos y los analistas atribuyen este rally a las expectativas de que la Fed baje los tipos en su próxima reunión. La tendencia plana del mercado de bonos no sugiere otra bajada de los tipos y pensamos que la Fed nos dará un buen susto en Halloween. Si el consenso general es que la Fed baje los tipos y al final esta bajada no se produce, se espera que el mercado baje con fuerza vendiendo las manos débiles todas las posiciones que abrieron tarde y mal. Pero también hay que tener en cuenta que si las curvas de las rentabilidades permanecen planas, sin que la Fed baje los tipos, las bolsas irónicamente pueden aprovecharse de los tipos de interés bajos a largo plazo. Pensamos que después de limpiar los débiles largos, el mercado se está preparando para dar otro arreón a los bajistas yendo a nuevos máximos donde no hay aparente resistencia, lo que potencialmente aumentaría las probabilidades de una capitulación.
La semana que viene tenemos plena sesión de publicación de resultados del sector tecnológico, entre otros (GOOG publica los resultados el martes). También tenemos vencimiento de las opciones de octubre que fue precedido por masivas compras de calls y un descenso de volatilidad implícita. Con la volatilidad implícita cerca de mínimos (a pesar del repunte del martes), pensamos que va a ser una semana tormentosa. Ya es hora de arrear un poco al DJIA.
Soporte: Otra vez las bolsas están cerca de un importante punto de giro. Hemos pasado de una exposición alcista a neutra o bajista y todo dependerá de cómo se comporten los mercados en las próximas semanas. Siendo malpensados, opinamos que el mercado no les marcará tan fácilmente el máximo a los bajistas para que se pongan cortos (el mercado no suele tocar la campana) y de hecho, esperamos una capitulación antes de dirigirse a nuevos máximos.
Publicado el 13 de octubre de 2007 en Trading The Charts
http://elsabado.es/Actualidad/Articulos/50Psycho.html
sábado, 27 de octubre de 2007
sábado, 20 de octubre de 2007
El oscuro asunto de la globalización f inanciera
Publicado el 10-20-2007
El oscuro asunto de la globalización f inanciera
Por Nouriel Roubini
La reciente turbulencia en los mercados financieros globales, y la contracción de la liquidez y el crédito que le siguió, plantean dos preguntas: ¿cómo es que el no pago de las hipotecas de grado inferior en los estados de California, Nevada, Arizona y Florida condujo a una crisis mundial? Y ¿por qué el riesgo sistémico aumentó en lugar de disminuir en años recientes?
La culpa la tiene el fenómeno de la “titulización”. En el pasado, los bancos mantenían los créditos y las hipotecas en sus libros, y así conservaban el riesgo crediticio. Por ejemplo, durante la crisis de la vivienda de finales de los 1980 en Estados Unidos, muchos bancos que realizaban créditos hipotecarios (las sociedades de ahorro y préstamo) quebraron, lo que condujo a una crisis bancaria, una contracción del crédito y una recesión en 1990-91.
Se suponía que el riesgo sistémico –una conmoción financiera que produce un contagio económico grave—se reducía con la titulización. La globalización financiera significaba que los bancos ya no conservaban activos como las hipotecas en sus libros, sino que los incluían en títulos respaldados por activos que se vendían a inversionistas en los mercados de capital de todo el mundo, distribuyendo el riesgo más ampliamente de esa manera.
¿Qué fue lo que no funcionó?
El problema no fueron únicamente las hipotecas de grado inferior. Las mismas prácticas imprudentes –no pedir un pago inicial, no verificar los ingresos y activos de los deudores, las hipotecas fijadas únicamente a las tasas de interés, la amortización negativa, las tasas señuelo—se dieron en más del 50% de todas las hipotecas estadounidenses de 2005 a 2007. Puesto que la titulización significaba que los bancos no cargaban con el riesgo y cobraban comisiones por las transacciones, ya no les importaba la calidad de sus préstamos.
En efecto, actualmente una cadena de intermediarios financieros ganan comisiones sin correr el riesgo crediticio. Como resultado, los agentes hipotecarios maximizan sus ingresos generando volúmenes grandes de hipotecas, al igual que los bancos que incluyen esos créditos en los títulos respaldados por hipotecas (MBS por sus siglas en inglés). Los bancos de inversión a su vez ganan comisiones por volver a incluir estos títulos en obligaciones de deuda con colateral o CDO (y en ocasiones en CDO de CDO).
Además, las agencias calificadoras de los créditos tenían serios conflictos de interés, porque recibían comisiones de los administradores de esos instrumentos. Los encargados de la reglamentación no hicieron nada, ya que la filosofía era el fundamentalismo del libre mercado. Por último, los inversionistas que compraron MBS y CDO eran codiciosos y creyeron en las calificaciones engañosas. Tampoco podían hacer otra cosa, ya que era casi imposible poner precio a estos instrumentos complejos, exóticos y sin liquidez.
Estas prácticas arriesgadas de préstamos también prevalecían en el mercado de compras apalancadas, donde las empresas de capital privado adquieren compañías públicas y financian las operaciones con altos coeficientes de endeudamiento; en el mercado de créditos apalancados, donde los bancos dan financiamiento a las empresas de capital privado; y en el mercado de papel comercial respaldado por activos, donde los bancos usan esquemas fuera del balance para pedir préstamos a muy corto plazo.
No es sorprendente que cuando el mercado de hipotecas de grado inferior estalló esos mercados también se congelaron. Puesto que no se conocía la dimensión de las pérdidas –se calcula que tan sólo las pérdidas de las hipotecas de grado inferior serán de entre 50 y 200 mil millones de dólares, dependiendo de la magnitud de la caída de los precios de las casas, que también se desconoce—y nadie sabía quién tenía qué, nadie confiaba en sus contrapartes, lo que condujo a una grave contracción de la liquidez.
Pero la contracción de la liquidez no era el único problema. También estaba la cuestión de la solvencia. En efecto, actualmente en los Estados Unidos cientos de miles –tal vez dos millones—de hogares están en bancarrota y por lo tanto no pagarán sus hipotecas. Alrededor de sesenta prestamistas de hipotecas de grado inferior ya han quebrado.
Muchos constructores de viviendas están cerca de la quiebra, al igual que algunos fondos de cobertura de riesgos y otras instituciones altamente apalancadas. Incluso en el sector corporativo estadounidense habrá impagos debido a los márgenes mucho mayores de los bonos corporativos. Una política monetaria más laxa podría fomentar la liquidez, pero no resolverá la crisis de solvencia.
Esto se debe a dos razones:
1. una enorme incertidumbre sobre la magnitud de las pérdidas. La magnitud dependerá en parte de cuánto caigan los precios de las viviendas --¿10%? ¿20%? Además, es difícil poner precio a instrumentos exóticos que no tienen liquidez (es decir, que no tienen precio de mercado).
2. gracias a la titulización, el capital privado, los fondos de cobertura de riesgos y las operaciones interbancarias directas, los mercados financieros se han vuelto menos transparentes. Esta opacidad significa que nadie sabe quién tiene qué, lo que debilita la confianza. En septiembre, cuando finalmente se dio la revalorización del riesgo, el pánico se apoderó de los inversionistas, lo que causó una estampida que afectó la liquidez y una interrupción de los créditos.
Entonces, ¿qué se debe hacer? Será difícil dar marcha atrás en la liberalización financiera, pero sus efectos secundarios negativos –incluyendo un mayor riesgo sistémico —exigen una serie de reformas.
En primer lugar, se necesita más información y transparencia sobre los activos complejos y quiénes los tienen. En segundo lugar, los instrumentos complejos se deben comerciar en las bolsas y no en los mercados directos, y se deben normalizar, de forma que puedan surgir mercados secundarios para ellos.
En tercer lugar, necesitamos una mejor supervisión y regulación del sistema financiero, incluyendo la regulación de instituciones financieras opacas o muy apalancadas como los fondos de cobertura de riesgos e incluso los fondos de riqueza soberana. En cuarto lugar, es necesario repensar el papel de las agencias calificadoras e introducir más regulación y competencia. Por último, se debe evaluar adecuadamente el riesgo de liquidez en los modelos de gestión de riesgos, y tanto los bancos como otras instituciones financieras deben valorar y gestionar mejor ese riesgo. La mayoría de las crisis financieras se desencadenan a causa de la falta de correspondencia de los vencimientos.
Es necesario incluir estos temas cruciales en la agenda de los ministros de finanzas del G-7 para evitar una reacción seria contra la globalización financiera y reducir el riesgo de que las turbulencias financieras provoquen daños económicos graves.
Nouriel Roubini es profesor de economía en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y presidente de RGE Monitor (www.rgemonitor.com). Copyright: Project Syndicate, 2007. www.project-syndicate.org Traducción de Kena Nequiz
El oscuro asunto de la globalización f inanciera
Por Nouriel Roubini
La reciente turbulencia en los mercados financieros globales, y la contracción de la liquidez y el crédito que le siguió, plantean dos preguntas: ¿cómo es que el no pago de las hipotecas de grado inferior en los estados de California, Nevada, Arizona y Florida condujo a una crisis mundial? Y ¿por qué el riesgo sistémico aumentó en lugar de disminuir en años recientes?
La culpa la tiene el fenómeno de la “titulización”. En el pasado, los bancos mantenían los créditos y las hipotecas en sus libros, y así conservaban el riesgo crediticio. Por ejemplo, durante la crisis de la vivienda de finales de los 1980 en Estados Unidos, muchos bancos que realizaban créditos hipotecarios (las sociedades de ahorro y préstamo) quebraron, lo que condujo a una crisis bancaria, una contracción del crédito y una recesión en 1990-91.
Se suponía que el riesgo sistémico –una conmoción financiera que produce un contagio económico grave—se reducía con la titulización. La globalización financiera significaba que los bancos ya no conservaban activos como las hipotecas en sus libros, sino que los incluían en títulos respaldados por activos que se vendían a inversionistas en los mercados de capital de todo el mundo, distribuyendo el riesgo más ampliamente de esa manera.
¿Qué fue lo que no funcionó?
El problema no fueron únicamente las hipotecas de grado inferior. Las mismas prácticas imprudentes –no pedir un pago inicial, no verificar los ingresos y activos de los deudores, las hipotecas fijadas únicamente a las tasas de interés, la amortización negativa, las tasas señuelo—se dieron en más del 50% de todas las hipotecas estadounidenses de 2005 a 2007. Puesto que la titulización significaba que los bancos no cargaban con el riesgo y cobraban comisiones por las transacciones, ya no les importaba la calidad de sus préstamos.
En efecto, actualmente una cadena de intermediarios financieros ganan comisiones sin correr el riesgo crediticio. Como resultado, los agentes hipotecarios maximizan sus ingresos generando volúmenes grandes de hipotecas, al igual que los bancos que incluyen esos créditos en los títulos respaldados por hipotecas (MBS por sus siglas en inglés). Los bancos de inversión a su vez ganan comisiones por volver a incluir estos títulos en obligaciones de deuda con colateral o CDO (y en ocasiones en CDO de CDO).
Además, las agencias calificadoras de los créditos tenían serios conflictos de interés, porque recibían comisiones de los administradores de esos instrumentos. Los encargados de la reglamentación no hicieron nada, ya que la filosofía era el fundamentalismo del libre mercado. Por último, los inversionistas que compraron MBS y CDO eran codiciosos y creyeron en las calificaciones engañosas. Tampoco podían hacer otra cosa, ya que era casi imposible poner precio a estos instrumentos complejos, exóticos y sin liquidez.
Estas prácticas arriesgadas de préstamos también prevalecían en el mercado de compras apalancadas, donde las empresas de capital privado adquieren compañías públicas y financian las operaciones con altos coeficientes de endeudamiento; en el mercado de créditos apalancados, donde los bancos dan financiamiento a las empresas de capital privado; y en el mercado de papel comercial respaldado por activos, donde los bancos usan esquemas fuera del balance para pedir préstamos a muy corto plazo.
No es sorprendente que cuando el mercado de hipotecas de grado inferior estalló esos mercados también se congelaron. Puesto que no se conocía la dimensión de las pérdidas –se calcula que tan sólo las pérdidas de las hipotecas de grado inferior serán de entre 50 y 200 mil millones de dólares, dependiendo de la magnitud de la caída de los precios de las casas, que también se desconoce—y nadie sabía quién tenía qué, nadie confiaba en sus contrapartes, lo que condujo a una grave contracción de la liquidez.
Pero la contracción de la liquidez no era el único problema. También estaba la cuestión de la solvencia. En efecto, actualmente en los Estados Unidos cientos de miles –tal vez dos millones—de hogares están en bancarrota y por lo tanto no pagarán sus hipotecas. Alrededor de sesenta prestamistas de hipotecas de grado inferior ya han quebrado.
Muchos constructores de viviendas están cerca de la quiebra, al igual que algunos fondos de cobertura de riesgos y otras instituciones altamente apalancadas. Incluso en el sector corporativo estadounidense habrá impagos debido a los márgenes mucho mayores de los bonos corporativos. Una política monetaria más laxa podría fomentar la liquidez, pero no resolverá la crisis de solvencia.
Esto se debe a dos razones:
1. una enorme incertidumbre sobre la magnitud de las pérdidas. La magnitud dependerá en parte de cuánto caigan los precios de las viviendas --¿10%? ¿20%? Además, es difícil poner precio a instrumentos exóticos que no tienen liquidez (es decir, que no tienen precio de mercado).
2. gracias a la titulización, el capital privado, los fondos de cobertura de riesgos y las operaciones interbancarias directas, los mercados financieros se han vuelto menos transparentes. Esta opacidad significa que nadie sabe quién tiene qué, lo que debilita la confianza. En septiembre, cuando finalmente se dio la revalorización del riesgo, el pánico se apoderó de los inversionistas, lo que causó una estampida que afectó la liquidez y una interrupción de los créditos.
Entonces, ¿qué se debe hacer? Será difícil dar marcha atrás en la liberalización financiera, pero sus efectos secundarios negativos –incluyendo un mayor riesgo sistémico —exigen una serie de reformas.
En primer lugar, se necesita más información y transparencia sobre los activos complejos y quiénes los tienen. En segundo lugar, los instrumentos complejos se deben comerciar en las bolsas y no en los mercados directos, y se deben normalizar, de forma que puedan surgir mercados secundarios para ellos.
En tercer lugar, necesitamos una mejor supervisión y regulación del sistema financiero, incluyendo la regulación de instituciones financieras opacas o muy apalancadas como los fondos de cobertura de riesgos e incluso los fondos de riqueza soberana. En cuarto lugar, es necesario repensar el papel de las agencias calificadoras e introducir más regulación y competencia. Por último, se debe evaluar adecuadamente el riesgo de liquidez en los modelos de gestión de riesgos, y tanto los bancos como otras instituciones financieras deben valorar y gestionar mejor ese riesgo. La mayoría de las crisis financieras se desencadenan a causa de la falta de correspondencia de los vencimientos.
Es necesario incluir estos temas cruciales en la agenda de los ministros de finanzas del G-7 para evitar una reacción seria contra la globalización financiera y reducir el riesgo de que las turbulencias financieras provoquen daños económicos graves.
Nouriel Roubini es profesor de economía en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y presidente de RGE Monitor (www.rgemonitor.com). Copyright: Project Syndicate, 2007. www.project-syndicate.org Traducción de Kena Nequiz
domingo, 14 de octubre de 2007
El eterno viaje de ida y vuelta del mercado monetario
El dinero hace girar el mundo, hace girar el mundo, hace girar el mundo. El dinero hace girar el mundo, de eso estamos todos seguros. Porque somos pobres', canta Sally Bowles en el famoso Kit Kat Club, en uno de los números más recordados del musical Cabaret. El mercado monetario y de divisas es, efectivamente, el paso obligado para toda suerte de actividad económica y mueve cada día 3,21 billones de dólares, que discurren en un flujo constante de ida y vuelta entre distintos bloques económicos.
'Por cada actividad comercial, hay entre 10 y 15 actividades financieras', expone José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. 'Y para cualquier actividad comercial, recurrir al mercado monetario es imprescindible', enfatiza Anton Brender, responsable de análisis económico de Dexia Asset Management.
Unos datos ilustrativos: los cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) establecen que el 80% del petróleo que se produce en el mundo se extrae de regiones emergentes, mientras que las economías más avanzadas consumen casi el 60% de ese crudo. Esta dinámica ha hecho que los países de la OPEP vayan a ingresar este año más de medio billón de dólares por la exportación de oro negro. Pero ese dinero ya no sólo se dilapida en suntuosos palacios del jeque de turno, como antaño. Qatar y Dubai pugnan ahora por hacerse con el control de la Bolsa de Londres. y el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) calcula que las naciones del golfo Pérsico han invertido más de 540.000 millones de dólares en los últimos cuatro años en diversos activos de economías occidentales. En retorno, el flujo de inversión directa extranjera hacia países en desarrollo ascenderá este año a cifras récord de 550.000 millones, según el IIF.
Pero el ciclo no para, sigue en movimiento. Los datos divulgados por el Tesoro americano ponen de manifiesto que más del 40% de la deuda emitida por Estados Unidos está directamente en manos de países como China, Brasil, Argelia, Rusia o Polonia. En julio pasado, último mes del que se disponen datos, el flujo de capitales foráneos a EE UU superó los 100.000 millones; el déficit por cuenta corriente de todo el año asciende a 800.000 millones. El axioma que puso de moda el conocido largometraje Syriana (Warner Bross, 2005), 'Todo está conectado', se cumple de forma inapelable en el mercado de divisas.
Un lugar donde se ve con mucha claridad es en el tipo de cambio. La práctica totalidad de los países asiáticos, del golfo pérsico y también de América Latina tiene una vinculación con el dólar. Eso implica que esos Estados no pueden dejar de almacenar dólares para poder responder al tipo de cambio al que están sujetos. Y la mejor manera de atesorar dólares es comprar bonos denominados en esta divisa. La moneda estadounidense cumple así el papel que el oro desempeñó desde finales del siglo XIX y, en cierta medida, hasta la pasada década de los setenta, y EE UU se ha garantizado de esta forma una financiación constante de su endeudamiento.
'El riesgo consiste en qué sucedería si estos países se cansaran de tener dólares y comenzaran a venderlos en el mercado. Eso podría llegar a representar una debacle para la moneda americana', subraya Antonio Villaroya, jefe global de estrategia de tipos en Merrill Lynch. Basta con echar un vistazo a la distribución mundial de las reservas en divisas, la gran mayoría de ellas en dólares. China posee un 23,2% del reparto global, más de 1,33 billones; Rusia tiene más de 407.000 millones (un 7,4% del total); India, unos 239.900 millones (el 3,97%); Brasil, 162.550 millones (2,7%) y México, 73.240 millones (1,27%).
Se comprende así que, para desesperación de los agricultores y los trabajadores de las fábricas estadounidenses, la Casa Blanca no ponga demasiado énfasis en que economías como China revalúen de una vez por todas su moneda, devolviendo así la competitividad que han perdido los productos occidentales.
¿A quién le interesa que caiga el dólar?
Prácticamente a nadie, a excepción de los propios estadounidenses. El gasto de los ciudadanos americanos equivale a dos tercios de la economía. Y buena parte de ese consumo se satisface vía importaciones. Es decir, si China es la fábrica del mundo, EE UU es el supermercado. Eso es suficiente para figurarse lo que representa un dólar débil en el comercio exterior. Al mismo tiempo, muchos países verían mermado el valor de sus inversiones. Sin salirse de China, el gigante asiático posee casi 410.000 millones de dólares (un 80% de la capitalización total del Ibex 35) en bonos del Tesoro americano. Curiosamente, el país oriental es, a su pesar, el gran financiador de la burbuja inmobilaria. En julio pasado, China fue el mayor inversor individual del mundo en deuda hipotecaria de EE UU, con un importe neto superior a 2.520 millones.
'Un ajuste al alza del dólar sería bienvenido para economías que tienen infravalorada su moneda, puesto que pueden reducir el excedente de las balanzas de pagos, limitar la necesidad de intervenciones de sus bancos y enfriar la demanda doméstica en algunas cosas demasiado enérgicas, como ocurre en China', argumenta Rajeev de Mello, de Pictet Funds.
A quien tampoco interesa un dólar débil es al grupo de la zona euro. Los dirigentes comunitarios manifestaron la semana pasada su preocupación por la excesiva carrera que ha experimentado su divisa en las últimas semanas.
Las cuentas del euro
El cruce de la moneda de los Trece contra el billete verde alcanzó el pasado día 1 su máximo histórico, al llegar a situarse en 1,4282 dólares por unidad. El euro se ha encarecido un 7,7% desde enero y un 20% en el transcurso de los últimos dos años.
'Uno de los motores de la economía de la eurozona es la exportación. Con un euro más fuerte, las exportaciones se encarecen en términos relativos, frenando así el crecimiento económico', advierte Gustavo Trillo, director de inversiones para España y Portugal de JPMorgan Asset Management.
Expertos e inversores hacen cábalas de hasta dónde puede llegar la escalada de la divisa comunitaria. El gran catalizador en el corto plazo es la perspectiva sobre los tipos de interés. La reciente rebaja del precio del dinero en EE UU (del 5,25% al 4,75%) no sólo ha borrado de golpe medio punto de rentabilidad a los activos denominados en dólares, sino que apunta además hacia una economía en apuros, lo que desanima aún más la inversión. La presión bajista en EE UU cristaliza en el avance continuo del euro. ¿Por mucho tiempo?
'Parece que la trayectoria alcista del euro se está acercando a su final, pero las autoridades de la eurozona tiene una capacidad escasa para influir en ello. Las actuaciones verbales o efectivas podrían ser contraproducentes en ausencia de una improbable cooperación por parte de Japón o EE UU', asegura Simon Ward, economista jefe de New Star.
Los esfuerzos del Banco Central Europeo (BCE) dan fe de lo difícil que es domar al mercado. En los últimos dos meses, la autoridad monetaria ha inyectado liquidez al sistema por más de 500.000 millones de euros. La medida no ha evitado que la cotización del euro siga batiendo récords.
La cuestión es clara. Mientras en Europa los analistas discurren para dilucidar cuándo retomará el banco central la senda alcista de tipos (ahora al 4%), en el mercado de futuros de Chicago ya se descuenta para diciembre un descenso adicional por parte de la Fed. La moneda europea también avanza contra otros socios comerciales. Frente a Suiza, cuyos tipos están en el 2,75%, ha ganado un 3%; contra el Reino Unido (el precio del dinero es del 5,75%), se aprecia un 3,2% y en el caso de Japón (tasa de descuento al 0,5%), la ganancia es del 9%. Los ministros de Economía del G-7 (EE UU, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia, Canadá y Francia) se reúnen en Washington el próximo viernes 19 para discutir sobre la salud económica del mundo. Para entonces, la rueda eterna de las divisas ya habrá dado unas cuentas vueltas más.
Tener una moneda en auge ¿Cuáles son las consecuencias?
¿De qué manera afecta el encarecimiento del euro a la propia economía regional?
El consenso de analistas establece que una apreciación del 10% en el tipo de cambio del euro repercute en un descenso de un punto porcentual en el crecimiento de la eurozona a lo largo de dos años, con una especial incidencia en el segundo ejercicio. 'Mantener un euro alto reduce la capacidad de Europa de generar riqueza, ya que la convierte en un área geográfica menos competitiva', explica Paula González-Escalada, de Self Trade. Conviene recordar que la principal actividad de la eurozona es la exportación. Pero en la práctica este impacto no es tan fácil de precisar, puesto que intervienen multitud de matices. Por ejemplo: una moneda fuerte atrae inversiones extranjeras en toda clase de activos. Otro dato; el petróleo, que cotiza en dólares, ha subido un 95% en año y medio, pero su coste medido en euros sólo ha aumentado un 33%.
¿Hasta qué grado es perjudicial la apreciación contra el dólar?
Sigue siendo muy relevante, pero no tanto como en el pasado. EE UU ya no es el mayor socio del bloque. Reino Unido representa el 16% de las exportaciones del área euro, mientras que EE UU equivale al 14% y el resto está repartido entre diversos socios. 'Lo más relevante para la economía regional no es el cruce contra el dólar, sino el tipo de cambio efectivo; es decir, contra los principales socios comerciales', afirma Anton Brender, economista jefe de Dexia Asset Management. 'Una combinación ideal sería una ligera apreciación contra el dólar, que rebajaría la factura del petróleo, y depreciación contra el resto de monedas', sugiere Brender. Pero, claro, esa combinación perfecta es algo que en estos momentos no se está dando.
¿Qué factor está determinando la subida del euro?
En el corto plazo, la fuerza motriz de la apreciación es la expectativa sobre la evolución futura de los tipos de interés. Prueba de ello es que la moneda no se ha apreciado exclusivamente contra el dólar. En el último mes y medio, el euro ha ganado más de un 9% frente al yen japonés y más de un 3% contra el franco suizo y la libra esterlina.
¿Hasta dónde puede llegar el alza de la divisa?
Citigroup pronostica un cambio de entre 1,43 y 1,44 dólares por unidad a medio plazo. Merrill Lynch prevé un cruce estable para los próximos meses, pero reconoce hay más riesgos de una persistente apreciación que de lo contrario. Por análisis técnico, A&G Inversores da margen a la divisa comunitaria para llegar hasta 1,45 dólares. Sólo las declaraciones del BCE la semana pasada, suavizando las expectativas sobre el incremento del precio del dinero, permitieron moderar la senda apreciadora del euro. Ahora bien, debe quedar claro que acertar en la trayectoria de una moneda es harto complicado. 'La evolución está dominada por los flujos financieros, determinados por las decisiones de los inversores, guiados a su vez por sus expectativas sobre el tipo de interés', describe José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. 'Ser concreto sobre hasta dónde puede llegar una divisa es extremadamente difícil', corroboran desde Self Trade.
Abierto todo el día, todo el año
Nunca se echa el cierre. Así es el mercado de divisas, el único que puede arrogarse con derecho propio tener una dimensión planetaria. Es el mayor y el más líquido del mundo, con un volumen diario de negociación de 3,21 billones de dólares, el doble de lo que movió la Bolsa española en todo 2006, año récord de contratación.
El mercado de divisas tiene unas características muy particulares: 'Abre las 24 horas; no tiene una localización física y, por tanto, no es un mercado centralizado de operaciones; los compradores y operadores se encuentran en todas partes del mundo y se negocia a través de Internet, plataformas de inversión, terminales informáticas o por teléfono', resume la analista de Self Trade Paula González-Escalada.
La última encuesta del Banco de Pagos Internacionales (el banco central de los bancos centrales) refleja que el 86,3% de las operaciones tiene como moneda base el dólar. La hegemonía del billete verde parece resistir el paso del tiempo. En 1998, un año antes del euro, el dólar figuraba en el 87,3% de las transacciones.
PALABRAS CLAVE
Tipo efectivo. El tipo efectivo de cambio es la media del cruce de una moneda contra sus mayores socios comerciales. En euro-24 (los 14 socios de la UE que no están en la moneda única, más otros 10 países), el cambio es inferior a 1,10 unidades por euro.
'Carry trade'. Estrategia de inversión que consiste en vender una divisa con bajos de interés para comprar otra con un tipo de interés más elevado y capturar así el beneficio del diferencial entre los distintos tipos de interés.
Índice 'Big Mac'. Creado por la revista The Economist en 1986, es una forma pintoresca de comparar el poder adquisitivo entre distintas zonas. Mide el coste de adquirir un producto teóricamente homogéneo en todo el mundo: una hamburguesa Big Mac, de la multinacional McDonald's.
Forex. Es el mercado mundial de divisas. Fue creado en 1997 y actualmente es el mayor mercado financiero del mundo. Mueve diariamente 3,21 billones de dólares. Para hacerse una idea: 2,3 veces el PIB de España.
http://www.cincodias.com/articulo/D/eterno/viaje/ida/vuelta/mercado/monetario/cdspor/20071013cdscdicnd_2/Tes/
'Por cada actividad comercial, hay entre 10 y 15 actividades financieras', expone José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. 'Y para cualquier actividad comercial, recurrir al mercado monetario es imprescindible', enfatiza Anton Brender, responsable de análisis económico de Dexia Asset Management.
Unos datos ilustrativos: los cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) establecen que el 80% del petróleo que se produce en el mundo se extrae de regiones emergentes, mientras que las economías más avanzadas consumen casi el 60% de ese crudo. Esta dinámica ha hecho que los países de la OPEP vayan a ingresar este año más de medio billón de dólares por la exportación de oro negro. Pero ese dinero ya no sólo se dilapida en suntuosos palacios del jeque de turno, como antaño. Qatar y Dubai pugnan ahora por hacerse con el control de la Bolsa de Londres. y el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) calcula que las naciones del golfo Pérsico han invertido más de 540.000 millones de dólares en los últimos cuatro años en diversos activos de economías occidentales. En retorno, el flujo de inversión directa extranjera hacia países en desarrollo ascenderá este año a cifras récord de 550.000 millones, según el IIF.
Pero el ciclo no para, sigue en movimiento. Los datos divulgados por el Tesoro americano ponen de manifiesto que más del 40% de la deuda emitida por Estados Unidos está directamente en manos de países como China, Brasil, Argelia, Rusia o Polonia. En julio pasado, último mes del que se disponen datos, el flujo de capitales foráneos a EE UU superó los 100.000 millones; el déficit por cuenta corriente de todo el año asciende a 800.000 millones. El axioma que puso de moda el conocido largometraje Syriana (Warner Bross, 2005), 'Todo está conectado', se cumple de forma inapelable en el mercado de divisas.
Un lugar donde se ve con mucha claridad es en el tipo de cambio. La práctica totalidad de los países asiáticos, del golfo pérsico y también de América Latina tiene una vinculación con el dólar. Eso implica que esos Estados no pueden dejar de almacenar dólares para poder responder al tipo de cambio al que están sujetos. Y la mejor manera de atesorar dólares es comprar bonos denominados en esta divisa. La moneda estadounidense cumple así el papel que el oro desempeñó desde finales del siglo XIX y, en cierta medida, hasta la pasada década de los setenta, y EE UU se ha garantizado de esta forma una financiación constante de su endeudamiento.
'El riesgo consiste en qué sucedería si estos países se cansaran de tener dólares y comenzaran a venderlos en el mercado. Eso podría llegar a representar una debacle para la moneda americana', subraya Antonio Villaroya, jefe global de estrategia de tipos en Merrill Lynch. Basta con echar un vistazo a la distribución mundial de las reservas en divisas, la gran mayoría de ellas en dólares. China posee un 23,2% del reparto global, más de 1,33 billones; Rusia tiene más de 407.000 millones (un 7,4% del total); India, unos 239.900 millones (el 3,97%); Brasil, 162.550 millones (2,7%) y México, 73.240 millones (1,27%).
Se comprende así que, para desesperación de los agricultores y los trabajadores de las fábricas estadounidenses, la Casa Blanca no ponga demasiado énfasis en que economías como China revalúen de una vez por todas su moneda, devolviendo así la competitividad que han perdido los productos occidentales.
¿A quién le interesa que caiga el dólar?
Prácticamente a nadie, a excepción de los propios estadounidenses. El gasto de los ciudadanos americanos equivale a dos tercios de la economía. Y buena parte de ese consumo se satisface vía importaciones. Es decir, si China es la fábrica del mundo, EE UU es el supermercado. Eso es suficiente para figurarse lo que representa un dólar débil en el comercio exterior. Al mismo tiempo, muchos países verían mermado el valor de sus inversiones. Sin salirse de China, el gigante asiático posee casi 410.000 millones de dólares (un 80% de la capitalización total del Ibex 35) en bonos del Tesoro americano. Curiosamente, el país oriental es, a su pesar, el gran financiador de la burbuja inmobilaria. En julio pasado, China fue el mayor inversor individual del mundo en deuda hipotecaria de EE UU, con un importe neto superior a 2.520 millones.
'Un ajuste al alza del dólar sería bienvenido para economías que tienen infravalorada su moneda, puesto que pueden reducir el excedente de las balanzas de pagos, limitar la necesidad de intervenciones de sus bancos y enfriar la demanda doméstica en algunas cosas demasiado enérgicas, como ocurre en China', argumenta Rajeev de Mello, de Pictet Funds.
A quien tampoco interesa un dólar débil es al grupo de la zona euro. Los dirigentes comunitarios manifestaron la semana pasada su preocupación por la excesiva carrera que ha experimentado su divisa en las últimas semanas.
Las cuentas del euro
El cruce de la moneda de los Trece contra el billete verde alcanzó el pasado día 1 su máximo histórico, al llegar a situarse en 1,4282 dólares por unidad. El euro se ha encarecido un 7,7% desde enero y un 20% en el transcurso de los últimos dos años.
'Uno de los motores de la economía de la eurozona es la exportación. Con un euro más fuerte, las exportaciones se encarecen en términos relativos, frenando así el crecimiento económico', advierte Gustavo Trillo, director de inversiones para España y Portugal de JPMorgan Asset Management.
Expertos e inversores hacen cábalas de hasta dónde puede llegar la escalada de la divisa comunitaria. El gran catalizador en el corto plazo es la perspectiva sobre los tipos de interés. La reciente rebaja del precio del dinero en EE UU (del 5,25% al 4,75%) no sólo ha borrado de golpe medio punto de rentabilidad a los activos denominados en dólares, sino que apunta además hacia una economía en apuros, lo que desanima aún más la inversión. La presión bajista en EE UU cristaliza en el avance continuo del euro. ¿Por mucho tiempo?
'Parece que la trayectoria alcista del euro se está acercando a su final, pero las autoridades de la eurozona tiene una capacidad escasa para influir en ello. Las actuaciones verbales o efectivas podrían ser contraproducentes en ausencia de una improbable cooperación por parte de Japón o EE UU', asegura Simon Ward, economista jefe de New Star.
Los esfuerzos del Banco Central Europeo (BCE) dan fe de lo difícil que es domar al mercado. En los últimos dos meses, la autoridad monetaria ha inyectado liquidez al sistema por más de 500.000 millones de euros. La medida no ha evitado que la cotización del euro siga batiendo récords.
La cuestión es clara. Mientras en Europa los analistas discurren para dilucidar cuándo retomará el banco central la senda alcista de tipos (ahora al 4%), en el mercado de futuros de Chicago ya se descuenta para diciembre un descenso adicional por parte de la Fed. La moneda europea también avanza contra otros socios comerciales. Frente a Suiza, cuyos tipos están en el 2,75%, ha ganado un 3%; contra el Reino Unido (el precio del dinero es del 5,75%), se aprecia un 3,2% y en el caso de Japón (tasa de descuento al 0,5%), la ganancia es del 9%. Los ministros de Economía del G-7 (EE UU, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia, Canadá y Francia) se reúnen en Washington el próximo viernes 19 para discutir sobre la salud económica del mundo. Para entonces, la rueda eterna de las divisas ya habrá dado unas cuentas vueltas más.
Tener una moneda en auge ¿Cuáles son las consecuencias?
¿De qué manera afecta el encarecimiento del euro a la propia economía regional?
El consenso de analistas establece que una apreciación del 10% en el tipo de cambio del euro repercute en un descenso de un punto porcentual en el crecimiento de la eurozona a lo largo de dos años, con una especial incidencia en el segundo ejercicio. 'Mantener un euro alto reduce la capacidad de Europa de generar riqueza, ya que la convierte en un área geográfica menos competitiva', explica Paula González-Escalada, de Self Trade. Conviene recordar que la principal actividad de la eurozona es la exportación. Pero en la práctica este impacto no es tan fácil de precisar, puesto que intervienen multitud de matices. Por ejemplo: una moneda fuerte atrae inversiones extranjeras en toda clase de activos. Otro dato; el petróleo, que cotiza en dólares, ha subido un 95% en año y medio, pero su coste medido en euros sólo ha aumentado un 33%.
¿Hasta qué grado es perjudicial la apreciación contra el dólar?
Sigue siendo muy relevante, pero no tanto como en el pasado. EE UU ya no es el mayor socio del bloque. Reino Unido representa el 16% de las exportaciones del área euro, mientras que EE UU equivale al 14% y el resto está repartido entre diversos socios. 'Lo más relevante para la economía regional no es el cruce contra el dólar, sino el tipo de cambio efectivo; es decir, contra los principales socios comerciales', afirma Anton Brender, economista jefe de Dexia Asset Management. 'Una combinación ideal sería una ligera apreciación contra el dólar, que rebajaría la factura del petróleo, y depreciación contra el resto de monedas', sugiere Brender. Pero, claro, esa combinación perfecta es algo que en estos momentos no se está dando.
¿Qué factor está determinando la subida del euro?
En el corto plazo, la fuerza motriz de la apreciación es la expectativa sobre la evolución futura de los tipos de interés. Prueba de ello es que la moneda no se ha apreciado exclusivamente contra el dólar. En el último mes y medio, el euro ha ganado más de un 9% frente al yen japonés y más de un 3% contra el franco suizo y la libra esterlina.
¿Hasta dónde puede llegar el alza de la divisa?
Citigroup pronostica un cambio de entre 1,43 y 1,44 dólares por unidad a medio plazo. Merrill Lynch prevé un cruce estable para los próximos meses, pero reconoce hay más riesgos de una persistente apreciación que de lo contrario. Por análisis técnico, A&G Inversores da margen a la divisa comunitaria para llegar hasta 1,45 dólares. Sólo las declaraciones del BCE la semana pasada, suavizando las expectativas sobre el incremento del precio del dinero, permitieron moderar la senda apreciadora del euro. Ahora bien, debe quedar claro que acertar en la trayectoria de una moneda es harto complicado. 'La evolución está dominada por los flujos financieros, determinados por las decisiones de los inversores, guiados a su vez por sus expectativas sobre el tipo de interés', describe José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. 'Ser concreto sobre hasta dónde puede llegar una divisa es extremadamente difícil', corroboran desde Self Trade.
Abierto todo el día, todo el año
Nunca se echa el cierre. Así es el mercado de divisas, el único que puede arrogarse con derecho propio tener una dimensión planetaria. Es el mayor y el más líquido del mundo, con un volumen diario de negociación de 3,21 billones de dólares, el doble de lo que movió la Bolsa española en todo 2006, año récord de contratación.
El mercado de divisas tiene unas características muy particulares: 'Abre las 24 horas; no tiene una localización física y, por tanto, no es un mercado centralizado de operaciones; los compradores y operadores se encuentran en todas partes del mundo y se negocia a través de Internet, plataformas de inversión, terminales informáticas o por teléfono', resume la analista de Self Trade Paula González-Escalada.
La última encuesta del Banco de Pagos Internacionales (el banco central de los bancos centrales) refleja que el 86,3% de las operaciones tiene como moneda base el dólar. La hegemonía del billete verde parece resistir el paso del tiempo. En 1998, un año antes del euro, el dólar figuraba en el 87,3% de las transacciones.
PALABRAS CLAVE
Tipo efectivo. El tipo efectivo de cambio es la media del cruce de una moneda contra sus mayores socios comerciales. En euro-24 (los 14 socios de la UE que no están en la moneda única, más otros 10 países), el cambio es inferior a 1,10 unidades por euro.
'Carry trade'. Estrategia de inversión que consiste en vender una divisa con bajos de interés para comprar otra con un tipo de interés más elevado y capturar así el beneficio del diferencial entre los distintos tipos de interés.
Índice 'Big Mac'. Creado por la revista The Economist en 1986, es una forma pintoresca de comparar el poder adquisitivo entre distintas zonas. Mide el coste de adquirir un producto teóricamente homogéneo en todo el mundo: una hamburguesa Big Mac, de la multinacional McDonald's.
Forex. Es el mercado mundial de divisas. Fue creado en 1997 y actualmente es el mayor mercado financiero del mundo. Mueve diariamente 3,21 billones de dólares. Para hacerse una idea: 2,3 veces el PIB de España.
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viernes, 12 de octubre de 2007
Cómo nos metimos en el lío de las hipotecas de alto riesgo
Cómo nos metimos en el lío de las hipotecas de alto riesgo
Cuando empezaron a proliferar los casos de impago hipotecario a principios de este año, muchos expertos pensaron que el daño apenas se dejaría sentir en unas pocas entidades emisoras que se habían introducido en el negocio de las hipotecas "subprime" (de alto riesgo).
Pero la cosa no ha quedado ahí. El gasto en consumo se ha detenido, la crisis crediticia se ha propagado, el mercado de la vivienda está pasando por un bache y el mercado de valores ha recibido varios golpes.
La economía se encuentra tan amenazada que la Reserva Federal dejaba a un lado su eterna preocupación por la inflación y el 18 de septiembre bajaba los tipos de interés a corto plazo en medio punto por primera vez en cuatro años, esperando con ello evitar de algún modo entrar en recesión. En esta ocasión la Reserva Federal señalaba su preocupación sobre "el endurecimiento de las condiciones crediticias", que podrían acentuar la caída del precio y de la construcción de viviendas.
Hace seis u ocho meses, apenas ningún experto creía que la caída de las hipotecas subprime sería tan grave. "Mis peores pesadillas se han vuelto realidad. Se han propagado los efectos negativos en el resto de la economía", decía Susan M. Wachter , profesora de Activos Inmobiliarios y Finanzas de Wharton, durante una entrevista que se celebraba antes de que la Reserva Federal bajase los tipos. "No se esperaban daños ni tan intensos ni de tanta amplitud. Me sorprendió. Pero el hecho de que las cosas iban a acabar mal no fue una sorpresa".
No es la primera vez que caídas en el mercado hipotecario y de la vivienda causan problemas económicos, pero la situación actual es en cierto modo única, causando profundos cambios en estos mercados, explicaba Wachter. "En el pasado, este tipo de eventos habían provocado declives en la economía en su conjunto a través de crisis crediticias en el sector bancario. En caso de que suceda, esta sería la primera vez que se transmite a través de una crisis crediticia en el sector no bancario".
La raíz del problema de las hipotecas subprime radica en un nuevo tipo de prestamista surgido en los últimos años especializado en hipotecas y que opera al margen de las regulaciones que afectan a la banca tradicional. A mediados de los 70, instituciones tradicionales como las Sociedades de Ahorros y Préstamos (Savings and Loans) acaparaban casi el 60% del mercado hipotecario. Ahora dicho porcentaje se sitúa en el 10%. A lo largo de este mismo periodo la participación de los bancos comerciales ha pasado de ser prácticamente nula a cerca del 40%.
Muchos de los nuevos prestamistas se especializan en conceder crédito a acreedores que no cumplirían los requisitos establecidos para las hipotecas tradicionales, bien sea porque tener un bajo o nulo historial de crédito o de ingresos. Y han traspasado el riesgo a los inversores de todo el mundo que están dispuestos a comprar títulos con respaldo hipotecario que proporcionan mayor rendimiento que aquellos asociados a inversiones más seguras, como bonos del Tesoro estadounidense.
Los títulos con respaldo hipotecario se crean reuniendo miles de préstamos y creando una serie de bonos que traspasan los pagos del principal e intereses de los acreedores a los propietarios de los bonos. Normalmente las series de bonos conllevan diferentes niveles de riesgo, lo cual refleja la capacidad crediticia de los acreedores. Cuanto mayor sea el riesgo asociado a un bono, mayor su rendimiento, pero también será el primero en perder valor si los acreedores no cumplen con sus obligaciones de pago.
Muchas hipotecas subprime tienen tipos de interés ajustables: normalmente se modifican cada año añadiendo un margen fijo al tipo de referencia, como por ejemplo el interés a un año de los bonos del Tesoro estadounidense. Entre 2003 y principios de 2007, los tipos a un año de los bonos pasaron del 1,25 al 5%. En consecuencia, los acreedores ahora se enfrentan a fuertes incrementos de sus cuotas mensuales debido a la subida de los tipos. Esto ha causado una mayor presencia de casos de impago y por tanto de pérdidas entre los propietarios de los bonos.
"Las cosas van increíblemente deprisa, y han llegado a límites que no esperábamos", decía Wachter añadiendo que "están claro que nadie sabe quién es el propietario de la manzana envenenada" en referencia a los bonos de mayor riesgo. "El hecho de que estén tan dispersos ha hecho que las cosas empeoren, ya que son muchos los fondos de inversión están bajo sospecha".
En el nuevo artículo titulado " The Housing Finance Revolution" ("La revolución de las finanzas inmobiliarias") , Wachter cuenta la evolución del mercado de financiación de la vivienda en las últimas décadas, explicando cómo la tecnología, la desregulación, la globalización de los mercados financieros y un descenso generalizado a nivel mundial de los tipos de interés han sido los causantes de la crisis actual. Es coautor del artículo Richard K. Green, profesor de Finanzas y Economía de la Universidad George Washington.
Tour global de las hipotecas
Tal y como señalan Wachter y Green, a nivel mundial la tendencia ha sido alejarse del control gubernamental en el ámbito de las hipotecas e ir adoptando sistemas de financiación a través de los mercados de capital.
Por ejemplo, antes de la década de los 80, en el Reino Unido las hipotecas se gestionaban a través de "building societies" (cajas de ahorros), que estaban altamente reguladas y funcionaban en base a los ahorros de sus depositarios. Estas cajas ofrecían hipotecas a tipos de interés inferiores a los del mercado, protegiendo al mercado hipotecario de los cambios en los tipos. Todo esto cambió con la promulgación de la ley Building Society Act en 1986, que sentó las mismas reglas de juego para las "building societies" y los bancos comerciales. En el año 200 las "building societies" tan sólo acaparaban el 15% de las hipotecas, porcentaje que en 1980 era del 70%.
Muchos otros países europeos abrieron sus mercados hipotecarios a la competencia durante los 80. "Desaparecieron los sistemas altamente regulados y racionalizados y surgieron las finanzas modernas en temas de adquisición de vivienda, donde la financiación cada vez procedía en mayor medida de los bancos comerciales que basaban su funcionamiento en el mercado …" escriben Wachter y Green. "El resultado ha sido un extraordinario crecimiento de las hipotecas en toda Europa …".
La caída de los tipos de interés también contribuyó al boom de las hipotecas, permitiendo que más gente pudiese acceder a una vivienda. Desde 1980 hasta 2004, el tipo de interés medio de 13 países industrializados caía del 15 al 4,4 %, escriben Wachter y Green. Los bajos tipos de interés también permitieron que la gente pidiese prestada una cantidad superior, contribuyendo con ello al aumento del precio de la vivienda.
Los cambios han llegado incluso a las economías menos desarrolladas. Wachter y Green señalan que, hasta hace cinco o seis años, en Bangladesh se podía acceder a las hipotecas únicamente a través Housing Building Finance Corp. (BHBFC), entidad de propiedad estatal. Los burócratas concedían las hipotecas sin analizar mucho la capacidad de pago de los prestatarios, y normalmente se producían retrasos en el pago de las cuotas en el 20% de los casos, un porcentaje muy alto.
Hace unos pocos años el gobierno dejó de financiar al BHBFC, y ahora tres cuartos del mercado han caído en manos de instituciones privadas que emplean requisitos mínimos y otras técnicas habituales en la gestión de préstamos.
Asimismo, a pesar del alto nivel de sofisticación y su creciente tamaño económico, en Corea del Sur la concesión de hipotecas estuvo en manos del gobierno hasta mediados de los 90. Era difícil conseguir una hipoteca y normalmente sólo cubría una parte del coste de la vivienda. Después de la crisis financiera asiática de 1988 se pusieron en marcha reformas que introdujeron algunas características de economía de mercado y que impulsaron un rápido crecimiento del mercado hipotecario. No obstante el sistema sigue teniendo algunas características poco deseables. "Los préstamos normalmente tienen tipos de interés variable y cuotas en las que únicamente se pagan al principio intereses y después se amortiza el capital", escriben los autores. En lugar de confiar en los depósitos de los ahorradores para financiar las hipotecas, algunos responsables de las políticas de Corea creen que la solución pasa por la titularización, esto es, la creación de títulos con respaldo hipotecario que se puedan vender a los inversores.
Ése fue el enfoque adoptado la pasada década en Australia. Los prestamistas aterrizaron en el mercado a finales de los 90 porque podían pedir prestado dinero a muy bajo coste y dejarlo en forma de hipotecas aplicando tipos más elevados. Los títulos con respaldo hipotecario eran una buena inversión porque el nivel de morosidad de los prestatarios australianos era muy bajo. Y además se demandaban estos títulos por parte de los gestores de fondos de pensiones que disponían de grandes sumas para invertir después de que una ley de finales de los 80 obligase a los empleadores a dar pensiones.
Pago del principal y rescate gubernamental
Estados Unidos ha sido líder en el uso de la titularización en las hipotecas, pero se han necesitado décadas para desarrollar dicho sistema.
Antes de la década de los 30, en Estados Unidos las hipotecas se caracterizaban por tener tipos de interés variables y pagos iniciales de al menos el 50%; los propietarios de las viviendas normalmente renegociaban sus préstamos cada 12 meses. Las cuotas mensuales cubrían únicamente los intereses, y normalmente se empezaba a pagar el principal después de transcurridos menos de cinco años. La mayoría de los préstamos eran financiados por Savings and Loans, entidades que operaban en base a los depósitos de los ahorradores, o por bancos hipotecarios que utilizaban financiación de las empresas de seguros.
A medida que aumentó el desempleo durante la Recesión, muchos propietarios de viviendas no podían hacer frente al principal, provocando una oleada de ventas y ejecuciones hipotecarias. El gobierno federal intervino, creando la Federal Housing Administration (Fannie Mae) para asegurar las hipotecas a largo plazo, y la Home Owners Loan Corporation para vender bonos garantizados por el gobierno para adquirir hipotecas en dificultades. Este fue el comienzo de la titularización, que es una característica fundamental del mercado hipotecario actual; el riesgo de dejar dinero se traspasa a los que invierten en bonos con respaldo hipotecario en lugar de permanecer en manos de las instituciones que conceden los préstamos.
Básicamente, el gobierno rescató a los propietarios de viviendas sustituyendo sus viejas hipotecas por préstamos a 20 años con tipos fijos que sí se podían permitir. Los prestatarios ahora podían pedir casi todo el dinero que necesitaban para comprarse una vivienda, y en lugar de pagos integrales del principal, ahora el principal se amortizaba gradualmente.
Bajo este sistema, las entidades Savings and Loans eran la principal fuente hipotecaria en los 70, estaban muy regulados y contaban con un seguro federal. El gobierno fijó máximos para los tipos de interés a abonar a los ahorradores, y los préstamos concedidos por los Savings and Loans se reservaban a las hipotecas. La mayoría de las hipotecas tenían tipos fijos. En 1968 Fannie Mae se dividió en The Government National Mortage Association, o Ginnie Mae, y la nueva Fannie Mae, que ahora pasaba a ser privada y podía comprar y vender hipotecas no respaldadas por el gobierno.
El sistema funcionó muy bien mientras los tipos de interés a corto plazo pagados a los depositarios o ahorradores fueron inferiores a los tipos que se cobraban a los acreedores. Pero a finales de los 70 los tipos de interés crecieron y la situación cambió radicalmente: los tipos a corto plazo superaban a los tipos a largo. Muchos Savings and Loans se declararon insolventes porque estaban pagando más por pedir prestado dinero de lo que recibían gracias a los préstamos a largo plazo con tipo fijo que habían concedido previamente. Este tipo de riesgo puede evitarse emitiendo hipotecas de tipo variable, pero el gobierno federal había bloqueado dicha opción para proteger a los propietarios de viviendas en caso de que los tipos subiesen.
En respuesta a la crisis de los Savings and Loans, en 1980 el Congreso derogó la regulación que obligaba a tener un techo máximo para los tipos abonados a los ahorradores, ayudando a los Savings and Loans a competir con los relativamente nuevos fondos del mercado de dinero por los depósitos necesarios para conceder préstamos. Asimismo se eliminó la prohibición de las hipotecas con tipos ajustables.
La tecnología y los avances académicos también contribuyeron a la evolución del mercado. A finales de los 70, el sector hipotecario y los inversores que compraban y vendían sus títulos empezaron a utilizar ordenadores cada vez más potentes para analizar precios y riesgos de un modo similar a cómo los inversores sofisticados analizan los mercados de opciones. Así pudieron predecir mejor el número de prestatarios que no harían frente a sus pagos si los intereses subían, y cuántos refinanciarían si los tipos caían, acontecimientos ambos que pueden socavar el valor de los títulos con respaldo hipotecario.
Los 90 fueron testigos del desarrollo de títulos "private label" emitidos por bancos comerciales y otras entidades que en general no tenían por qué cumplir las regulaciones a las que estaban sometidos los bancos ordinarios. Estos títulos eran similares a los títulos con respaldo hipotecario vendidos a inversores por entidades con autorización gubernamental como Fannie Mae, pero no disfrutaban de las mismas garantías implícitas del gobierno: los inversores no estarían protegidos en caso de morosidad.
En un principio los títulos "private level" tan sólo incluían hipotecas primarias emitidas para prestatarios de bajo riesgo, pero luego los prestamistas los empezaron a utilizar para respaldar grandes préstamos que los prestamistas gubernamentales autorizados no tenían permitido hacer. Por último, los prestamistas los emplearon para respaldar las hipotecas subprime de acreedores con un escaso historial crediticio y los préstamos Alt-A con acreedores de menor riesgo que los del mercado subprime pero mayor riesgo que los del primario".
Mientras, los préstamos Alt-A y las hipotecas subprime crecían; según Wachter y Green, en 2003 suponían el 41% del mercado privado (valorado éste en 586.000 millones de dólares) y en 2005 superaba el 76% de dicho mercado (que alcanzaba los 1,2 billones de dólares). Los inversores estaban dispuestos a comprar estos títulos porque los altos tipos aplicados a los acreedores de mayor riesgo significaban un mayor rendimiento de los títulos con respaldo hipotecario.
"Durante un tiempo los mercados de capital parecían estar dispuestos a asumir cualquier tipo de riesgo siempre y cuando a cambio se obtuviesen altos rendimientos", escriben Watcher y Green. Pero se comprendían muy poco los riesgos crediticios –el riesgo de que los acreedores dejen de abonar sus pagos-, en el nuevo y creciente mercado. Muchos préstamos subprime básicamente no tenían suscripción, y no se disponía de datos suficientes como para estimar el riesgo de morosidad en las hipotecas subprime".
Debido a la subida del precio de la vivienda entre 1997 y 2005, los propietarios con dificultades financieras podían vender fácilmente sus casas por más de lo que debían, evitando los casos de impago. Durante este periodo por tanto no se percibió señal alguna sobre qué podría ocurrir si el precio de la vivienda dejaba de crecer o incluso caía mientras los tipos de interés crecían, dejando a los propietarios atrapados en unas altas cuotas, situación que ha empezado a vivirse en el último año.
Sin carne en el asador
Los permisivos estándares en la concesión de créditos que se aplicaron la pasada década fueron los causantes de un tremendo boom hipotecario; la deuda hipotecaria de los estadounidenses duplicaba en 1997 los niveles de 2005, un periodo en que el PIB creció sólo un 50%, explican Wachter y Green. En 2005 las hipotecas subprime suponían el 22% de los nuevos préstamos, porcentaje que en 2003 apenas alcanzaba el 8%; y en 2004 más del 30% de las hipotecas eran de tipos variables, cifra que en 2001 se situaba en el 10%.
"Al mismo tiempo, el mercado subprime desarrolló nuevos productos que no habían existido previamente en el mercado", escriben Wachter y Green. Estos productos eran por ejemplo los préstamos 2/28 y 3/27, que eran préstamos a 30 años pero con ajustes anuales de los tipos después de los primeros dos o tres años respectivamente y que incluían fuertes penalizaciones, haciendo prohibitivo que los acreedores consiguiesen refinanciación cuando sus cuotas se disparaban. Es más, estos productos se concedían a los interesados aunque tal vez no pudiesen hacer frente al incremento de las cuotas si los tipos se ajustaban al alza.
"Aparentemente el error que cometió el sector fue ofrecer un precio inferior en los primeros años del préstamo para así atraer al mercado a posibles clientes con la esperanza de recuperar su inversión en los años posteriores", escriben Wachter y Green. "Intentaron asegurar el paso a la segunda etapa –con tipos superiores- utilizando fuertes penalizaciones en caso de amortización anticipada. Los datos muestran que la estrategia no funcionó".
Muchos prestamistas no comprendieron que sus cuotas mensuales subiesen si los tipos de interés aumentaban. "Incluso en circunstancias ideales, explicar los verdaderos costes y riesgos a prestamistas bien informados es bastante complicado; con un prestamista que no sea precisamente un experto en finanzas resulta prácticamente imposible".
Los inversores que compraron títulos respaldados por préstamos subprime aparentemente tampoco habían comprendido los riesgos. "Las entidades que concedían las hipotecas tenían poderosos incentivos para crear préstamos independientemente de su calidad: cada hipoteca que se firmaba con éxito y se vendía a un inversor generaba un beneficio para ellas". Estas empresas a menudo aseguraban a los inversores que los préstamos cumplían determinados estándares mínimos, y a menudo prometían que su comportamiento sería bueno en caso de morosidad. Pero no contaban con capital para respaldar dichas promesas.
Resulta sorprendente por qué los inversores no comprendieron esto, dicen Wachter y Green. Tampoco parecieron comprender los riesgos inherentes al mercado de la vivienda; los precios ya habían caído en más de una ocasión en varias regiones de Estados Unidos.
En opinión de Wachter y Green, los datos de Estados Unidos y de otras partes del mundo claramente muestran que cuando un sistema hipotecario basado en el mercado sustituye a un sistema controlado por el gobierno, la gente sale en general beneficiada: es más fácil conseguir un préstamo y el porcentaje de propietarios de viviendas aumenta. Los inversores también se benefician, ya que acceden a nuevos tipos de títulos. Sin embargo, explican, no están claro cuál es el mejor modo de proporcionar financiación al mercado, si a través de los depósitos de los ahorradores, bonos garantizados por el gobierno o títulos no garantizados.
No obstante, Wachter y Green sostienen que no existe modo alguno de evitar que se puedan volver a repetir los recientes problemas del mercado subprime: asegúrate que las empresas que generan los préstamos siguen participando en un porcentaje importante en los préstamos, incluso después de haber sido titularizados y vendidos a los inversores.
Esto podría hacerse obligando a que dichas entidades mantengan suficiente financiación en sus manos para cubrir una parte de las pérdidas de los inversores en caso de morosidad de los acreedores como consecuencia de unos tipos más altos que los esperados. "El problema es que las entidades que emiten los préstamos no tienen carne puesta en el asador, o que no se sabe muy bien si la tienen o no", decía Wachter. "Deberían explícitamente informar de lo que hacen".
Publicado el: 10/3/07
Temblores en el mercado hipotecario secundario: ¿se avecina un terremoto?
El constante goteo que hubo durante meses de noticias sobre problemas en el mercado hipotecario secundario (ó subprime market) en un principio no parecía muy preocupante: una consecuencia natural para prestamistas, deudores e inversores, los cuales deberían saber que los créditos con altos tipos de interés concedidos a gente de poca solvencia son arriesgados.
Durante ese mismo periodo, muchos economistas empezaron a respirar tranquilos tras llegar a la conclusión de que el sobrecalentado mercado de la vivienda de los últimos años no se había convertido en la burbuja lista para explotar que muchos se habían temido. Los precios de la vivienda se están estabilizando y no se observan grandes caídas.
Sin embargo, ahora algunos expertos se preguntan si dichas señales de alivio no fueron algo prematuras, en especial a la luz de los problemas experimentados recientemente por uno de los grandes bancos del mercado hipotecario secundario, el británico HSBC Holdings. Algunos incluso sugieren que los crecientes casos de impago entre los deudores en el "agresivo mercado crediticio" -que incluye varios tipos de hipotecas de alto riesgo así como los créditos secundarios-, podrían acabar afectando al mercado de la vivienda y al final a toda la economía. Muchos de estos deudores están pagando intereses del 10-12%, cifra que en los préstamos "primarios" ó estándar se sitúa entre el 6 y el 8%, y las infracciones están aumentando.
"Es un hecho consumado que ya hemos perdido cerca de un punto porcentual de crecimiento económico debido al retroceso del mercado de la vivienda", dice la profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton Susan M. Wachter. Un retroceso después de muchos años de subida de precios impulsada por el dinero fácil ha provocado que muchos economistas revisen a la baja las predicciones de crecimiento de este año, que pasaría del 4 al 3%, añade Wachter.
Las cosas podrían incluso empeorar, advierte. Si los tipos de interés suben, cada vez habrá más propietarios de viviendas afectados por préstamos con tipos variables firmados en los últimos años que se verán obligados a poner a la venta sus viviendas. Semejante avalancha también deprimiría los precios de las viviendas adquiridas con préstamos estándar. Si el valor de las viviendas permanece constante e incluso baja, los propietarios ya no podrán utilizar la refinanciación para convertir sus activos en efectivo, reduciéndose a su vez por tanto el gasto en consumo. La caída en la construcción y la venta de viviendas persistiría. "Podríamos tener una recesión causada por la vivienda", dice Wachter. Si sucede, podría dar comienzo en la segunda mitad de 2007 o en el año 2008 si los tipos de interés siguen subiendo.
Otros piensan que la economía estadounidense podría perfectamente hacer frente a este problema. "Soy una especie de pesimista optimista", dice Jack M. Guttentag, profesor emérito de finanzas de Wharton. Guttentag espera que los precios de la vivienda fluctúen sin rumbo fijo durante dos o tres años sin experimentar caídas. Pero el futuro es incierto, añade, porque muchos de los préstamos de alto riesgo ya han alcanzado el límite durante el reciente periodo de subida de precios de la vivienda. "El incremento de los precios de la vivienda actúan como contrapeso a todo tipo de problemas", señala. "Suelen reducir los casos de impago y ejecuciones hipotecarios que de otro modo ocurrirían, ya que la gente que empieza a tener dificultades descubre que lo mejor que puede hacer es vender su casa y conseguir algo de efectivo.
Información de riesgos incompleta
En un informe de mediados de febrero titulado "Will the Subprime Meltdown Trigger a Credit Crunch?" ("La crisis en el secundario ¿desencadenará una catástrofe crediticia?"), el analista Richard Berner, de Morgan Stanley, opina que la respuesta a dicha pregunta es un rotundo No, describiendo una catástrofe crediticia como una situación en la que "prestamistas niegan incluso a los prestatarios de bajo o nulo riesgo el acceso al crédito". Muchas empresas especializadas en préstamos secundarios –esto es, calificaciones por debajo de 620-, se hundirán, explica, pero la hojas de balance de los prestamistas primarios son fuertes y Berner espera que continúen concediendo préstamos y sosteniendo la salud de la economía. (Los créditos se califican con un ranking que va de 300 a 850; cualquier puntuación por encima de 700 es buena y por debajo de 600 se consideran de alto riesgo).
Nadie sabe cómo acabarán siendo las cosas en el futuro, pero de lo que no hay duda es que los cambios en los préstamos hipotecarios han generado riesgos que son imposibles de evaluar con precisión. Wachter señala que el uso intensivo de préstamos agresivos es un fenómeno tan nuevo que los datos que emplean prestamistas e inversores en sus modelos de riesgo están incompletos. "Existe la posibilidad de que haya errores en el modelo. Los modelos no se han probado en un mercado secundario".
La hipoteca clásica aplica un tipo de interés "fijo" que permanece constante durante el periodo de vida del préstamo, normalmente 30 años. Tras firmar los papeles de la hipoteca, las cuotas mensuales del propietario no cambian, lo cual facilita su pago a medida que los ingresos del prestatario suben de acuerdo con la inflación. En general, el valor de las viviendas también va subiendo, así que el prestatario podría venderla en cualquier momento por un precio superior a lo que debe.
Pero esta situación ha cambiado drásticamente en los últimos años. Wachter estima que prácticamente dos tercios de todos los préstamos hipotecarios emitidos desde 2003 son lo que ella denomina "agresivos". Para los prestatarios, para los prestamistas e inversores en valores con garantía hipotecario conllevan riesgos que no existen en los préstamos convencionales. Además de los préstamos secundarios, se incluyen en esta categoría los préstamos en los que el prestatario paga únicamente intereses, no el principal. También se incluyen los préstamos de amortización negativa –aquellos en los que el prestatario paga menos intereses de los que le corresponderían y la diferencia se añade a la deuda pendiente-, y los préstamos en los que no es necesario realizar pagos -o de una cuantía insignificante-,ni demostrar el nivel de ingresos.
Según datos aportados durante una reunión reciente del Senado sobre préstamos agresivos, los préstamos secundarios, la categoría de mayor riesgo dentro de los préstamos agresivos, pasaron de 150.000 millones de dólares en 2000 a 650.000 millones de dólares en 2005.
Varios son los factores responsables. Uno de ellos es la Ley Community Reinvestment Act de 1977, que ilegalizó la discriminación y obligó a los bancos a conceder préstamos a las comunidades pobres que previamente habían evitado, explica Kenneth Thomas, profesor asociado de Wharton. En los 90, el Congreso y la Administración Clinton fomentaron políticas para promover la propiedad de la vivienda, alcanzándose en la actualidad cifras récord en la historia de Estados Unidos del orden del 69%.
"Se desarrolló un clima regulador –que todavía existe hoy en día-, que favoreció estos préstamos", sostiene. Existe una diferencia entre préstamos secundarios para la gente merecedora de hipotecas que sin embargo no tiene acceso a ellas, y los préstamos agresivos, que consisten en conceder a la gente préstamos que en el fondo no se pueden permitir. "Los préstamos secundarios son buenos; los préstamos agresivos no".
Otro factor explicativo fue el trabajo de académicos y prestamistas, que descubrieron que muchas personas que habían obtenido calificaciones excesivamente bajas según el ranking no tenían tanto riesgo como se pensaba. En los 80 y 90 los prestamistas "empezaron a aprender como contrarrestar los diferentes factores de riesgo entre ellos", dice Guttentag. "Unos tipos se dieron cuenta de que se podía ganar mucho dinero ofreciendo préstamos a una categoría de compradores que nunca lograría superar los criterios mínimos de acceso al crédito; podían cobrar tipos muy altos para cubrir el riesgo y obtener enormes beneficios.
Según Wachter, sus investigaciones mostraban que mucha gente que no cumplía esos requisitos mínimos de hecho estaba pagando más en alquiler de lo que pagarían en caso de tener una hipoteca. Para muchos inquilinos, el obstáculo para acceder a la propiedad de una vivienda no era la cuantía de las cuotas mensuales, sino el pago inicial del 10-20% del coste de la vivienda. En los 90 los prestamistas empezaron a resolver el problema con préstamos con cuotas mensuales muy bajas y concediendo vistos buenos para acceder a los préstamos adoptando un enfoque informático más científico para juzgar la capacidad crediticia de los solicitantes, explicaba Wachter.
El factor explicativo final fue la vertiginosa expansión en los 90 de la "transformación en títulos" de los activos o titulización, concretamente la conversión de préstamos hipotecarios en valores similares a los bonos que podían comprarse y venderse en el mercado secundario. Esto permitió a los prestamistas conseguir préstamos más allá de su propio negocio y así poder conceder más.
Fannie Mae y Freddie Mac, prestamistas cuasi-gubernamentales, llevan desde hace tiempo vendiendo valores con garantía hipotecaria, pero el resto de empresas debían ceñirse a la concesión de préstamos primarios. En cuanto otros prestamistas se dieron cuenta de que se podía ganar dinero con los deudores secundarios, empezaron a transformar estos préstamos en valores. "A mediados de los 90 nacieron los valores con garantía hipotecaria privados, en contraposición a las empresas cuasi-públicas que contaban con la garantía del gobierno", dice Wachter.
En 2003, Fannie y Freddie adquirían y relanzaban cerca del 70% de los préstamos que habían acabado en el mercado secundario. A finales de 2006, dicha cifra había bajado al 40%, reflejando el hecho de que había otros prestamistas que también se habían introducido en el negocio.
Aunque estos valores conllevan mayores riesgos, son populares entre los fondos especulativos de alto riesgo – hedge funds-, y otros inversores porque estos prestamistas secundarios pagan mayores tipos de interés que los estándar, frecuentemente 3, 4 o 5 puntos porcentuales más. Esto ha hecho que en los últimos años los valores secundarios sean especialmente atractivos, ya que los tipos de interés de muchos valores de renta fija han languidecido hasta establecerse en cifras de un solo dígito.
Para que los brokers estén interesados en ofrecer estos préstamos tan rentables, los prestamistas normalmente les ofrecen comisiones del 3% del valor del préstamo, porcentaje que apenas supera el 1% en los préstamos convencionales, explica Guttentag. "Muchos brokers simplemente se especializan en préstamos secundarios".
Escalada de los tipos
Varios estudios muestran que los préstamos secundarios se han introducido con fuerza en las comunidades más pobres, y frecuentemente se dirigen a personas que de hecho podrían acceder a préstamos estándar con mejores términos.
Las cosas iban bien en el sector de los préstamos secundarios hasta que la Reserva Federal empezó su carrera de escaladas –17 en total- de los tipos de interés a corto plazo en el verano de 2005; los tipos subieron del 1 al 5,5%. Cuatro de cada cinco préstamos secundarios son de tipo variable; después del primer o segundo año se tienen que ajustar cada 12 meses a medida que fluctúan los tipos de interés a corto plazo. Como consecuencia de las subidas practicadas por la Reserva Federal, las cuotas mensuales de los propietarios de viviendas que firmaron sus préstamos en 2005 aumentaron entre el 30 y 50%, provocando entre muchos de ellos retraso en los pagos. "Nada de esto sería un problema si la Reserva Federal no hubiese incrementado los tipos 17 veces", dice Thomas.
Cerca del 70% de los préstamos secundarios contienen comisiones por amortizaciones anticipadas que encarecen la posibilidad de que los propietarios refinancien sus deudas con préstamos convencionales a plazo fijo, que conllevan un interés menor. Como el precio de la vivienda se ha estabilizado o hasta cae en los barrios más pobres, que es donde los préstamos secundarios son más habituales, incluso a esos propietarios que se pueden permitir las comisiones por amortización anticipada les resulta imposible conseguir nuevos préstamos de la cuantía suficiente para cubrir los viejos.
Resultado: cada vez hay más impagos e infracciones. Según Bernar de Morgan Stanley, a finales de 2003, cerca del 7% de los préstamos secundarios se encontraban en fase de ejecución hipotecaria o con infracciones graves, como impagos de al menos 90 días. A finales de 2006, la cifra había subido hasta el 12,6%. Para el conjunto de hipotecas la cifra es 1,4%. Aunque la Reserva Federal dejó de subir los tipos el pasado mes de agosto, Watcher señala parte de las consecuencias negativas de las subidas está por venir, ya que muchos de los préstamos ajustables todavía mantienen los tipos iniciales.
La Mortgage Bankers Association explica que en 2007 tendrán que ajustarse entre 1,1 y 1,5 billones de dólares en hipotecas de tipo variable, pero asimismo espera que cerca de la mitad sean refinanciados, de tal modo que los prestamistas no sufran incrementos en las cuotas. Cerca del seis por ciento de todos los propietarios tienen préstamos secundarios con tipos ajustables. "Creo que las cosas todavía pueden ir a peor, y tendrán que empeorar más antes de que empiecen a mejorar", dice Thomas.
Los préstamos agresivos permitieron que la gente comprase su vivienda -de modo contrario no podrían haber accedido a la propiedad-, y el incremento de la demanda es en parte el motivo por el que los precios de la vivienda aumentaron en la primera mitad de la década. En un artículo de 2006 titulado "Aggressive Lending and Real Estate Markets" ("Préstamos agresivos y mercados inmobiliarios"), Wachter y el coautor Andrev Pavlov, de la Universidad Simon Fraser, llegaban a la conclusión de que los barrios y ciudades que tenían altas concentraciones de préstamos agresivos sufrían los mayores descensos en los precios de la vivienda en cuanto el mercado se enfriaba.
Wachter y Pavlov se centraron en barrios en los que una gran parte de las hipotecas eran de tipos de interés ajustable. "Por cada hipoteca adicional con tipos ajustables en 1990 –concretamente por cada 1% adicional- se producía un descenso en los precios de la vivienda del 1,3% en ese barrio", escriben los autores. Este es un descubrimiento siniestro para los barrios del entorno urbano en los que prevalecen los préstamos agresivos. Según Wachter y Pavlov, los mercados de mayor riesgo están en Florida, Arizona, el distrito de Columbia, Nevada, California, Illinois y Utah.
Problemas en estas áreas, ¿acabarán afectando al resto de la economía nacional? Aunque a Wachter le preocupa dicha posibilidad, Thomas no cree que vaya a ser posible. Los bancos y otros prestamistas que no están especializados en préstamos secundarios parecen gozar de muy buena salud. "No veo la llegada de ese Día del Juicio Final ya que los mercados financieros están muy fuertes", dice Thomas añadiendo que los excesos ya han sido compensados, pues los prestamistas, bajo la presión de las regulaciones estatales y federal han endurecido los criterios para la concesión de créditos, ofrecen periodos más largos y piden la justificación de ingresos.
Cientos de miles de millones de dólares en valores basados en préstamos agresivos han sido vendidos en los mercados secundarios, y seguro que algunos inversores van a sufrir en caso de impago por parte de los propietarios de las viviendas. La seriedad de este problema se ha reflejado claramente en algunas historias recientes en las que los inversores presionaban a los prestamistas para recomprar dichos valores.
La mayoría de los expertos creen que la titulización de activos normalmente funciona para reducir el riesgo en el mercado, ya que el intercambio de estos valores permite a los prestamistas transferir el riesgo desde los hombros de los inversores a alguien que sea capaz de soportarlo. Se cree que los fondos especulativos de alto riesgo constituyen uno de los principales inversores en valores basados en préstamos secundarios y agresivos, pero nadie lo sabe a ciencia cierta.
La titulización, dice Guttentang, "diversifica el riesgo", pero "no sabemos en manos de quién o quiénes están dichos valores".
Uno de los principales protagonistas de los préstamos secundarios, HSBC Holdings, anunciaba a principios de febrero que las "malas deudas" habían ya superado en 2006 los sorprendentes 10.500 millones de dólares, un dato que podría hacer temblar de miedo al sector. "¿Sabemos de la existencia de casos similares?", pregunta Wachter. "Lo desconocemos".
Publicado el: 3/7/07
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Las hipotecas arriesgadas, un arma de doble filo
El trato es el siguiente: compras la casa de tus sueños y durante los primeros años no devuelves principal, tan sólo pagas intereses. De este modo, los pagos mensuales de tu inmueble serán inusualmente bajos y respirarás un poco más aliviado. O mejor aún, si eliges una de nuestras hipotecas con opciones pagarás todavía menos...
Éste es el modo en que se anuncian las últimas modalidades hipotecarias con tipos variables. Con nombres tan variopintos como Interest-Only ("sólo intereses"), OptionARM y Pick-a-Payment ("elige la mensualidad"), estos productos ofrecen a los prestatarios mensualidades bastante inferiores a las que tendrían que pagar en un préstamo tradicional con tipos variables o fijos. Según varios estudios, estos arriesgados productos representan la mitad de las nuevas hipotecas firmadas este año, cifra que en 2001 no superaba el 10%.
Sin embargo, tienen un inconveniente: es muy probable que los pagos mensuales se disparen dentro de unos pocos años, siendo el incremento para algunos prestatarios de cientos de dólares al mes. En los casos más extremos la deuda podría incluso aumentar con el tiempo, en lugar de disminuir.
¿Qué factores explican el comportamiento de este mercado? Y, más importante, estos préstamos ¿son en realidad bombas de relojería que podrían colapsar los mercados financieros y la economía si un incremento en los tipos de interés o una caída del valor de la vivienda generase una avalancha de impagos? A principios de los 90 la economía japonesa se vio torpedeada por una aluvión de préstamos hipotecarios impagados y el país todavía no se ha recuperado totalmente.
"La pregunta es: ¿podríamos encontrarnos en Estados Unidos en esta situación? Está claro que no", afirma la profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton Susan M. Wachter . No obstante, estos préstamos están contribuyendo a elevar el precio de la vivienda, sentando las bases para que se produzcan cambios bruscos que podrían agravar los efectos de la próxima recesión. "Es indudable que con estos nuevos instrumentos nos movemos en territorio desconocido. No hay precedentes".
Prestatarios "de segunda"
Algunas de las hipotecas sólo intereses existen desde hace varias décadas y solían ser empleadas por prestatarios con elevado poder adquisitivo que eran lo suficientemente sofisticados y disciplinados como para encontrar usos rentables alternativos para el dinero que se ahorraban en las mensualidades. Pero en la actualidad estos productos van dirigidos simplemente a toda persona que desee comprarse una vivienda, y en muchos casos a prestatarios de segunda a los que en las condiciones previas no se les habría concedido un préstamo estándar.
Aunque los términos pueden variar, el prestatario de una hipoteca sólo intereses normalmente no amortiza principal durante los primeros cinco, siete o diez años. Transcurrido este tiempo, el tipo de interés se revisa anualmente en función del tipo de referencia y comienza la devolución del principal. En una hipoteca tradicional de tipo fijo a treinta años por un importe de 100.000 dólares al 5,75%, las mensualidades serían aproximadamente de 600 dólares. Con una hipoteca sólo intereses se pagarían alrededor de 500 dólares al mes, ya que no habría devolución del principal. Gracias a estos pagos de menor cuantía, el propietario de la vivienda puede pedir un préstamo por un importe superior que con un préstamo tradicional.
El prestatario tradicional empieza a devolver principal desde que paga su primera mensualidad, cosa que no ocurre cuando se solicita una hipoteca sólo intereses. Como dentro de, por ejemplo, 10 años quedará más deuda por devolver, pagará más en concepto de intereses de lo que en ese momento pagaría con un préstamo tradicional al mismo tipo de interés. Y una vez que comience la devolución del principal, los pagos serán más elevados con una hipoteca sólo intereses porque quedarán menos años para saldar la deuda.
Como el tipo de interés podría ajustarse al alza después del periodo inicial en el que sólo se pagan intereses, la mensualidad podría dispararse. Es fácil que un préstamo que comenzó con 500 dólares al mes aumente hasta 700 dólares o incluso el 40%. Es posible que algunos prestatarios no puedan soportar esta carga.
Los préstamos con opciones son similares, salvo porque el propietario de la vivienda tiene cada mes la posibilidad de elegir entre cuatro opciones de pago. El pago completo incluye tanto intereses como principal, igual que un préstamo tradicional. El prestatario también puede hacer un pago de cuantía superior , de tal forma que la cantidad "extra" se dedica a amortizar el principal y así devuelve más rápidamente el préstamo. La tercera opción consiste en pagar sólo los intereses.
Y por último, existe la opción llamada pago mínimo, que ni siquiera cubre todos los intereses. Los intereses no abonados se añaden a la deuda, incrementando la cantidad pendiente de devolución. Un prestatario que elija habitualmente esta opción de "amortización negativa" podría acabar en una situación en la que debe más de lo que había pedido prestado en un principio. Con cada una de estas cuatro opciones los tipos de interés se ajustan regularmente, de forma que los intereses a pagar aumentan si los tipos suben.
"Como los tipos de interés han permanecido bajos, tanto constructores como prestamistas tratan continuamente de incrementar la posibilidad de tener una vivienda en propiedad", afirma Lynn B. Sagalyn, profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton . Las hipotecas exóticas permiten que los bancos lleguen a clientes "a los que de otra forma les sería imposible participar en el mercado debido a la increíble escalada en el precio de la vivienda".
La competencia entre las entidades crediticias ha propiciado la concesión de préstamos a personas con situaciones financieras nada sólidas, y ahora los prestatarios pueden hacer pagos de sólo el 5% o el 10% -y en ocasiones incluso el 0%-, cuando lo habitual hace no muchos años era el 20%. "Cuanto más nos adentramos en el grupo de lo que denominamos prestatarios marginalmente elegibles, más riesgos asumen" tanto prestamistas como prestatarios, señala Sagalyn. "Es una especie de bomba de relojería."
Hipotecas de tipo variable y revisable
Comparadas con las hipotecas sólo intereses y las hipotecas con opciones, las tradicionales de tipo variable revisable anualmente parecen algo conservadoras. Con estas hipotecas el prestatario normalmente consigue un tipo más bajo durante los primeros 12 meses. A partir de entonces el tipo se revisa anualmente en función de las condiciones del mercado. La cantidad a pagar puede por tanto variar cada 12 meses. Pero una parte de cada pago se dedica a amortizar el principal, como en las hipotecas tradicionales de tipo fijo. Como los tipos de interés pueden variar, con estas hipotecas se asume más riesgo que con las de tipo fijo, aunque no tanto como con las hipotecas sólo intereses o con opciones. Las hipotecas donde los tipos son variables y se revisan anualmente son cada vez más frecuentes. En los dos últimos años cerca de un tercio de las nuevas hipotecas firmadas fueron de éste tipo, explica Todd M. Sinai , profesor de Propiedad Inmobiliaria de Wharton. "Ahora son muy habituales", afirma señalando que en 2001 tan sólo el 12% eran hipotecas de tipo variable, pero a finales de los 80 suponían el 50%.
Las tasas de impago de estas hipotecas de tipo variable nunca han supuesto un problema serio, añade Sinai. Para la gente pagar la hipoteca suele ser una prioridad. Y dado que el precio de la vivienda ha seguido creciendo y aquellos que han pedido una hipoteca de interés variable han empezado a reducir su deuda desde el primer pago, si se encuentran con problemas de liquidez pueden normalmente vender su propiedad por más de lo que deben. "El grado de utilización de las hipotecas de tipo variable no es en sí mismo algo de lo que nos debamos preocupar. No creo que supongan tanto riesgo como parece".
Según Sinai, para que un préstamo no se pague se tienen que dar unas condiciones muy particulares: el tipo de interés sube y se eleva el importe mensual de la hipoteca; los ingresos del propietario caen y ya no puede cubrir una mensualidad mayor; cae el precio de la vivienda, que ya no se puede vender por suficiente dinero como para cubrir la deuda. Sin embargo, el uso generalizado de los préstamos sólo intereses y con opciones es tan novedoso que nadie sabe lo que ocurrirá si aumentan los tipos de interés y la economía se estanca. "Los bancos realmente no saben qué riesgos están asumiendo porque no se ha dado suficiente importancia a estos aspectos".
Éste es uno de los factores que preocupa a Wachter. "No tenemos suficientes datos del pasado para contrastar la probabilidad de impago de estos instrumentos, ya que son demasiado nuevos". Además, afirma Watcher, a mediados de los 90 los prestamistas comenzaron a emplear procesos automatizados para conceder o denegar las hipotecas. Estos métodos resultaron ser mucho más precisos para predecir impagos que el sistema previo, basado en juicios subjetivos del personal del banco, con el que se acababan concediendo préstamos a clientes poco atractivos financieramente o a aquellos con poco dinero para dar una entrada. Ahora los clientes con menos dinero o mayor riesgo pueden obtener préstamos, pero a menudo pagando tipos más elevados para compensar el riesgo asumido por el prestamista.
Pero Wachter advierte que los prestamistas no tienen datos suficientes para simplemente saber cuantos puntos deben subir los tipos para lograr este equilibrio, y además para competir deben mantenerlos bajos. Los tipos generados con métodos automatizados no son capaces de predecir con exactitud el riesgo de los préstamos intereses sólo y con opciones ya que todavía su vida es relativamente corta. "Los bancos sistemáticamente tienden a apoyar los incrementos en el precio de la propiedad inmobiliaria –potenciales burbujas– siempre que ocurren".
Mercado para optimistas
Debido al incremento experimentado por el precio de la vivienda en los últimos años, los prestatarios suelen confiar en que las propiedades adquiridas valgan lo suficiente para cubrir la deuda de aquellos prestatarios que no paguen su hipoteca.
Pero, ¿por qué ha subido el precio de la vivienda? En parte porque los prestatarios tienen mucho dinero para gastar gracias a los bajos tipos de interés. Estos nuevos préstamos "exóticos" han conseguido introducir más clientes en el mercado, contribuyendo –en opinión de Watcher en gran medida- a la escalada de precios.
La fijación de precios en el mercado de la vivienda, señala Wachter, no es tan eficiente como en el mercado de valores, ya que se trata de un mercado en el que únicamente participan optimistas. La gente que piensa que las viviendas están sobrevaloradas se mantiene al margen, y mientras los entusiastas siguen contribuyendo a elevar los precios. En cambio, en el mercado de valores los pesimistas pueden apostar por una caída en los precios y vender en descubierto o comprar opciones put.
Tal y como explica Watcher, en el mercado inmobiliario los optimistas suelen pensar que los precios continuarán subiendo porque eso es lo que han venido haciendo. Además, las recientes leyes de protección de espacios públicos aprobadas en varios estados donde la construcción estaba creciendo desmesuradamente han complicado para los constructores incrementar la oferta de viviendas al ritmo en que aumenta la demanda, contribuyendo a la subida de los precios.
Algunos expertos sostienen que las auténticas burbujas inmobiliarias son muy poco frecuentes, y normalmente se producen con individuos particularmente activos. Los propietarios no pueden vender su vivienda con un simple clic del ratón, como es el caso de las acciones, así que no es fácil que el precio de la vivienda caiga -como es el caso de las acciones- cuando explota la burbuja. Normalmente un incremento en el precio de la vivienda va seguido de un periodo de estabilización de los precios en lugar de una caída.
Pero Wachter afirma que algunos mercados sobrecalentados de California y Boston sí registraron caídas en el precio de la vivienda -entre el 30 y el 40%- tras la explosión de la burbuja de los 80. Los precios suelen experimentar caídas mayores allí donde anteriormente habían subido más, y hay un montón de mercados en los que se han visto enormes incrementos en los últimos años. Así pues, en muchas regiones del país el precio de la vivienda podría de hecho caer, según Wachter. "Podemos estar hablando de 30 o 40 de áreas, no de una o dos". El riesgo de impago es claramente superior debido al uso intensivo de préstamos sin intereses y con opciones, añade.
Pese a que es poco probable que una oleada de impagos consiga sumergir a Estados Unidos en una prolongada recesión como la japonesa, sí que provocaría una fuerte disminución de la actividad hipotecaria que ralentizaría el crecimiento económico, predice Wachter. A pesar de que es imposible saber qué prestatarios o qué inversores soportan el mayor riesgo -ya que la mayoría de los préstamos toman la forma de valores con garantía hipotecaria y se comercian a escala mundial-, lo cierto es que los impagos de las hipotecas podrían de hecho provocar pérdidas en estos valores, perjudicando a muchos inversores e instituciones financieras de todo el mundo. "Si cambia el ciclo económico y entramos en una recesión, el resultado [de este uso intensivo de hipotecas exóticas] será una recesión todavía más severa".
Publicado el: 10/19/05
http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1412&language=spanish
Cuando empezaron a proliferar los casos de impago hipotecario a principios de este año, muchos expertos pensaron que el daño apenas se dejaría sentir en unas pocas entidades emisoras que se habían introducido en el negocio de las hipotecas "subprime" (de alto riesgo).
Pero la cosa no ha quedado ahí. El gasto en consumo se ha detenido, la crisis crediticia se ha propagado, el mercado de la vivienda está pasando por un bache y el mercado de valores ha recibido varios golpes.
La economía se encuentra tan amenazada que la Reserva Federal dejaba a un lado su eterna preocupación por la inflación y el 18 de septiembre bajaba los tipos de interés a corto plazo en medio punto por primera vez en cuatro años, esperando con ello evitar de algún modo entrar en recesión. En esta ocasión la Reserva Federal señalaba su preocupación sobre "el endurecimiento de las condiciones crediticias", que podrían acentuar la caída del precio y de la construcción de viviendas.
Hace seis u ocho meses, apenas ningún experto creía que la caída de las hipotecas subprime sería tan grave. "Mis peores pesadillas se han vuelto realidad. Se han propagado los efectos negativos en el resto de la economía", decía Susan M. Wachter , profesora de Activos Inmobiliarios y Finanzas de Wharton, durante una entrevista que se celebraba antes de que la Reserva Federal bajase los tipos. "No se esperaban daños ni tan intensos ni de tanta amplitud. Me sorprendió. Pero el hecho de que las cosas iban a acabar mal no fue una sorpresa".
No es la primera vez que caídas en el mercado hipotecario y de la vivienda causan problemas económicos, pero la situación actual es en cierto modo única, causando profundos cambios en estos mercados, explicaba Wachter. "En el pasado, este tipo de eventos habían provocado declives en la economía en su conjunto a través de crisis crediticias en el sector bancario. En caso de que suceda, esta sería la primera vez que se transmite a través de una crisis crediticia en el sector no bancario".
La raíz del problema de las hipotecas subprime radica en un nuevo tipo de prestamista surgido en los últimos años especializado en hipotecas y que opera al margen de las regulaciones que afectan a la banca tradicional. A mediados de los 70, instituciones tradicionales como las Sociedades de Ahorros y Préstamos (Savings and Loans) acaparaban casi el 60% del mercado hipotecario. Ahora dicho porcentaje se sitúa en el 10%. A lo largo de este mismo periodo la participación de los bancos comerciales ha pasado de ser prácticamente nula a cerca del 40%.
Muchos de los nuevos prestamistas se especializan en conceder crédito a acreedores que no cumplirían los requisitos establecidos para las hipotecas tradicionales, bien sea porque tener un bajo o nulo historial de crédito o de ingresos. Y han traspasado el riesgo a los inversores de todo el mundo que están dispuestos a comprar títulos con respaldo hipotecario que proporcionan mayor rendimiento que aquellos asociados a inversiones más seguras, como bonos del Tesoro estadounidense.
Los títulos con respaldo hipotecario se crean reuniendo miles de préstamos y creando una serie de bonos que traspasan los pagos del principal e intereses de los acreedores a los propietarios de los bonos. Normalmente las series de bonos conllevan diferentes niveles de riesgo, lo cual refleja la capacidad crediticia de los acreedores. Cuanto mayor sea el riesgo asociado a un bono, mayor su rendimiento, pero también será el primero en perder valor si los acreedores no cumplen con sus obligaciones de pago.
Muchas hipotecas subprime tienen tipos de interés ajustables: normalmente se modifican cada año añadiendo un margen fijo al tipo de referencia, como por ejemplo el interés a un año de los bonos del Tesoro estadounidense. Entre 2003 y principios de 2007, los tipos a un año de los bonos pasaron del 1,25 al 5%. En consecuencia, los acreedores ahora se enfrentan a fuertes incrementos de sus cuotas mensuales debido a la subida de los tipos. Esto ha causado una mayor presencia de casos de impago y por tanto de pérdidas entre los propietarios de los bonos.
"Las cosas van increíblemente deprisa, y han llegado a límites que no esperábamos", decía Wachter añadiendo que "están claro que nadie sabe quién es el propietario de la manzana envenenada" en referencia a los bonos de mayor riesgo. "El hecho de que estén tan dispersos ha hecho que las cosas empeoren, ya que son muchos los fondos de inversión están bajo sospecha".
En el nuevo artículo titulado " The Housing Finance Revolution" ("La revolución de las finanzas inmobiliarias") , Wachter cuenta la evolución del mercado de financiación de la vivienda en las últimas décadas, explicando cómo la tecnología, la desregulación, la globalización de los mercados financieros y un descenso generalizado a nivel mundial de los tipos de interés han sido los causantes de la crisis actual. Es coautor del artículo Richard K. Green, profesor de Finanzas y Economía de la Universidad George Washington.
Tour global de las hipotecas
Tal y como señalan Wachter y Green, a nivel mundial la tendencia ha sido alejarse del control gubernamental en el ámbito de las hipotecas e ir adoptando sistemas de financiación a través de los mercados de capital.
Por ejemplo, antes de la década de los 80, en el Reino Unido las hipotecas se gestionaban a través de "building societies" (cajas de ahorros), que estaban altamente reguladas y funcionaban en base a los ahorros de sus depositarios. Estas cajas ofrecían hipotecas a tipos de interés inferiores a los del mercado, protegiendo al mercado hipotecario de los cambios en los tipos. Todo esto cambió con la promulgación de la ley Building Society Act en 1986, que sentó las mismas reglas de juego para las "building societies" y los bancos comerciales. En el año 200 las "building societies" tan sólo acaparaban el 15% de las hipotecas, porcentaje que en 1980 era del 70%.
Muchos otros países europeos abrieron sus mercados hipotecarios a la competencia durante los 80. "Desaparecieron los sistemas altamente regulados y racionalizados y surgieron las finanzas modernas en temas de adquisición de vivienda, donde la financiación cada vez procedía en mayor medida de los bancos comerciales que basaban su funcionamiento en el mercado …" escriben Wachter y Green. "El resultado ha sido un extraordinario crecimiento de las hipotecas en toda Europa …".
La caída de los tipos de interés también contribuyó al boom de las hipotecas, permitiendo que más gente pudiese acceder a una vivienda. Desde 1980 hasta 2004, el tipo de interés medio de 13 países industrializados caía del 15 al 4,4 %, escriben Wachter y Green. Los bajos tipos de interés también permitieron que la gente pidiese prestada una cantidad superior, contribuyendo con ello al aumento del precio de la vivienda.
Los cambios han llegado incluso a las economías menos desarrolladas. Wachter y Green señalan que, hasta hace cinco o seis años, en Bangladesh se podía acceder a las hipotecas únicamente a través Housing Building Finance Corp. (BHBFC), entidad de propiedad estatal. Los burócratas concedían las hipotecas sin analizar mucho la capacidad de pago de los prestatarios, y normalmente se producían retrasos en el pago de las cuotas en el 20% de los casos, un porcentaje muy alto.
Hace unos pocos años el gobierno dejó de financiar al BHBFC, y ahora tres cuartos del mercado han caído en manos de instituciones privadas que emplean requisitos mínimos y otras técnicas habituales en la gestión de préstamos.
Asimismo, a pesar del alto nivel de sofisticación y su creciente tamaño económico, en Corea del Sur la concesión de hipotecas estuvo en manos del gobierno hasta mediados de los 90. Era difícil conseguir una hipoteca y normalmente sólo cubría una parte del coste de la vivienda. Después de la crisis financiera asiática de 1988 se pusieron en marcha reformas que introdujeron algunas características de economía de mercado y que impulsaron un rápido crecimiento del mercado hipotecario. No obstante el sistema sigue teniendo algunas características poco deseables. "Los préstamos normalmente tienen tipos de interés variable y cuotas en las que únicamente se pagan al principio intereses y después se amortiza el capital", escriben los autores. En lugar de confiar en los depósitos de los ahorradores para financiar las hipotecas, algunos responsables de las políticas de Corea creen que la solución pasa por la titularización, esto es, la creación de títulos con respaldo hipotecario que se puedan vender a los inversores.
Ése fue el enfoque adoptado la pasada década en Australia. Los prestamistas aterrizaron en el mercado a finales de los 90 porque podían pedir prestado dinero a muy bajo coste y dejarlo en forma de hipotecas aplicando tipos más elevados. Los títulos con respaldo hipotecario eran una buena inversión porque el nivel de morosidad de los prestatarios australianos era muy bajo. Y además se demandaban estos títulos por parte de los gestores de fondos de pensiones que disponían de grandes sumas para invertir después de que una ley de finales de los 80 obligase a los empleadores a dar pensiones.
Pago del principal y rescate gubernamental
Estados Unidos ha sido líder en el uso de la titularización en las hipotecas, pero se han necesitado décadas para desarrollar dicho sistema.
Antes de la década de los 30, en Estados Unidos las hipotecas se caracterizaban por tener tipos de interés variables y pagos iniciales de al menos el 50%; los propietarios de las viviendas normalmente renegociaban sus préstamos cada 12 meses. Las cuotas mensuales cubrían únicamente los intereses, y normalmente se empezaba a pagar el principal después de transcurridos menos de cinco años. La mayoría de los préstamos eran financiados por Savings and Loans, entidades que operaban en base a los depósitos de los ahorradores, o por bancos hipotecarios que utilizaban financiación de las empresas de seguros.
A medida que aumentó el desempleo durante la Recesión, muchos propietarios de viviendas no podían hacer frente al principal, provocando una oleada de ventas y ejecuciones hipotecarias. El gobierno federal intervino, creando la Federal Housing Administration (Fannie Mae) para asegurar las hipotecas a largo plazo, y la Home Owners Loan Corporation para vender bonos garantizados por el gobierno para adquirir hipotecas en dificultades. Este fue el comienzo de la titularización, que es una característica fundamental del mercado hipotecario actual; el riesgo de dejar dinero se traspasa a los que invierten en bonos con respaldo hipotecario en lugar de permanecer en manos de las instituciones que conceden los préstamos.
Básicamente, el gobierno rescató a los propietarios de viviendas sustituyendo sus viejas hipotecas por préstamos a 20 años con tipos fijos que sí se podían permitir. Los prestatarios ahora podían pedir casi todo el dinero que necesitaban para comprarse una vivienda, y en lugar de pagos integrales del principal, ahora el principal se amortizaba gradualmente.
Bajo este sistema, las entidades Savings and Loans eran la principal fuente hipotecaria en los 70, estaban muy regulados y contaban con un seguro federal. El gobierno fijó máximos para los tipos de interés a abonar a los ahorradores, y los préstamos concedidos por los Savings and Loans se reservaban a las hipotecas. La mayoría de las hipotecas tenían tipos fijos. En 1968 Fannie Mae se dividió en The Government National Mortage Association, o Ginnie Mae, y la nueva Fannie Mae, que ahora pasaba a ser privada y podía comprar y vender hipotecas no respaldadas por el gobierno.
El sistema funcionó muy bien mientras los tipos de interés a corto plazo pagados a los depositarios o ahorradores fueron inferiores a los tipos que se cobraban a los acreedores. Pero a finales de los 70 los tipos de interés crecieron y la situación cambió radicalmente: los tipos a corto plazo superaban a los tipos a largo. Muchos Savings and Loans se declararon insolventes porque estaban pagando más por pedir prestado dinero de lo que recibían gracias a los préstamos a largo plazo con tipo fijo que habían concedido previamente. Este tipo de riesgo puede evitarse emitiendo hipotecas de tipo variable, pero el gobierno federal había bloqueado dicha opción para proteger a los propietarios de viviendas en caso de que los tipos subiesen.
En respuesta a la crisis de los Savings and Loans, en 1980 el Congreso derogó la regulación que obligaba a tener un techo máximo para los tipos abonados a los ahorradores, ayudando a los Savings and Loans a competir con los relativamente nuevos fondos del mercado de dinero por los depósitos necesarios para conceder préstamos. Asimismo se eliminó la prohibición de las hipotecas con tipos ajustables.
La tecnología y los avances académicos también contribuyeron a la evolución del mercado. A finales de los 70, el sector hipotecario y los inversores que compraban y vendían sus títulos empezaron a utilizar ordenadores cada vez más potentes para analizar precios y riesgos de un modo similar a cómo los inversores sofisticados analizan los mercados de opciones. Así pudieron predecir mejor el número de prestatarios que no harían frente a sus pagos si los intereses subían, y cuántos refinanciarían si los tipos caían, acontecimientos ambos que pueden socavar el valor de los títulos con respaldo hipotecario.
Los 90 fueron testigos del desarrollo de títulos "private label" emitidos por bancos comerciales y otras entidades que en general no tenían por qué cumplir las regulaciones a las que estaban sometidos los bancos ordinarios. Estos títulos eran similares a los títulos con respaldo hipotecario vendidos a inversores por entidades con autorización gubernamental como Fannie Mae, pero no disfrutaban de las mismas garantías implícitas del gobierno: los inversores no estarían protegidos en caso de morosidad.
En un principio los títulos "private level" tan sólo incluían hipotecas primarias emitidas para prestatarios de bajo riesgo, pero luego los prestamistas los empezaron a utilizar para respaldar grandes préstamos que los prestamistas gubernamentales autorizados no tenían permitido hacer. Por último, los prestamistas los emplearon para respaldar las hipotecas subprime de acreedores con un escaso historial crediticio y los préstamos Alt-A con acreedores de menor riesgo que los del mercado subprime pero mayor riesgo que los del primario".
Mientras, los préstamos Alt-A y las hipotecas subprime crecían; según Wachter y Green, en 2003 suponían el 41% del mercado privado (valorado éste en 586.000 millones de dólares) y en 2005 superaba el 76% de dicho mercado (que alcanzaba los 1,2 billones de dólares). Los inversores estaban dispuestos a comprar estos títulos porque los altos tipos aplicados a los acreedores de mayor riesgo significaban un mayor rendimiento de los títulos con respaldo hipotecario.
"Durante un tiempo los mercados de capital parecían estar dispuestos a asumir cualquier tipo de riesgo siempre y cuando a cambio se obtuviesen altos rendimientos", escriben Watcher y Green. Pero se comprendían muy poco los riesgos crediticios –el riesgo de que los acreedores dejen de abonar sus pagos-, en el nuevo y creciente mercado. Muchos préstamos subprime básicamente no tenían suscripción, y no se disponía de datos suficientes como para estimar el riesgo de morosidad en las hipotecas subprime".
Debido a la subida del precio de la vivienda entre 1997 y 2005, los propietarios con dificultades financieras podían vender fácilmente sus casas por más de lo que debían, evitando los casos de impago. Durante este periodo por tanto no se percibió señal alguna sobre qué podría ocurrir si el precio de la vivienda dejaba de crecer o incluso caía mientras los tipos de interés crecían, dejando a los propietarios atrapados en unas altas cuotas, situación que ha empezado a vivirse en el último año.
Sin carne en el asador
Los permisivos estándares en la concesión de créditos que se aplicaron la pasada década fueron los causantes de un tremendo boom hipotecario; la deuda hipotecaria de los estadounidenses duplicaba en 1997 los niveles de 2005, un periodo en que el PIB creció sólo un 50%, explican Wachter y Green. En 2005 las hipotecas subprime suponían el 22% de los nuevos préstamos, porcentaje que en 2003 apenas alcanzaba el 8%; y en 2004 más del 30% de las hipotecas eran de tipos variables, cifra que en 2001 se situaba en el 10%.
"Al mismo tiempo, el mercado subprime desarrolló nuevos productos que no habían existido previamente en el mercado", escriben Wachter y Green. Estos productos eran por ejemplo los préstamos 2/28 y 3/27, que eran préstamos a 30 años pero con ajustes anuales de los tipos después de los primeros dos o tres años respectivamente y que incluían fuertes penalizaciones, haciendo prohibitivo que los acreedores consiguiesen refinanciación cuando sus cuotas se disparaban. Es más, estos productos se concedían a los interesados aunque tal vez no pudiesen hacer frente al incremento de las cuotas si los tipos se ajustaban al alza.
"Aparentemente el error que cometió el sector fue ofrecer un precio inferior en los primeros años del préstamo para así atraer al mercado a posibles clientes con la esperanza de recuperar su inversión en los años posteriores", escriben Wachter y Green. "Intentaron asegurar el paso a la segunda etapa –con tipos superiores- utilizando fuertes penalizaciones en caso de amortización anticipada. Los datos muestran que la estrategia no funcionó".
Muchos prestamistas no comprendieron que sus cuotas mensuales subiesen si los tipos de interés aumentaban. "Incluso en circunstancias ideales, explicar los verdaderos costes y riesgos a prestamistas bien informados es bastante complicado; con un prestamista que no sea precisamente un experto en finanzas resulta prácticamente imposible".
Los inversores que compraron títulos respaldados por préstamos subprime aparentemente tampoco habían comprendido los riesgos. "Las entidades que concedían las hipotecas tenían poderosos incentivos para crear préstamos independientemente de su calidad: cada hipoteca que se firmaba con éxito y se vendía a un inversor generaba un beneficio para ellas". Estas empresas a menudo aseguraban a los inversores que los préstamos cumplían determinados estándares mínimos, y a menudo prometían que su comportamiento sería bueno en caso de morosidad. Pero no contaban con capital para respaldar dichas promesas.
Resulta sorprendente por qué los inversores no comprendieron esto, dicen Wachter y Green. Tampoco parecieron comprender los riesgos inherentes al mercado de la vivienda; los precios ya habían caído en más de una ocasión en varias regiones de Estados Unidos.
En opinión de Wachter y Green, los datos de Estados Unidos y de otras partes del mundo claramente muestran que cuando un sistema hipotecario basado en el mercado sustituye a un sistema controlado por el gobierno, la gente sale en general beneficiada: es más fácil conseguir un préstamo y el porcentaje de propietarios de viviendas aumenta. Los inversores también se benefician, ya que acceden a nuevos tipos de títulos. Sin embargo, explican, no están claro cuál es el mejor modo de proporcionar financiación al mercado, si a través de los depósitos de los ahorradores, bonos garantizados por el gobierno o títulos no garantizados.
No obstante, Wachter y Green sostienen que no existe modo alguno de evitar que se puedan volver a repetir los recientes problemas del mercado subprime: asegúrate que las empresas que generan los préstamos siguen participando en un porcentaje importante en los préstamos, incluso después de haber sido titularizados y vendidos a los inversores.
Esto podría hacerse obligando a que dichas entidades mantengan suficiente financiación en sus manos para cubrir una parte de las pérdidas de los inversores en caso de morosidad de los acreedores como consecuencia de unos tipos más altos que los esperados. "El problema es que las entidades que emiten los préstamos no tienen carne puesta en el asador, o que no se sabe muy bien si la tienen o no", decía Wachter. "Deberían explícitamente informar de lo que hacen".
Publicado el: 10/3/07
Temblores en el mercado hipotecario secundario: ¿se avecina un terremoto?
El constante goteo que hubo durante meses de noticias sobre problemas en el mercado hipotecario secundario (ó subprime market) en un principio no parecía muy preocupante: una consecuencia natural para prestamistas, deudores e inversores, los cuales deberían saber que los créditos con altos tipos de interés concedidos a gente de poca solvencia son arriesgados.
Durante ese mismo periodo, muchos economistas empezaron a respirar tranquilos tras llegar a la conclusión de que el sobrecalentado mercado de la vivienda de los últimos años no se había convertido en la burbuja lista para explotar que muchos se habían temido. Los precios de la vivienda se están estabilizando y no se observan grandes caídas.
Sin embargo, ahora algunos expertos se preguntan si dichas señales de alivio no fueron algo prematuras, en especial a la luz de los problemas experimentados recientemente por uno de los grandes bancos del mercado hipotecario secundario, el británico HSBC Holdings. Algunos incluso sugieren que los crecientes casos de impago entre los deudores en el "agresivo mercado crediticio" -que incluye varios tipos de hipotecas de alto riesgo así como los créditos secundarios-, podrían acabar afectando al mercado de la vivienda y al final a toda la economía. Muchos de estos deudores están pagando intereses del 10-12%, cifra que en los préstamos "primarios" ó estándar se sitúa entre el 6 y el 8%, y las infracciones están aumentando.
"Es un hecho consumado que ya hemos perdido cerca de un punto porcentual de crecimiento económico debido al retroceso del mercado de la vivienda", dice la profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton Susan M. Wachter. Un retroceso después de muchos años de subida de precios impulsada por el dinero fácil ha provocado que muchos economistas revisen a la baja las predicciones de crecimiento de este año, que pasaría del 4 al 3%, añade Wachter.
Las cosas podrían incluso empeorar, advierte. Si los tipos de interés suben, cada vez habrá más propietarios de viviendas afectados por préstamos con tipos variables firmados en los últimos años que se verán obligados a poner a la venta sus viviendas. Semejante avalancha también deprimiría los precios de las viviendas adquiridas con préstamos estándar. Si el valor de las viviendas permanece constante e incluso baja, los propietarios ya no podrán utilizar la refinanciación para convertir sus activos en efectivo, reduciéndose a su vez por tanto el gasto en consumo. La caída en la construcción y la venta de viviendas persistiría. "Podríamos tener una recesión causada por la vivienda", dice Wachter. Si sucede, podría dar comienzo en la segunda mitad de 2007 o en el año 2008 si los tipos de interés siguen subiendo.
Otros piensan que la economía estadounidense podría perfectamente hacer frente a este problema. "Soy una especie de pesimista optimista", dice Jack M. Guttentag, profesor emérito de finanzas de Wharton. Guttentag espera que los precios de la vivienda fluctúen sin rumbo fijo durante dos o tres años sin experimentar caídas. Pero el futuro es incierto, añade, porque muchos de los préstamos de alto riesgo ya han alcanzado el límite durante el reciente periodo de subida de precios de la vivienda. "El incremento de los precios de la vivienda actúan como contrapeso a todo tipo de problemas", señala. "Suelen reducir los casos de impago y ejecuciones hipotecarios que de otro modo ocurrirían, ya que la gente que empieza a tener dificultades descubre que lo mejor que puede hacer es vender su casa y conseguir algo de efectivo.
Información de riesgos incompleta
En un informe de mediados de febrero titulado "Will the Subprime Meltdown Trigger a Credit Crunch?" ("La crisis en el secundario ¿desencadenará una catástrofe crediticia?"), el analista Richard Berner, de Morgan Stanley, opina que la respuesta a dicha pregunta es un rotundo No, describiendo una catástrofe crediticia como una situación en la que "prestamistas niegan incluso a los prestatarios de bajo o nulo riesgo el acceso al crédito". Muchas empresas especializadas en préstamos secundarios –esto es, calificaciones por debajo de 620-, se hundirán, explica, pero la hojas de balance de los prestamistas primarios son fuertes y Berner espera que continúen concediendo préstamos y sosteniendo la salud de la economía. (Los créditos se califican con un ranking que va de 300 a 850; cualquier puntuación por encima de 700 es buena y por debajo de 600 se consideran de alto riesgo).
Nadie sabe cómo acabarán siendo las cosas en el futuro, pero de lo que no hay duda es que los cambios en los préstamos hipotecarios han generado riesgos que son imposibles de evaluar con precisión. Wachter señala que el uso intensivo de préstamos agresivos es un fenómeno tan nuevo que los datos que emplean prestamistas e inversores en sus modelos de riesgo están incompletos. "Existe la posibilidad de que haya errores en el modelo. Los modelos no se han probado en un mercado secundario".
La hipoteca clásica aplica un tipo de interés "fijo" que permanece constante durante el periodo de vida del préstamo, normalmente 30 años. Tras firmar los papeles de la hipoteca, las cuotas mensuales del propietario no cambian, lo cual facilita su pago a medida que los ingresos del prestatario suben de acuerdo con la inflación. En general, el valor de las viviendas también va subiendo, así que el prestatario podría venderla en cualquier momento por un precio superior a lo que debe.
Pero esta situación ha cambiado drásticamente en los últimos años. Wachter estima que prácticamente dos tercios de todos los préstamos hipotecarios emitidos desde 2003 son lo que ella denomina "agresivos". Para los prestatarios, para los prestamistas e inversores en valores con garantía hipotecario conllevan riesgos que no existen en los préstamos convencionales. Además de los préstamos secundarios, se incluyen en esta categoría los préstamos en los que el prestatario paga únicamente intereses, no el principal. También se incluyen los préstamos de amortización negativa –aquellos en los que el prestatario paga menos intereses de los que le corresponderían y la diferencia se añade a la deuda pendiente-, y los préstamos en los que no es necesario realizar pagos -o de una cuantía insignificante-,ni demostrar el nivel de ingresos.
Según datos aportados durante una reunión reciente del Senado sobre préstamos agresivos, los préstamos secundarios, la categoría de mayor riesgo dentro de los préstamos agresivos, pasaron de 150.000 millones de dólares en 2000 a 650.000 millones de dólares en 2005.
Varios son los factores responsables. Uno de ellos es la Ley Community Reinvestment Act de 1977, que ilegalizó la discriminación y obligó a los bancos a conceder préstamos a las comunidades pobres que previamente habían evitado, explica Kenneth Thomas, profesor asociado de Wharton. En los 90, el Congreso y la Administración Clinton fomentaron políticas para promover la propiedad de la vivienda, alcanzándose en la actualidad cifras récord en la historia de Estados Unidos del orden del 69%.
"Se desarrolló un clima regulador –que todavía existe hoy en día-, que favoreció estos préstamos", sostiene. Existe una diferencia entre préstamos secundarios para la gente merecedora de hipotecas que sin embargo no tiene acceso a ellas, y los préstamos agresivos, que consisten en conceder a la gente préstamos que en el fondo no se pueden permitir. "Los préstamos secundarios son buenos; los préstamos agresivos no".
Otro factor explicativo fue el trabajo de académicos y prestamistas, que descubrieron que muchas personas que habían obtenido calificaciones excesivamente bajas según el ranking no tenían tanto riesgo como se pensaba. En los 80 y 90 los prestamistas "empezaron a aprender como contrarrestar los diferentes factores de riesgo entre ellos", dice Guttentag. "Unos tipos se dieron cuenta de que se podía ganar mucho dinero ofreciendo préstamos a una categoría de compradores que nunca lograría superar los criterios mínimos de acceso al crédito; podían cobrar tipos muy altos para cubrir el riesgo y obtener enormes beneficios.
Según Wachter, sus investigaciones mostraban que mucha gente que no cumplía esos requisitos mínimos de hecho estaba pagando más en alquiler de lo que pagarían en caso de tener una hipoteca. Para muchos inquilinos, el obstáculo para acceder a la propiedad de una vivienda no era la cuantía de las cuotas mensuales, sino el pago inicial del 10-20% del coste de la vivienda. En los 90 los prestamistas empezaron a resolver el problema con préstamos con cuotas mensuales muy bajas y concediendo vistos buenos para acceder a los préstamos adoptando un enfoque informático más científico para juzgar la capacidad crediticia de los solicitantes, explicaba Wachter.
El factor explicativo final fue la vertiginosa expansión en los 90 de la "transformación en títulos" de los activos o titulización, concretamente la conversión de préstamos hipotecarios en valores similares a los bonos que podían comprarse y venderse en el mercado secundario. Esto permitió a los prestamistas conseguir préstamos más allá de su propio negocio y así poder conceder más.
Fannie Mae y Freddie Mac, prestamistas cuasi-gubernamentales, llevan desde hace tiempo vendiendo valores con garantía hipotecaria, pero el resto de empresas debían ceñirse a la concesión de préstamos primarios. En cuanto otros prestamistas se dieron cuenta de que se podía ganar dinero con los deudores secundarios, empezaron a transformar estos préstamos en valores. "A mediados de los 90 nacieron los valores con garantía hipotecaria privados, en contraposición a las empresas cuasi-públicas que contaban con la garantía del gobierno", dice Wachter.
En 2003, Fannie y Freddie adquirían y relanzaban cerca del 70% de los préstamos que habían acabado en el mercado secundario. A finales de 2006, dicha cifra había bajado al 40%, reflejando el hecho de que había otros prestamistas que también se habían introducido en el negocio.
Aunque estos valores conllevan mayores riesgos, son populares entre los fondos especulativos de alto riesgo – hedge funds-, y otros inversores porque estos prestamistas secundarios pagan mayores tipos de interés que los estándar, frecuentemente 3, 4 o 5 puntos porcentuales más. Esto ha hecho que en los últimos años los valores secundarios sean especialmente atractivos, ya que los tipos de interés de muchos valores de renta fija han languidecido hasta establecerse en cifras de un solo dígito.
Para que los brokers estén interesados en ofrecer estos préstamos tan rentables, los prestamistas normalmente les ofrecen comisiones del 3% del valor del préstamo, porcentaje que apenas supera el 1% en los préstamos convencionales, explica Guttentag. "Muchos brokers simplemente se especializan en préstamos secundarios".
Escalada de los tipos
Varios estudios muestran que los préstamos secundarios se han introducido con fuerza en las comunidades más pobres, y frecuentemente se dirigen a personas que de hecho podrían acceder a préstamos estándar con mejores términos.
Las cosas iban bien en el sector de los préstamos secundarios hasta que la Reserva Federal empezó su carrera de escaladas –17 en total- de los tipos de interés a corto plazo en el verano de 2005; los tipos subieron del 1 al 5,5%. Cuatro de cada cinco préstamos secundarios son de tipo variable; después del primer o segundo año se tienen que ajustar cada 12 meses a medida que fluctúan los tipos de interés a corto plazo. Como consecuencia de las subidas practicadas por la Reserva Federal, las cuotas mensuales de los propietarios de viviendas que firmaron sus préstamos en 2005 aumentaron entre el 30 y 50%, provocando entre muchos de ellos retraso en los pagos. "Nada de esto sería un problema si la Reserva Federal no hubiese incrementado los tipos 17 veces", dice Thomas.
Cerca del 70% de los préstamos secundarios contienen comisiones por amortizaciones anticipadas que encarecen la posibilidad de que los propietarios refinancien sus deudas con préstamos convencionales a plazo fijo, que conllevan un interés menor. Como el precio de la vivienda se ha estabilizado o hasta cae en los barrios más pobres, que es donde los préstamos secundarios son más habituales, incluso a esos propietarios que se pueden permitir las comisiones por amortización anticipada les resulta imposible conseguir nuevos préstamos de la cuantía suficiente para cubrir los viejos.
Resultado: cada vez hay más impagos e infracciones. Según Bernar de Morgan Stanley, a finales de 2003, cerca del 7% de los préstamos secundarios se encontraban en fase de ejecución hipotecaria o con infracciones graves, como impagos de al menos 90 días. A finales de 2006, la cifra había subido hasta el 12,6%. Para el conjunto de hipotecas la cifra es 1,4%. Aunque la Reserva Federal dejó de subir los tipos el pasado mes de agosto, Watcher señala parte de las consecuencias negativas de las subidas está por venir, ya que muchos de los préstamos ajustables todavía mantienen los tipos iniciales.
La Mortgage Bankers Association explica que en 2007 tendrán que ajustarse entre 1,1 y 1,5 billones de dólares en hipotecas de tipo variable, pero asimismo espera que cerca de la mitad sean refinanciados, de tal modo que los prestamistas no sufran incrementos en las cuotas. Cerca del seis por ciento de todos los propietarios tienen préstamos secundarios con tipos ajustables. "Creo que las cosas todavía pueden ir a peor, y tendrán que empeorar más antes de que empiecen a mejorar", dice Thomas.
Los préstamos agresivos permitieron que la gente comprase su vivienda -de modo contrario no podrían haber accedido a la propiedad-, y el incremento de la demanda es en parte el motivo por el que los precios de la vivienda aumentaron en la primera mitad de la década. En un artículo de 2006 titulado "Aggressive Lending and Real Estate Markets" ("Préstamos agresivos y mercados inmobiliarios"), Wachter y el coautor Andrev Pavlov, de la Universidad Simon Fraser, llegaban a la conclusión de que los barrios y ciudades que tenían altas concentraciones de préstamos agresivos sufrían los mayores descensos en los precios de la vivienda en cuanto el mercado se enfriaba.
Wachter y Pavlov se centraron en barrios en los que una gran parte de las hipotecas eran de tipos de interés ajustable. "Por cada hipoteca adicional con tipos ajustables en 1990 –concretamente por cada 1% adicional- se producía un descenso en los precios de la vivienda del 1,3% en ese barrio", escriben los autores. Este es un descubrimiento siniestro para los barrios del entorno urbano en los que prevalecen los préstamos agresivos. Según Wachter y Pavlov, los mercados de mayor riesgo están en Florida, Arizona, el distrito de Columbia, Nevada, California, Illinois y Utah.
Problemas en estas áreas, ¿acabarán afectando al resto de la economía nacional? Aunque a Wachter le preocupa dicha posibilidad, Thomas no cree que vaya a ser posible. Los bancos y otros prestamistas que no están especializados en préstamos secundarios parecen gozar de muy buena salud. "No veo la llegada de ese Día del Juicio Final ya que los mercados financieros están muy fuertes", dice Thomas añadiendo que los excesos ya han sido compensados, pues los prestamistas, bajo la presión de las regulaciones estatales y federal han endurecido los criterios para la concesión de créditos, ofrecen periodos más largos y piden la justificación de ingresos.
Cientos de miles de millones de dólares en valores basados en préstamos agresivos han sido vendidos en los mercados secundarios, y seguro que algunos inversores van a sufrir en caso de impago por parte de los propietarios de las viviendas. La seriedad de este problema se ha reflejado claramente en algunas historias recientes en las que los inversores presionaban a los prestamistas para recomprar dichos valores.
La mayoría de los expertos creen que la titulización de activos normalmente funciona para reducir el riesgo en el mercado, ya que el intercambio de estos valores permite a los prestamistas transferir el riesgo desde los hombros de los inversores a alguien que sea capaz de soportarlo. Se cree que los fondos especulativos de alto riesgo constituyen uno de los principales inversores en valores basados en préstamos secundarios y agresivos, pero nadie lo sabe a ciencia cierta.
La titulización, dice Guttentang, "diversifica el riesgo", pero "no sabemos en manos de quién o quiénes están dichos valores".
Uno de los principales protagonistas de los préstamos secundarios, HSBC Holdings, anunciaba a principios de febrero que las "malas deudas" habían ya superado en 2006 los sorprendentes 10.500 millones de dólares, un dato que podría hacer temblar de miedo al sector. "¿Sabemos de la existencia de casos similares?", pregunta Wachter. "Lo desconocemos".
Publicado el: 3/7/07
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Las hipotecas arriesgadas, un arma de doble filo
El trato es el siguiente: compras la casa de tus sueños y durante los primeros años no devuelves principal, tan sólo pagas intereses. De este modo, los pagos mensuales de tu inmueble serán inusualmente bajos y respirarás un poco más aliviado. O mejor aún, si eliges una de nuestras hipotecas con opciones pagarás todavía menos...
Éste es el modo en que se anuncian las últimas modalidades hipotecarias con tipos variables. Con nombres tan variopintos como Interest-Only ("sólo intereses"), OptionARM y Pick-a-Payment ("elige la mensualidad"), estos productos ofrecen a los prestatarios mensualidades bastante inferiores a las que tendrían que pagar en un préstamo tradicional con tipos variables o fijos. Según varios estudios, estos arriesgados productos representan la mitad de las nuevas hipotecas firmadas este año, cifra que en 2001 no superaba el 10%.
Sin embargo, tienen un inconveniente: es muy probable que los pagos mensuales se disparen dentro de unos pocos años, siendo el incremento para algunos prestatarios de cientos de dólares al mes. En los casos más extremos la deuda podría incluso aumentar con el tiempo, en lugar de disminuir.
¿Qué factores explican el comportamiento de este mercado? Y, más importante, estos préstamos ¿son en realidad bombas de relojería que podrían colapsar los mercados financieros y la economía si un incremento en los tipos de interés o una caída del valor de la vivienda generase una avalancha de impagos? A principios de los 90 la economía japonesa se vio torpedeada por una aluvión de préstamos hipotecarios impagados y el país todavía no se ha recuperado totalmente.
"La pregunta es: ¿podríamos encontrarnos en Estados Unidos en esta situación? Está claro que no", afirma la profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton Susan M. Wachter . No obstante, estos préstamos están contribuyendo a elevar el precio de la vivienda, sentando las bases para que se produzcan cambios bruscos que podrían agravar los efectos de la próxima recesión. "Es indudable que con estos nuevos instrumentos nos movemos en territorio desconocido. No hay precedentes".
Prestatarios "de segunda"
Algunas de las hipotecas sólo intereses existen desde hace varias décadas y solían ser empleadas por prestatarios con elevado poder adquisitivo que eran lo suficientemente sofisticados y disciplinados como para encontrar usos rentables alternativos para el dinero que se ahorraban en las mensualidades. Pero en la actualidad estos productos van dirigidos simplemente a toda persona que desee comprarse una vivienda, y en muchos casos a prestatarios de segunda a los que en las condiciones previas no se les habría concedido un préstamo estándar.
Aunque los términos pueden variar, el prestatario de una hipoteca sólo intereses normalmente no amortiza principal durante los primeros cinco, siete o diez años. Transcurrido este tiempo, el tipo de interés se revisa anualmente en función del tipo de referencia y comienza la devolución del principal. En una hipoteca tradicional de tipo fijo a treinta años por un importe de 100.000 dólares al 5,75%, las mensualidades serían aproximadamente de 600 dólares. Con una hipoteca sólo intereses se pagarían alrededor de 500 dólares al mes, ya que no habría devolución del principal. Gracias a estos pagos de menor cuantía, el propietario de la vivienda puede pedir un préstamo por un importe superior que con un préstamo tradicional.
El prestatario tradicional empieza a devolver principal desde que paga su primera mensualidad, cosa que no ocurre cuando se solicita una hipoteca sólo intereses. Como dentro de, por ejemplo, 10 años quedará más deuda por devolver, pagará más en concepto de intereses de lo que en ese momento pagaría con un préstamo tradicional al mismo tipo de interés. Y una vez que comience la devolución del principal, los pagos serán más elevados con una hipoteca sólo intereses porque quedarán menos años para saldar la deuda.
Como el tipo de interés podría ajustarse al alza después del periodo inicial en el que sólo se pagan intereses, la mensualidad podría dispararse. Es fácil que un préstamo que comenzó con 500 dólares al mes aumente hasta 700 dólares o incluso el 40%. Es posible que algunos prestatarios no puedan soportar esta carga.
Los préstamos con opciones son similares, salvo porque el propietario de la vivienda tiene cada mes la posibilidad de elegir entre cuatro opciones de pago. El pago completo incluye tanto intereses como principal, igual que un préstamo tradicional. El prestatario también puede hacer un pago de cuantía superior , de tal forma que la cantidad "extra" se dedica a amortizar el principal y así devuelve más rápidamente el préstamo. La tercera opción consiste en pagar sólo los intereses.
Y por último, existe la opción llamada pago mínimo, que ni siquiera cubre todos los intereses. Los intereses no abonados se añaden a la deuda, incrementando la cantidad pendiente de devolución. Un prestatario que elija habitualmente esta opción de "amortización negativa" podría acabar en una situación en la que debe más de lo que había pedido prestado en un principio. Con cada una de estas cuatro opciones los tipos de interés se ajustan regularmente, de forma que los intereses a pagar aumentan si los tipos suben.
"Como los tipos de interés han permanecido bajos, tanto constructores como prestamistas tratan continuamente de incrementar la posibilidad de tener una vivienda en propiedad", afirma Lynn B. Sagalyn, profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton . Las hipotecas exóticas permiten que los bancos lleguen a clientes "a los que de otra forma les sería imposible participar en el mercado debido a la increíble escalada en el precio de la vivienda".
La competencia entre las entidades crediticias ha propiciado la concesión de préstamos a personas con situaciones financieras nada sólidas, y ahora los prestatarios pueden hacer pagos de sólo el 5% o el 10% -y en ocasiones incluso el 0%-, cuando lo habitual hace no muchos años era el 20%. "Cuanto más nos adentramos en el grupo de lo que denominamos prestatarios marginalmente elegibles, más riesgos asumen" tanto prestamistas como prestatarios, señala Sagalyn. "Es una especie de bomba de relojería."
Hipotecas de tipo variable y revisable
Comparadas con las hipotecas sólo intereses y las hipotecas con opciones, las tradicionales de tipo variable revisable anualmente parecen algo conservadoras. Con estas hipotecas el prestatario normalmente consigue un tipo más bajo durante los primeros 12 meses. A partir de entonces el tipo se revisa anualmente en función de las condiciones del mercado. La cantidad a pagar puede por tanto variar cada 12 meses. Pero una parte de cada pago se dedica a amortizar el principal, como en las hipotecas tradicionales de tipo fijo. Como los tipos de interés pueden variar, con estas hipotecas se asume más riesgo que con las de tipo fijo, aunque no tanto como con las hipotecas sólo intereses o con opciones. Las hipotecas donde los tipos son variables y se revisan anualmente son cada vez más frecuentes. En los dos últimos años cerca de un tercio de las nuevas hipotecas firmadas fueron de éste tipo, explica Todd M. Sinai , profesor de Propiedad Inmobiliaria de Wharton. "Ahora son muy habituales", afirma señalando que en 2001 tan sólo el 12% eran hipotecas de tipo variable, pero a finales de los 80 suponían el 50%.
Las tasas de impago de estas hipotecas de tipo variable nunca han supuesto un problema serio, añade Sinai. Para la gente pagar la hipoteca suele ser una prioridad. Y dado que el precio de la vivienda ha seguido creciendo y aquellos que han pedido una hipoteca de interés variable han empezado a reducir su deuda desde el primer pago, si se encuentran con problemas de liquidez pueden normalmente vender su propiedad por más de lo que deben. "El grado de utilización de las hipotecas de tipo variable no es en sí mismo algo de lo que nos debamos preocupar. No creo que supongan tanto riesgo como parece".
Según Sinai, para que un préstamo no se pague se tienen que dar unas condiciones muy particulares: el tipo de interés sube y se eleva el importe mensual de la hipoteca; los ingresos del propietario caen y ya no puede cubrir una mensualidad mayor; cae el precio de la vivienda, que ya no se puede vender por suficiente dinero como para cubrir la deuda. Sin embargo, el uso generalizado de los préstamos sólo intereses y con opciones es tan novedoso que nadie sabe lo que ocurrirá si aumentan los tipos de interés y la economía se estanca. "Los bancos realmente no saben qué riesgos están asumiendo porque no se ha dado suficiente importancia a estos aspectos".
Éste es uno de los factores que preocupa a Wachter. "No tenemos suficientes datos del pasado para contrastar la probabilidad de impago de estos instrumentos, ya que son demasiado nuevos". Además, afirma Watcher, a mediados de los 90 los prestamistas comenzaron a emplear procesos automatizados para conceder o denegar las hipotecas. Estos métodos resultaron ser mucho más precisos para predecir impagos que el sistema previo, basado en juicios subjetivos del personal del banco, con el que se acababan concediendo préstamos a clientes poco atractivos financieramente o a aquellos con poco dinero para dar una entrada. Ahora los clientes con menos dinero o mayor riesgo pueden obtener préstamos, pero a menudo pagando tipos más elevados para compensar el riesgo asumido por el prestamista.
Pero Wachter advierte que los prestamistas no tienen datos suficientes para simplemente saber cuantos puntos deben subir los tipos para lograr este equilibrio, y además para competir deben mantenerlos bajos. Los tipos generados con métodos automatizados no son capaces de predecir con exactitud el riesgo de los préstamos intereses sólo y con opciones ya que todavía su vida es relativamente corta. "Los bancos sistemáticamente tienden a apoyar los incrementos en el precio de la propiedad inmobiliaria –potenciales burbujas– siempre que ocurren".
Mercado para optimistas
Debido al incremento experimentado por el precio de la vivienda en los últimos años, los prestatarios suelen confiar en que las propiedades adquiridas valgan lo suficiente para cubrir la deuda de aquellos prestatarios que no paguen su hipoteca.
Pero, ¿por qué ha subido el precio de la vivienda? En parte porque los prestatarios tienen mucho dinero para gastar gracias a los bajos tipos de interés. Estos nuevos préstamos "exóticos" han conseguido introducir más clientes en el mercado, contribuyendo –en opinión de Watcher en gran medida- a la escalada de precios.
La fijación de precios en el mercado de la vivienda, señala Wachter, no es tan eficiente como en el mercado de valores, ya que se trata de un mercado en el que únicamente participan optimistas. La gente que piensa que las viviendas están sobrevaloradas se mantiene al margen, y mientras los entusiastas siguen contribuyendo a elevar los precios. En cambio, en el mercado de valores los pesimistas pueden apostar por una caída en los precios y vender en descubierto o comprar opciones put.
Tal y como explica Watcher, en el mercado inmobiliario los optimistas suelen pensar que los precios continuarán subiendo porque eso es lo que han venido haciendo. Además, las recientes leyes de protección de espacios públicos aprobadas en varios estados donde la construcción estaba creciendo desmesuradamente han complicado para los constructores incrementar la oferta de viviendas al ritmo en que aumenta la demanda, contribuyendo a la subida de los precios.
Algunos expertos sostienen que las auténticas burbujas inmobiliarias son muy poco frecuentes, y normalmente se producen con individuos particularmente activos. Los propietarios no pueden vender su vivienda con un simple clic del ratón, como es el caso de las acciones, así que no es fácil que el precio de la vivienda caiga -como es el caso de las acciones- cuando explota la burbuja. Normalmente un incremento en el precio de la vivienda va seguido de un periodo de estabilización de los precios en lugar de una caída.
Pero Wachter afirma que algunos mercados sobrecalentados de California y Boston sí registraron caídas en el precio de la vivienda -entre el 30 y el 40%- tras la explosión de la burbuja de los 80. Los precios suelen experimentar caídas mayores allí donde anteriormente habían subido más, y hay un montón de mercados en los que se han visto enormes incrementos en los últimos años. Así pues, en muchas regiones del país el precio de la vivienda podría de hecho caer, según Wachter. "Podemos estar hablando de 30 o 40 de áreas, no de una o dos". El riesgo de impago es claramente superior debido al uso intensivo de préstamos sin intereses y con opciones, añade.
Pese a que es poco probable que una oleada de impagos consiga sumergir a Estados Unidos en una prolongada recesión como la japonesa, sí que provocaría una fuerte disminución de la actividad hipotecaria que ralentizaría el crecimiento económico, predice Wachter. A pesar de que es imposible saber qué prestatarios o qué inversores soportan el mayor riesgo -ya que la mayoría de los préstamos toman la forma de valores con garantía hipotecaria y se comercian a escala mundial-, lo cierto es que los impagos de las hipotecas podrían de hecho provocar pérdidas en estos valores, perjudicando a muchos inversores e instituciones financieras de todo el mundo. "Si cambia el ciclo económico y entramos en una recesión, el resultado [de este uso intensivo de hipotecas exóticas] será una recesión todavía más severa".
Publicado el: 10/19/05
http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1412&language=spanish
sábado, 15 de septiembre de 2007
Economia real y ¿Ha llegado el momento Minsky?
Economía real
La crisis financiera americana de las hipotecas subprime, que amenaza con hacernos caer en una gran recesión económica –aún no sabemos la forma en que la amenaza se cumplirá, pero sabemos que la cosa no pinta nada bien–, no ha hecho más que empezar, y dependiendo del acierto o de los fallos que cometan los encargados de velar por la estabilidad económica del sistema, la crisis puede resolverse en varias direcciones, un gran crash que hará tambalear la economía mundial a niveles similares a los de la gran depresión del 29, o una lenta y subterránea dilación artificial de la bonanza de los mercados, lo que a la postre nos conducirá, de forma prácticamente irremisible, a un apocalipsis económico y financiero, sin parangón en la historia del capitalismo mundial- aunque, también puede que no pase nada. Pero como esos son sucesos por venir, dejemos las ciencias adivinatorias de momento y centrémonos en el la actualidad, de más fácil certificación y escrutinio.
Resulta obvio, notorio y cierto que con la crisis americana de las hipotecas de alto riesgo, el crédito sin garantías, el dinero de bajo coste (aquí podríamos presumir de un nuevo término que viene a ser más o menos como las aerolíneas de bajo coste), prácticamente regalado y la confianza infinita en la bonanza sin fin y el crecimiento sin pausa de la economía mundial está tocando a su fin. Los bancos americanos, atendiendo aquella vieja máxima de “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, exigirán a partir de ahora a sus clientes unas garantías altamente conservadoras para concederles préstamos, prestamos que hasta ahora daban sin prácticamente aval.
Que no se equivoquen aquellos que piensan que la crisis de la hipotecas subprime afecta únicamente a los propietarios de viviendas que han solicitado un crédito para sufragar los gastos de la misma, eso apenas supone una ínfima minoría. La parte del león de estos créditos son los concedidos a los fondos, y luego vendidos y revendidos en forma de papelitos, recuerden de alto riesgo, pero a los que las agencias de calificación le daban el rating de AAA o sea bonos de inversión. Con la garantía de recompra, eso sí, por si las cosas se tuercen. Pero los bancos nunca pensaron que iban a ejecutar estas garantías.
Mención aparte merecen los créditos de bajo coste a las empresas, que durante la época de la bonanza pudieron llenar sus arcas (y los bolsillos de los consejeros) con el dinero de bajo coste, entregando como garantía sus propias acciones. ¿Pero qué ocurre con estos préstamos y sus garantías cuando la empresa deja de obtener beneficios, no puede hacer frente a los pagos de los intereses de los créditos solicitados y la cotización en bolsa se desploma? Pues no pasa nada, cuando es una sola empresa la que se encuentra en esta situación, pero la cosa cambia y drásticamente cuando son muchas las que lo hacen, las empresas quiebran, los bancos deja de cobrar sus intereses y al querer ejecutar los avales de los empréstitos, se da cuenta de que el aval es simplemente una gran cantidad de papelitos mojados sin valor: la acciones de una empresa que realmente vale nada o casi nada. Consecuencia: el banco prestamista también quiebra.
Pero en España, y en el resto del mundo la cosa va bien, bueno, sí, algunos fondos se han visto afectados por esta crisis de las hipotecas de alto riesgo americanas, pero la ECONOMÍA REAL, como dijo algún sesudo economista, va bien. Se ve que por contraposición a la economía real está la economía imaginaria de las hipotecas que deben ser, por lo que se explica el brillante acuñador del término, una economía de la Señorita Pepis.
En el entramado financiero mundial, es donde más efecto tiene si cabe el llamado efecto mariposa, y si el aleteo de una Papilo Paris en Osaka puede provocar un huracán en Las Azores, imaginen ustedes si es o no despreciable en el delicado entramado económico, una crisis financiera en los Estados Unidos. Analizando la economía real, vemos que en la España de los créditos baratos, el ultimo trimestre ha encarecido las hipotecas medias de los sufridos propietarios de vivienda en 90 euros, y esto con los bancos centrales de todos los países, inyectando cantidades inimaginables de efectivo en los mercados para evitar el colapso de la bolsas, y sin tocar prácticamente nada al alza los tipos de interés, precisamente por el terror pánico que les produce las consecuencias de una caída a plomo de los mercados de valores ¿quién podría hacer frente al pago de su hipoteca con unos tipos de interés que rondasen el 10%? No, mejor no hagan las cuentas, sobre todo si son ustedes contratantes de un crédito bancario a tipo variable.
La crisis americana, es tan real como pueda serlo cualquier crisis en el mercado mundial, y de una influencia igual o mayor que la sostenida crisis deflacionista japonesa de los últimos veinte años. Querer restar importancia a ello, haciéndonos ver que los fondos que han quebrado son filiales de los mundos de Pin y Pon, es tan solo pretender engañarnos, tomarnos por gilipollas con no se sabe qué oscuros propósitos. Bueno realmente los propósitos no son tan oscuros, son más bien claros para quien quiera verlos: vender a buen precio mientras haya compradores tontos con efectivo.
Así que póngase las pilas amigo lector y ande cauto con lo que le cuentan, que las economías son todas reales... y si no que se lo digan a “Juancar” que ha contratado a un profesional para que le gestione el patrimonio de la casa REAL.
¿Qué significa esta crisis del crédito para sus inversiones?
¿Qué sucede cuando un banco central mantiene los tipos de interés (demasiado) bajos durante demasiado tiempo? Todo sube de precio. Y al mismo tiempo, de este modo, dado que el ser humano tiene la tendencia de cometer estupideces con el dinero que ha ganado demasiado fácilmente, se plantan las semillas de problemas futuros. Un experimentado inversor, Doug Casey lo explico de siguiente manera:
“El prolongado período de bonanza que tuvimos desde el final del último ciclo en 1982 - época caracterizada por un alto desempleo, multitud de quiebras, altos tipos de interés y la bolsa cayendo - ha durado 25 años. Pudo haber terminado de mala manera a lo largo de estos años, como en 1987, 1992 o 2000. Cada vez el gobierno elevaba aún más el castillo de naipes, inyectando más y más dinero en el sistema. Es como si alguien condujese un bólido de Fórmula 1 por una carretera de montaña. El conductor destrozaría los frenos, frenando de 100 a 50. Después de esto, cuando el coche vuelva a acelerar a 160, los frenos estropeados tan solo lo pueden frenar hasta 100. Después de repetirlo varias veces, el límite de frenada sería 220. Y Ben Bernanke no es Michael Schumacher. Probablemente sepa conducir, pero las probabilidades, llegados a este punto, de que la economía se caiga por el barranco son muy altas.”
En este artículo no vamos a buscar culpables. Ya se ha escrito bastante sobre las hipotecas de alto riesgo y porqué ocurrió. En vez de eso, nos centraremos en las consecuencias de la crisis del crédito que estamos observando a lo largo de las últimas seis semanas. La crisis de verano fue tan profunda que ha dejado visibles cicatrices en el ámbito inversor y sus repercusiones se sentirán aún en el futuro.
¿Se trata de un cisne negro?
He pasado una parte de mis vacaciones de verano leyendo el último libro de Nassim Taleb El Cisne Negro. Taleb saltó a la fama hace algunos años con su libro Engañados por la Aleatoriedad - uno de los mejores libros de inversión que hayan sido escritos. Su nuevo libro trata de situaciones extremas y explica cómo los inversores han de encararlas. Según Taleb, un cisne negro es un evento que se caracteriza por lo siguiente:
1.Se encuentra fuera del abanico de expectativas reales porque nada en el pasado puede justificar su aparición.
2.Implica un severo impacto.
3.A pesar de la imposibilidad de este suceso, la mente humana encuentra lógicas y razonables explicaciones una vez ocurrido el hecho, convirtiéndolo en algo obvio y predecible. Los sucesos del 11 de septiembre fueron un cisne negro, al igual que lo fue el tsunami en el océano Índico en diciembre de 2004. Pero un cisne negro también puede ser un evento positivo. Internet es un ejemplo de esto. ¿Es un cisne negro la crisis crediticia a la que estamos asistiendo? Vayamos a recordar un párrafo del último informe de Woody Brock: “Para empezar, dense cuenta de que la crisis actual no es resultado de un gran impacto geopolítico o económico como una guerra o una crisis de petróleo. Tampoco es debido a que “ la Fed eso” o “ la Fed lo otro”. [...] En el presente caso el estallido vino por el hecho de que los tipos de interés eran mucho más altos de lo que las hipotecas de alto riesgo podían soportar - evento que incluso su perro podía haber previsto.”
Entonces, según la opinión de Woody Brock, la crisis actual no es un cisne negro. ¿Por qué entonces está teniendo un efecto tan dramático? Probablemente porque la gran mayoría había subestimado el riesgo subyacente, pero nuestro artículo tampoco va de eso. Intentemos responder la pregunta ¿qué significa todo esto?
El uso de la deuda puede cambiar
Después de la crisis de LTCM en 1998, los inversores redujeron su nivel de endeudamiento. Lo mismo puede suceder ahora. La industria de los hedge funds suele ser acusada por el uso excesivo de mecanismos de apalancamiento financiero. La cuestión es que, según los datos de los gestores de fondos, los hedge funds están mucho menos endeudados que en la época pre-crisis de LTCM. El problema consiste en que un número limitado de fondos (normalmente los credit y global macro funds) han incurrido en un excesivo endeudamiento a fin de generar retornos atractivos en un ambiente de bajas rentabilidades. Esto está a punto de cambiar, en parte debido a que las condiciones del crédito concedido por los bancos se van a endurecer. Proveer fondos para los hedge funds es la mayor fuente de ingresos de la banca de inversión. Por tanto, los beneficios de estas entidades se verán reducidos.
Ralentización de la actividad del capital riesgo
Asimismo, los fondos de capital riesgo se verán forzados a utilizar menos deuda en su negocio, lo que hará muchos proyectos inviables y reducirá el nivel global de su actividad. Es prematuro hacer cualquier tipo de previsión para la industria de capital riesgo; no obstante, adelantándonos un poco, sería lógico esperar que el capital riesgo ya no podría seguir siendo el motor de las alzas de los precios. Y como resultado, las expectativas del retorno de los activos se reducirán.
La mancillada reputación del mercado de CDO tampoco ayuda mucho al capital riesgo. El desarrollo de las CDOs (obligaciones de deuda colateralizada) ha jugado un papel importante en el crecimiento de la industria del capital riesgo. Ahora, con su nueva reputación de malo de la clase, muchos inversores pensarán dos veces antes de comprar cualquier CDO. Y si no hay apetito para las CDOs, los fondos de capital riesgo verán cerrado un importante canal de distribución para los productos financieros que ellos han creado.
Su fondo de pensiones puede tener serios problemas
Aunque la mayoría de los fondos de pensiones no tienen nada que ver con el perfil de la actual crisis (por razones obvias), la realidad es que gran parte de todas las CDOs emitidas en los últimos años ha sido vendidas a los fondos de pensiones europeos. El problema es que estos programas de emisiones de CDOs no se valoran por su valor de mercado, sino que su valor se calcula según modelos matemáticos, cuya validez está siendo cuestionada por los últimos acontecimientos. Por tanto, es más que probable que los fondos de pensiones estén soportando unas cuantiosas minusvalías latentes.
En Gran Bretaña, la FSA es consciente de este problema y está trabajando sobre cómo atajarlo. El riesgo que supone para el sistema el hecho de que si los fondos de pensiones tuviesen que recalcular el valor de sus carteras según el valor de mercado, las enormes pérdidas de sus carteras de CDOs pueden dejar un peligroso agujero en aquellos fondos que comenzaron en precarias condiciones del mercado bajista de 2000-2002.
La deuda con problemas tendrá éxito
Los gestores de distressed debt (deuda de empresas o países con alto riesgo de impago) se están relamiendo presintiendo la afluencia de inversores comprando el papel a cualquier precio, valorando muchos bonos y depósitos a niveles vistos solamente en economías en recesión y donde el riesgo de impago es muy alto. Aún es temprano para decir si la crisis actual realmente se desarrollará en una potente crisis económica o no (de eso hablaremos más tarde); no obstante, podemos predecir un brusco aumento de la actividad de los gestores de esta deuda, al igual que el incremento de los beneficios de algunos astutos operadores.
Las empresas de gran capitalización lo harán mejor que las de pequeña y mediana capitalización
La prosperidad del capital riesgo hizo que los precios de las empresas de pequeña y mediana capitalización subieron mucho más que de las grandes empresas, dado que fue en las pequeñas y medianas empresas donde más han pescado los fondos de capital riesgo. Si nuestra predicción de que la actividad del capital riesgo va a disminuir es correcta, el péndulo probablemente se inclinará hacia las grandes empresas. Sería aconsejable, entonces, revisar nuestras carteras y volver a algunas grandes empresas, favoritas de antaño, que han quedado rezagadas durantes este par de años.
Pero atención: a menos que Ud. deba colocar parte de su cartera en acciones (como es el caso de muchos inversores institucionales), tenga en cuenta que la renta variable no suele comportarse bien en las etapas iniciales de las recesiones. Las pérdidas de un 10-20% son la norma - no la excepción. Así que si Ud. piensa que estamos en un inicio de recesión, no es buen momento para añadir acciones a su cartera.
Riesgo elevado de recesión
La reciente debacle ha elevado incuestionablemente el riesgo de recesión. Hasta ahora hemos mantenido nuestra visión de que el mundo escapará a la recesión. Claramente, el riesgo ha cambiado después del daño sufrido por la confianza en julio y agosto. Los problemas del mercado hipotecario americano persisten, aunque ahora es evidente el empeoramiento de los mercados inmobiliarios en muchas partes de Europa también; la tendencia será más clara cuando más de un millón de las hipotecas a tipo variable sean reajustadas a lo largo del próximo año (lo que supondrá más coste a un millón de propietarios de viviendas). Dada la frágil naturaleza de los mercados hoy en día, puede haber una violenta reacción a futuros problemas del sector inmobiliario de los Estados Unidos, causando graves daños a la economía.
Cambiando el panorama inflacionario
Como sabrán los lectores asiduos de nuestros artículos, nuestro punto de vista respecto la inflación es mucho más severo que el del resto de autores. Con el debilitamiento de la economía global, puede que tengamos que revisar nuestro punto de vista, al menos a corto y medio plazo. Por otro lado, las últimas intervenciones de los bancos centrales fueron realizadas bajo el telón de un serio riesgo deflacionista. Ahora la situación es totalmente diferente. Las presiones inflacionistas aún persisten y cualquier reblandecimiento de la política monetaria puede hacer que aflore la inflación. No obstante, podemos concluir que a corto y medio plazo, la reciente crisis ha reducido visiblemente el riesgo de inflación. A largo plazo, no obstante, los bancos centrales pueden destapar la caja de Pandora abandonando su lucha contra la inflación. Mantengamos la respiración.
¿Puede cambiar el sesgo de los bancos centrales?
Las actuales condiciones de los mercados han obligado a los bancos centrales de todo el mundo a abandonar su política vigilante de inflación por un instante y concentrar sus esfuerzos en evitar daños a largo plazo causados por el pánico inversor. El mercado espera un recorte de tipos de interés de 25 puntos básicos en la siguiente reunión de la Fed el día 18 de septiembre. Que recorte o no la Fed los tipos de interés dependerá en parte de las noticias económicas y en parte de la evolución de los mercados hasta entonces. En realidad, los recientes datos indican que la economía americana se está recuperando del bache, lo que podría añadir argumentos a que la Fed no necesita recortar los tipos. No obstante, esta jugada podría ser ganadora y aportar espectaculares beneficios. Esperamos que la Fed recorte los tipos de interés.
En el Reino Unido la situación es más precaria. Ninguna de las economías de los de G7 es más dependiente del sector financiero que la británica. El reciente caos en los mercados financieros puede causar un serio daño a la economía británica. En resumen, creemos que la crisis crediticia de este verano ha cambiado fundamentalmente el panorama en cuanto a los tipos a corto plazo y ahora esperamos un masivo recorte de los tipos de interés de aquí a la primavera. Nuestro punto de vista era diferente tan solo hace un par de meses, antes de la debacle de los mercados financieros.
Posible tendencia del precio del oro
El precio del oro probablemente seguirá la tendencia de la inflación. En el corto y medio plazo, el panorama se ha deteriorado debido a las sombrías perspectivas económicas. Aunque a largo plazo, sospechamos que los bancos centrales pueden conseguir sus propósitos cambiando el curso de la corriente (haciendo justicia a los banqueros centrales de todo el mundo, solo la Fed ha declarado oficialmente el cambio del sesgo). Si nuestras consideraciones respecto la inflación a largo plazo son correctas, habrá unas subidas sustanciales del precio del oro a largo plazo. Solo hace falta un poco de paciencia.
El precio de la propiedad se hundirá
Una consecuencia inevitable de la reciente debacle es un brusco parón de los ascensos de muchos años de los precios de la vivienda. Gran parte de este incremento de los precios en los últimos años fue causado por las segundas hipotecas (en Reino Unidos, en muchos casos por las terceras, cuartas e incluso quintas hipotecas) al igual que por la proliferación de las hipotecas para las que no hacía falta presentar ningún tipo de documentación. El endurecimiento de las condiciones hipotecarias será una de las consecuencias de esta crisis. En el mejor de los casos los precios permanecerán invariables, y en el peor, caerán un 25-35%. Mentalícese para algo intermedio.
¿Qué pasa con los hedge funds?
Una de las desagradables sorpresas de la actual crisis fue que algunos - no todos - de los hedge funds se encontraron pillados por la crisis. Los modelos de gestión de riesgos, que fueron considerados sólidos, han sido tirados por la ventana. Los gestores de los hedge funds utilizan el método que se llama VaR (Value at Risk). El proceso entero de la gestión de riesgo se construye en este número y esta crisis ha demostrado su inutilidad. También, esta crisis ha revelado como los activos que no tienen nada que ver, al final están correlacionados. Hemos escrito sobre este asunto anteriormente, pero la reciente crisis nos ha recordado que cuando todo va bien y de repente todo va al traste, no hay donde esconderse.
Finalmente, quieran o no, los gestores de los hedge funds también tendrán que encarar un ambiente crediticio mucho más complicado que hasta ahora. Muchos bancos han aprendido una amarga lección en las últimas semanas y, a partir de ahora, habrá que contestar muchas preguntas antes de conseguir una línea de crédito. Este hecho golpeará duramente a los fondos de nueva creación y hará desacelerar el crecimiento de la industria al menos a lo largo de los dos próximos años.
¿Replicación de la muerte de los hedge funds?
Las enormes pérdidas de los hedge funds cuantitativos en julio y agosto hicieron levantar más de una ceja. Y como hemos visto más arriba muchos modelos de gestión dejaron de funcionar este verano. Los fondos quant funcionan al 100% con modelos matemáticos y los “avispados” que están detrás de las fórmulas no pudieron o no quisieron intervenir hasta que el daño fue hecho.
Ahora, vamos a echar un vistazo al último artilugio de los mercados que es conocido como replicación de los hedge funds. En cierto modo, estos fondos tienen de hedge funds lo mismo que los fondos indexados tienen de industria de mutualidad. Muchos comentaristas de mercado ven un gran futuro para estos fondos y esperan que estos fondos de replicación serán la siguiente multi-billonaria industria. Al menos eso es lo consideraban hasta ahora. El problema es que muchos fondos de replicación se basan en modelos similares a aquellos utilizados por los fondos cuantitativos. Suponemos que el apetito inversor hacia estos nuevos productos será poco entusiasta dado el daño causado en estas últimas semanas.
Larga vida a la liquidez
Como siempre, estar en liquidez es la mejor solución cuando acecha el pánico. Le aconsejamos que no se lance a comprar cualquier cosa. La crisis actual me recuerda la crisis de LTCM en 1998 que tardó varios meses en remitir. Sería una gran sorpresa si no ocurre otra réplica del terremoto crediticio, así que ya tendrá oportunidades de inversión más atractivas dentro de algunas semanas.
Niels C. Jensen, Socio
Absolute Return Partners LLP
http://elsabado.es/Actualidad/Articulos/46CreditCrunch.html
¿Ha llegado el momento Minsky?
Según el economista Hyman Minsky, nuestra economía es un gigante esquema de Ponzi que está a punto de desmoronarse. ¿Tendrá razón? Informa Simon Wilson.
¿Por qué Minsky se ha vuelto tan popular?
Minsky fue un economista medianamente famoso que murió en 1996 a la edad de 77 años. Fue muy respetado en su círculo pero fue después de su muerte cuando se cumplió misteriosamente su teoría, descrita en 1970, de que la expansión crediticia provoca una burbuja de activos y Minsky se convirtió en el héroe de muchos bajistas. Sus postulados que razonan el nacimiento, el desarrollo y el final de una burbuja, describieron exactamente la aparición y el pinchazo de la burbuja tecnológica.
Y ahora la crisis de las hipotecas de alto riesgo (hipotecas subprime) sigue el mismo patrón.
¿Cómo eran sus ideas económicas?
La idea más famosa de Minsky es “la estabilidad es inestable”. En breves palabras significa que los períodos inusualmente prolongados de la estabilidad económica calman a los inversores hasta tal extremo que estos pierden la noción del riesgo y por tanto el riesgo asumido alcanza niveles muy peligrosos, lo que les lleva a endeudarse excesivamente y pagar unos precios muy elevados por los activos. Minsky dividió a todos los deudores en tres tipos, según su facilidad de asumir riesgos cada vez más altos. Los deudores de cobertura pueden afrontar el pago de todas sus obligaciones con flujos de efectivo generados por ellos. Los deudores especulativos pueden afrontar el pago de los intereses, pero tienen que ir refinanciando la deuda para poder devolver el primer crédito. Los deudores Ponzi (llamados por el nombre del famoso estafador descubridor del sistema piramidal) no pueden pagar ni los intereses, ni devolver el principal, y únicamente dependen del ascenso de los precios de los activos para ir refinanciando continuamente su deuda. Conforme más prolongado es el período de estabilidad económica, sigue en su argumentación, una parte de la sociedad cada vez mayor se inclina por el método Ponzi, hasta que todo el sistema económico se convierte en un castillo de naipes construido sobre la base del crédito excesivamente barato y la especulación.
¿Es una idea ortodoxa?
No. La opinión generalizada considera el capitalismo como un sistema esencialmente estable, que tiende a un continuo y fuerte crecimiento. Las apariciones de las crisis son debidas a los errores de los políticos (por ejemplo, la política monetaria demasiado conservadora de la Reserva Federal que según muchos economistas empeoró la situación durante la Gran Depresión ), o a los estímulos externos como, por ejemplo, la crisis del petróleo en 1970 por culpa de la subida del precio por parte de la OPEP. Por el contrario, Minsky sostiene la tesis de que el capitalismo es propenso a las crisis por naturaleza; incluso los buenos tiempos llegan a su fin cuando la gente se vuelve muy confiada y se endeuda hasta las cejas.
¿Por qué sus ideas son tan relevantes ahora?
Desde que se desató la crisis de las hipotecas subprime todos conocemos a los deudores Ponzi de Minsky. Pero Minsky fue aún más lejos, describiendo el proceso cuando las entidades financieras, que también hayan asumido un riesgo elevado durante la bonanza económica, descubren métodos y maneras de sortear las normas y regulaciones que consideran demasiado conservadoras. Otra vez más, el ejemplo es el tratamiento del relajamiento del crédito hipotecario por parte de los senadores y reguladores americanos, pero también hay más ejemplos. Joseph Schumpeter (profesor de Minsky) es famoso por las ideas de que el capitalismo se renueve a sí mismo a través de la competición e innovación, la “destrucción creativa” que se deshace de lo malo e instala lo bueno. Pero mientras Schumpeter basaba el progreso en el desarrollo tecnológico, Minsky lo atribuía al sistema bancario y financiero. En 1993 en un ensayo que tituló Schumpeter y las Finanzas, escribió: “En ninguna parte la evolución, el cambio y el emprendimiento schumpeteriano se hacen tan patentes como en el sistema bancario y financiero y en ninguna parte el beneficio es el factor más claro de la evolución.” Precisamente este enfoque en la innovación financiera y su influencia desestabilizadora nos explica las razones de las alarmas que están sonando en Wall Street y en la City.
¿Por qué debemos preocuparnos por la inestabilidad?
La razón de la preocupación es porque el mundo financiero está mostrando la misma mentalidad de siempre de “esta vez será diferente”, como indicó Edward Chancellor en Institutional Investor. El éxito de las autoridades evitando la explosión deflacionista en 2002 a través de la política de dinero barato facilitó que la población asumiera grandes deudas, mientras la competencia entre los prestamistas llevó a la relajación de las condiciones del crédito (haciendo posible el boom actual del capital riesgo, por ejemplo). La creación y el desarrollo de los mercados de derivados de crédito, asegurados y reasegurados y vendidos muchas veces a través de las webs de transacciones para sortear la regulación, fue el intento de proteger el sistema crediticio, como había predicho Minsky. La pregunta ahora es, como dijo el economista de UBS George Magnus, “¿ha llegado el momento Minsky?”
¿Y esto qué es?
El momento Minsky llega cuando “los prestamistas se vuelven extremadamente cautelosos o restrictivos y cuando no solamente entidades excesivamente apalancadas encuentran dificultades de financiación”, explica Magnus. Entonces, el ciclo crediticio de Minsky, que puede extenderse más allá de los visibles puntos críticos mientras haya plusvalías que salvar, tiende a explotar. Como concluye Chancellor, “los inversores que acepten este análisis probablemente llegarán a la conclusión que ahora mismo la rentabilidad no compensa el riesgo, y optarán por una cartera defensiva, manteniéndose en liquidez hasta que la relación de rentabilidad-riesgo sea más aceptable.”
¿Cómo funciona el modelo de burbuja de Minsky?
Minsky sostuvo que una burbuja toma sus comienzos con un “impulso”, como lo puede ser un significativo invento, por ejemplo, internet, lo que crea grandes oportunidades de obtención de beneficios en un determinado sector. Pero aún así esto no es suficiente. Es necesaria innovación financiera que dé acceso al crédito barato para luego pasar a la siguiente fase: exceso de especulación. Los inversores entran, dando codazos, en el sector afectado, elevando la demanda y empujando los precios más y más hacia arriba. La fase de la euforia se instala cuando los inversores “Ponzi” se dedican a la especulación, muy a menudo con dinero prestado, seguros de que “habrá algún tonto” que les compre sus activos a precios aún más altos. Pero de repente, sea debido a las ventas de los insiders o al endurecimiento de las condiciones del crédito, el mercado empieza a caer y el pánico se apodera de los participantes del mercado. La siguiente fase será la estampida general y la bancarrota.
http://elsabado.es/Actualidad/Articulos/44MomentoMinsky.html
La nueva danza de la locura
Bernie Schaeffer declara culpable a la Fed por los errores que ha cometido por ambos lados.
¿Eran necesarias todas estas subidas de los tipos de interés? Olvidense incluso de los actuales mercados crediticios que están clamando por un recorte de los tipos. Las curvas de las rentabilidades de los bonos se habían invertido mucho antes de la crisis actual, y la inversión de las curvas de las rentabilidades (cuando los tipos a corto están más altos que los tipos a largo plazo) tradicionalmente fue la precursora de una recesión y un claro indicador que la política de la Fed es demasiado dura.
Se podría decir que la Fed “se tiró un farol” ante los propietarios de las viviendas, pasando de la política monetaria demasiado expansiva a endurecerla innecesariamente, incluso viendo que la deuda hipotecaria estaba creciendo más y más. Y ahora como si nada, un billón de dólares de las hipotecas ARM (hipotecas a tipo variable) aumentará su coste hasta los niveles más altos de los últimos dos años.
Ben Bernanke se comió el falso anzuelo del miedo a la deflación de 2001. Y ahora, cuando la deflación es realmente una amenaza, a través del sector inmobiliario, causada por el descenso de los precios y el aumento del coste de las hipotecas, se preocupa por la inflación. Si encima se demuestra que está igual de equivocado en sus previsiones de crecimiento, las consecuencias pueden ser desastrosas.
Es necesario un recorte de los tipos de interés de 50 puntos básicos antes de la reunión de la Fed del 18 de septiembre. Este recorte es necesario no para dar un balón de oxígeno a Main Street o a Wall Street, sino para corregir las consecuencias de los tipos excesivamente altos. Y hablando de los mercados, casi estoy seguro de que si el día 18 de septiembre finaliza sin tal recorte, los mercados caerán sin fuerza de las frías y muertas manos del actual Presidente de la Reserva Federal.
Aunque por otro lado, aquellas subidas de los tipos fueron necesarias, aunque fuera para cerrar las puertas a la especulación apalancada. La fiesta del crédito duró mucho más de lo que se creía y ha acabado con una explosión en mitad del verano, al igual que el mercado inmobiliario explotó en mitad del verano de hace dos años.
Pero a lo largo de estos dos años, la especulación pasó del sector inmobiliario a las fusiones y adquisiciones empresariales vía compras apalancadas, encabezando la lista de los LBOs Chuck Prince, el CEO de Citigroup, proclamando que la actividad de fusiones y adquisiones nunca se acabará, "Todavía seguimos danzando". Y ahora Citigroup, J.P. Morgan Chase, Lehman y Bear Stearns, están todos atrapados ahora con las obligaciones LBO que los bancos no quieren financiar.
Y mientras los payasos estaban danzando, la Fed simplemente subía los tipos, sin importarle lo que estaba sucediendo con el sector de la vivienda. Y como indica Schaeffer, la ironía de las preocupaciones de Bernanke es para nota. Está muy claro el peligro de un colapso del crédito deflacionista, con Bernanke preocupándose (o supuestamente preocupándose) por la inflación. ¿Pero dónde estaba Bernanke cuando los tipos estaban al 1%?
El mundo entero ahora está chocando contra una enorme masa de la deuda especulativa, y a los banqueros centrales les ha entrado pánico sobre el asunto (vean El pánico habla más alto que las palabras y Algunas ideas más sobre como atajar la crisis inmobiliaria). Ciertamente, ahora la danza es diferente. Vamos a llamarla Manipulación de Bernanke.
Y mientras sea necesario un recorte de 50 puntos básicos, la idea de que esto “corregirá las consecuencias de las subidas excesivas de los tipos” es simplemente equivocada. La única manera de corregir las consecuencias de la actuación de la Fed hubiera sido no permitir el crecimiento de la burbuja inmobiliaria/crediticia.
No hay manera de reparar el daño
* No hay manera de “desconstruir” todas las viviendas que han sido construidas y que nadie necesita.
* No hay manera de deshacer los créditos vinculados a las compras de estas casas.
* No hay manera de deshacer aquellos enormes bloques de apartamentos que han sido elevados como monumentos a la estupidez.
* No hay manera de deshacer aquellas OPAs y fusiones realizadas con una gran deuda.
* No hay manera de deshacer aquella tremenda oferta de bonos basura.
* No hay manera de deshacer el daño que todo esto causará a los planes de pensiones, planes de seguros de vida, etc.
Así que mientras Schaeffer tiene razón aseverando que la Fed ha cometido errores por ambos lados, y también es correcta su afirmación de que “si el día 18 de septiembre finaliza sin tal recorte, los mercados caerán sin fuerza de las frías y muertas manos del actual Presidente de la Reserva Federal ”, no hay nada que hacer para “corregir las consecuencias” de los disparos de la Fed a discreción.
Es demasiado tarde para deshacer el daño de la Fed , no importa cuantas lecciones de danza tome Bernanke.
Mike Shedlock (Mish)
http://globaleconomicanalysis.blogspot.com/
La crisis financiera americana de las hipotecas subprime, que amenaza con hacernos caer en una gran recesión económica –aún no sabemos la forma en que la amenaza se cumplirá, pero sabemos que la cosa no pinta nada bien–, no ha hecho más que empezar, y dependiendo del acierto o de los fallos que cometan los encargados de velar por la estabilidad económica del sistema, la crisis puede resolverse en varias direcciones, un gran crash que hará tambalear la economía mundial a niveles similares a los de la gran depresión del 29, o una lenta y subterránea dilación artificial de la bonanza de los mercados, lo que a la postre nos conducirá, de forma prácticamente irremisible, a un apocalipsis económico y financiero, sin parangón en la historia del capitalismo mundial- aunque, también puede que no pase nada. Pero como esos son sucesos por venir, dejemos las ciencias adivinatorias de momento y centrémonos en el la actualidad, de más fácil certificación y escrutinio.
Resulta obvio, notorio y cierto que con la crisis americana de las hipotecas de alto riesgo, el crédito sin garantías, el dinero de bajo coste (aquí podríamos presumir de un nuevo término que viene a ser más o menos como las aerolíneas de bajo coste), prácticamente regalado y la confianza infinita en la bonanza sin fin y el crecimiento sin pausa de la economía mundial está tocando a su fin. Los bancos americanos, atendiendo aquella vieja máxima de “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, exigirán a partir de ahora a sus clientes unas garantías altamente conservadoras para concederles préstamos, prestamos que hasta ahora daban sin prácticamente aval.
Que no se equivoquen aquellos que piensan que la crisis de la hipotecas subprime afecta únicamente a los propietarios de viviendas que han solicitado un crédito para sufragar los gastos de la misma, eso apenas supone una ínfima minoría. La parte del león de estos créditos son los concedidos a los fondos, y luego vendidos y revendidos en forma de papelitos, recuerden de alto riesgo, pero a los que las agencias de calificación le daban el rating de AAA o sea bonos de inversión. Con la garantía de recompra, eso sí, por si las cosas se tuercen. Pero los bancos nunca pensaron que iban a ejecutar estas garantías.
Mención aparte merecen los créditos de bajo coste a las empresas, que durante la época de la bonanza pudieron llenar sus arcas (y los bolsillos de los consejeros) con el dinero de bajo coste, entregando como garantía sus propias acciones. ¿Pero qué ocurre con estos préstamos y sus garantías cuando la empresa deja de obtener beneficios, no puede hacer frente a los pagos de los intereses de los créditos solicitados y la cotización en bolsa se desploma? Pues no pasa nada, cuando es una sola empresa la que se encuentra en esta situación, pero la cosa cambia y drásticamente cuando son muchas las que lo hacen, las empresas quiebran, los bancos deja de cobrar sus intereses y al querer ejecutar los avales de los empréstitos, se da cuenta de que el aval es simplemente una gran cantidad de papelitos mojados sin valor: la acciones de una empresa que realmente vale nada o casi nada. Consecuencia: el banco prestamista también quiebra.
Pero en España, y en el resto del mundo la cosa va bien, bueno, sí, algunos fondos se han visto afectados por esta crisis de las hipotecas de alto riesgo americanas, pero la ECONOMÍA REAL, como dijo algún sesudo economista, va bien. Se ve que por contraposición a la economía real está la economía imaginaria de las hipotecas que deben ser, por lo que se explica el brillante acuñador del término, una economía de la Señorita Pepis.
En el entramado financiero mundial, es donde más efecto tiene si cabe el llamado efecto mariposa, y si el aleteo de una Papilo Paris en Osaka puede provocar un huracán en Las Azores, imaginen ustedes si es o no despreciable en el delicado entramado económico, una crisis financiera en los Estados Unidos. Analizando la economía real, vemos que en la España de los créditos baratos, el ultimo trimestre ha encarecido las hipotecas medias de los sufridos propietarios de vivienda en 90 euros, y esto con los bancos centrales de todos los países, inyectando cantidades inimaginables de efectivo en los mercados para evitar el colapso de la bolsas, y sin tocar prácticamente nada al alza los tipos de interés, precisamente por el terror pánico que les produce las consecuencias de una caída a plomo de los mercados de valores ¿quién podría hacer frente al pago de su hipoteca con unos tipos de interés que rondasen el 10%? No, mejor no hagan las cuentas, sobre todo si son ustedes contratantes de un crédito bancario a tipo variable.
La crisis americana, es tan real como pueda serlo cualquier crisis en el mercado mundial, y de una influencia igual o mayor que la sostenida crisis deflacionista japonesa de los últimos veinte años. Querer restar importancia a ello, haciéndonos ver que los fondos que han quebrado son filiales de los mundos de Pin y Pon, es tan solo pretender engañarnos, tomarnos por gilipollas con no se sabe qué oscuros propósitos. Bueno realmente los propósitos no son tan oscuros, son más bien claros para quien quiera verlos: vender a buen precio mientras haya compradores tontos con efectivo.
Así que póngase las pilas amigo lector y ande cauto con lo que le cuentan, que las economías son todas reales... y si no que se lo digan a “Juancar” que ha contratado a un profesional para que le gestione el patrimonio de la casa REAL.
¿Qué significa esta crisis del crédito para sus inversiones?
¿Qué sucede cuando un banco central mantiene los tipos de interés (demasiado) bajos durante demasiado tiempo? Todo sube de precio. Y al mismo tiempo, de este modo, dado que el ser humano tiene la tendencia de cometer estupideces con el dinero que ha ganado demasiado fácilmente, se plantan las semillas de problemas futuros. Un experimentado inversor, Doug Casey lo explico de siguiente manera:
“El prolongado período de bonanza que tuvimos desde el final del último ciclo en 1982 - época caracterizada por un alto desempleo, multitud de quiebras, altos tipos de interés y la bolsa cayendo - ha durado 25 años. Pudo haber terminado de mala manera a lo largo de estos años, como en 1987, 1992 o 2000. Cada vez el gobierno elevaba aún más el castillo de naipes, inyectando más y más dinero en el sistema. Es como si alguien condujese un bólido de Fórmula 1 por una carretera de montaña. El conductor destrozaría los frenos, frenando de 100 a 50. Después de esto, cuando el coche vuelva a acelerar a 160, los frenos estropeados tan solo lo pueden frenar hasta 100. Después de repetirlo varias veces, el límite de frenada sería 220. Y Ben Bernanke no es Michael Schumacher. Probablemente sepa conducir, pero las probabilidades, llegados a este punto, de que la economía se caiga por el barranco son muy altas.”
En este artículo no vamos a buscar culpables. Ya se ha escrito bastante sobre las hipotecas de alto riesgo y porqué ocurrió. En vez de eso, nos centraremos en las consecuencias de la crisis del crédito que estamos observando a lo largo de las últimas seis semanas. La crisis de verano fue tan profunda que ha dejado visibles cicatrices en el ámbito inversor y sus repercusiones se sentirán aún en el futuro.
¿Se trata de un cisne negro?
He pasado una parte de mis vacaciones de verano leyendo el último libro de Nassim Taleb El Cisne Negro. Taleb saltó a la fama hace algunos años con su libro Engañados por la Aleatoriedad - uno de los mejores libros de inversión que hayan sido escritos. Su nuevo libro trata de situaciones extremas y explica cómo los inversores han de encararlas. Según Taleb, un cisne negro es un evento que se caracteriza por lo siguiente:
1.Se encuentra fuera del abanico de expectativas reales porque nada en el pasado puede justificar su aparición.
2.Implica un severo impacto.
3.A pesar de la imposibilidad de este suceso, la mente humana encuentra lógicas y razonables explicaciones una vez ocurrido el hecho, convirtiéndolo en algo obvio y predecible. Los sucesos del 11 de septiembre fueron un cisne negro, al igual que lo fue el tsunami en el océano Índico en diciembre de 2004. Pero un cisne negro también puede ser un evento positivo. Internet es un ejemplo de esto. ¿Es un cisne negro la crisis crediticia a la que estamos asistiendo? Vayamos a recordar un párrafo del último informe de Woody Brock: “Para empezar, dense cuenta de que la crisis actual no es resultado de un gran impacto geopolítico o económico como una guerra o una crisis de petróleo. Tampoco es debido a que “ la Fed eso” o “ la Fed lo otro”. [...] En el presente caso el estallido vino por el hecho de que los tipos de interés eran mucho más altos de lo que las hipotecas de alto riesgo podían soportar - evento que incluso su perro podía haber previsto.”
Entonces, según la opinión de Woody Brock, la crisis actual no es un cisne negro. ¿Por qué entonces está teniendo un efecto tan dramático? Probablemente porque la gran mayoría había subestimado el riesgo subyacente, pero nuestro artículo tampoco va de eso. Intentemos responder la pregunta ¿qué significa todo esto?
El uso de la deuda puede cambiar
Después de la crisis de LTCM en 1998, los inversores redujeron su nivel de endeudamiento. Lo mismo puede suceder ahora. La industria de los hedge funds suele ser acusada por el uso excesivo de mecanismos de apalancamiento financiero. La cuestión es que, según los datos de los gestores de fondos, los hedge funds están mucho menos endeudados que en la época pre-crisis de LTCM. El problema consiste en que un número limitado de fondos (normalmente los credit y global macro funds) han incurrido en un excesivo endeudamiento a fin de generar retornos atractivos en un ambiente de bajas rentabilidades. Esto está a punto de cambiar, en parte debido a que las condiciones del crédito concedido por los bancos se van a endurecer. Proveer fondos para los hedge funds es la mayor fuente de ingresos de la banca de inversión. Por tanto, los beneficios de estas entidades se verán reducidos.
Ralentización de la actividad del capital riesgo
Asimismo, los fondos de capital riesgo se verán forzados a utilizar menos deuda en su negocio, lo que hará muchos proyectos inviables y reducirá el nivel global de su actividad. Es prematuro hacer cualquier tipo de previsión para la industria de capital riesgo; no obstante, adelantándonos un poco, sería lógico esperar que el capital riesgo ya no podría seguir siendo el motor de las alzas de los precios. Y como resultado, las expectativas del retorno de los activos se reducirán.
La mancillada reputación del mercado de CDO tampoco ayuda mucho al capital riesgo. El desarrollo de las CDOs (obligaciones de deuda colateralizada) ha jugado un papel importante en el crecimiento de la industria del capital riesgo. Ahora, con su nueva reputación de malo de la clase, muchos inversores pensarán dos veces antes de comprar cualquier CDO. Y si no hay apetito para las CDOs, los fondos de capital riesgo verán cerrado un importante canal de distribución para los productos financieros que ellos han creado.
Su fondo de pensiones puede tener serios problemas
Aunque la mayoría de los fondos de pensiones no tienen nada que ver con el perfil de la actual crisis (por razones obvias), la realidad es que gran parte de todas las CDOs emitidas en los últimos años ha sido vendidas a los fondos de pensiones europeos. El problema es que estos programas de emisiones de CDOs no se valoran por su valor de mercado, sino que su valor se calcula según modelos matemáticos, cuya validez está siendo cuestionada por los últimos acontecimientos. Por tanto, es más que probable que los fondos de pensiones estén soportando unas cuantiosas minusvalías latentes.
En Gran Bretaña, la FSA es consciente de este problema y está trabajando sobre cómo atajarlo. El riesgo que supone para el sistema el hecho de que si los fondos de pensiones tuviesen que recalcular el valor de sus carteras según el valor de mercado, las enormes pérdidas de sus carteras de CDOs pueden dejar un peligroso agujero en aquellos fondos que comenzaron en precarias condiciones del mercado bajista de 2000-2002.
La deuda con problemas tendrá éxito
Los gestores de distressed debt (deuda de empresas o países con alto riesgo de impago) se están relamiendo presintiendo la afluencia de inversores comprando el papel a cualquier precio, valorando muchos bonos y depósitos a niveles vistos solamente en economías en recesión y donde el riesgo de impago es muy alto. Aún es temprano para decir si la crisis actual realmente se desarrollará en una potente crisis económica o no (de eso hablaremos más tarde); no obstante, podemos predecir un brusco aumento de la actividad de los gestores de esta deuda, al igual que el incremento de los beneficios de algunos astutos operadores.
Las empresas de gran capitalización lo harán mejor que las de pequeña y mediana capitalización
La prosperidad del capital riesgo hizo que los precios de las empresas de pequeña y mediana capitalización subieron mucho más que de las grandes empresas, dado que fue en las pequeñas y medianas empresas donde más han pescado los fondos de capital riesgo. Si nuestra predicción de que la actividad del capital riesgo va a disminuir es correcta, el péndulo probablemente se inclinará hacia las grandes empresas. Sería aconsejable, entonces, revisar nuestras carteras y volver a algunas grandes empresas, favoritas de antaño, que han quedado rezagadas durantes este par de años.
Pero atención: a menos que Ud. deba colocar parte de su cartera en acciones (como es el caso de muchos inversores institucionales), tenga en cuenta que la renta variable no suele comportarse bien en las etapas iniciales de las recesiones. Las pérdidas de un 10-20% son la norma - no la excepción. Así que si Ud. piensa que estamos en un inicio de recesión, no es buen momento para añadir acciones a su cartera.
Riesgo elevado de recesión
La reciente debacle ha elevado incuestionablemente el riesgo de recesión. Hasta ahora hemos mantenido nuestra visión de que el mundo escapará a la recesión. Claramente, el riesgo ha cambiado después del daño sufrido por la confianza en julio y agosto. Los problemas del mercado hipotecario americano persisten, aunque ahora es evidente el empeoramiento de los mercados inmobiliarios en muchas partes de Europa también; la tendencia será más clara cuando más de un millón de las hipotecas a tipo variable sean reajustadas a lo largo del próximo año (lo que supondrá más coste a un millón de propietarios de viviendas). Dada la frágil naturaleza de los mercados hoy en día, puede haber una violenta reacción a futuros problemas del sector inmobiliario de los Estados Unidos, causando graves daños a la economía.
Cambiando el panorama inflacionario
Como sabrán los lectores asiduos de nuestros artículos, nuestro punto de vista respecto la inflación es mucho más severo que el del resto de autores. Con el debilitamiento de la economía global, puede que tengamos que revisar nuestro punto de vista, al menos a corto y medio plazo. Por otro lado, las últimas intervenciones de los bancos centrales fueron realizadas bajo el telón de un serio riesgo deflacionista. Ahora la situación es totalmente diferente. Las presiones inflacionistas aún persisten y cualquier reblandecimiento de la política monetaria puede hacer que aflore la inflación. No obstante, podemos concluir que a corto y medio plazo, la reciente crisis ha reducido visiblemente el riesgo de inflación. A largo plazo, no obstante, los bancos centrales pueden destapar la caja de Pandora abandonando su lucha contra la inflación. Mantengamos la respiración.
¿Puede cambiar el sesgo de los bancos centrales?
Las actuales condiciones de los mercados han obligado a los bancos centrales de todo el mundo a abandonar su política vigilante de inflación por un instante y concentrar sus esfuerzos en evitar daños a largo plazo causados por el pánico inversor. El mercado espera un recorte de tipos de interés de 25 puntos básicos en la siguiente reunión de la Fed el día 18 de septiembre. Que recorte o no la Fed los tipos de interés dependerá en parte de las noticias económicas y en parte de la evolución de los mercados hasta entonces. En realidad, los recientes datos indican que la economía americana se está recuperando del bache, lo que podría añadir argumentos a que la Fed no necesita recortar los tipos. No obstante, esta jugada podría ser ganadora y aportar espectaculares beneficios. Esperamos que la Fed recorte los tipos de interés.
En el Reino Unido la situación es más precaria. Ninguna de las economías de los de G7 es más dependiente del sector financiero que la británica. El reciente caos en los mercados financieros puede causar un serio daño a la economía británica. En resumen, creemos que la crisis crediticia de este verano ha cambiado fundamentalmente el panorama en cuanto a los tipos a corto plazo y ahora esperamos un masivo recorte de los tipos de interés de aquí a la primavera. Nuestro punto de vista era diferente tan solo hace un par de meses, antes de la debacle de los mercados financieros.
Posible tendencia del precio del oro
El precio del oro probablemente seguirá la tendencia de la inflación. En el corto y medio plazo, el panorama se ha deteriorado debido a las sombrías perspectivas económicas. Aunque a largo plazo, sospechamos que los bancos centrales pueden conseguir sus propósitos cambiando el curso de la corriente (haciendo justicia a los banqueros centrales de todo el mundo, solo la Fed ha declarado oficialmente el cambio del sesgo). Si nuestras consideraciones respecto la inflación a largo plazo son correctas, habrá unas subidas sustanciales del precio del oro a largo plazo. Solo hace falta un poco de paciencia.
El precio de la propiedad se hundirá
Una consecuencia inevitable de la reciente debacle es un brusco parón de los ascensos de muchos años de los precios de la vivienda. Gran parte de este incremento de los precios en los últimos años fue causado por las segundas hipotecas (en Reino Unidos, en muchos casos por las terceras, cuartas e incluso quintas hipotecas) al igual que por la proliferación de las hipotecas para las que no hacía falta presentar ningún tipo de documentación. El endurecimiento de las condiciones hipotecarias será una de las consecuencias de esta crisis. En el mejor de los casos los precios permanecerán invariables, y en el peor, caerán un 25-35%. Mentalícese para algo intermedio.
¿Qué pasa con los hedge funds?
Una de las desagradables sorpresas de la actual crisis fue que algunos - no todos - de los hedge funds se encontraron pillados por la crisis. Los modelos de gestión de riesgos, que fueron considerados sólidos, han sido tirados por la ventana. Los gestores de los hedge funds utilizan el método que se llama VaR (Value at Risk). El proceso entero de la gestión de riesgo se construye en este número y esta crisis ha demostrado su inutilidad. También, esta crisis ha revelado como los activos que no tienen nada que ver, al final están correlacionados. Hemos escrito sobre este asunto anteriormente, pero la reciente crisis nos ha recordado que cuando todo va bien y de repente todo va al traste, no hay donde esconderse.
Finalmente, quieran o no, los gestores de los hedge funds también tendrán que encarar un ambiente crediticio mucho más complicado que hasta ahora. Muchos bancos han aprendido una amarga lección en las últimas semanas y, a partir de ahora, habrá que contestar muchas preguntas antes de conseguir una línea de crédito. Este hecho golpeará duramente a los fondos de nueva creación y hará desacelerar el crecimiento de la industria al menos a lo largo de los dos próximos años.
¿Replicación de la muerte de los hedge funds?
Las enormes pérdidas de los hedge funds cuantitativos en julio y agosto hicieron levantar más de una ceja. Y como hemos visto más arriba muchos modelos de gestión dejaron de funcionar este verano. Los fondos quant funcionan al 100% con modelos matemáticos y los “avispados” que están detrás de las fórmulas no pudieron o no quisieron intervenir hasta que el daño fue hecho.
Ahora, vamos a echar un vistazo al último artilugio de los mercados que es conocido como replicación de los hedge funds. En cierto modo, estos fondos tienen de hedge funds lo mismo que los fondos indexados tienen de industria de mutualidad. Muchos comentaristas de mercado ven un gran futuro para estos fondos y esperan que estos fondos de replicación serán la siguiente multi-billonaria industria. Al menos eso es lo consideraban hasta ahora. El problema es que muchos fondos de replicación se basan en modelos similares a aquellos utilizados por los fondos cuantitativos. Suponemos que el apetito inversor hacia estos nuevos productos será poco entusiasta dado el daño causado en estas últimas semanas.
Larga vida a la liquidez
Como siempre, estar en liquidez es la mejor solución cuando acecha el pánico. Le aconsejamos que no se lance a comprar cualquier cosa. La crisis actual me recuerda la crisis de LTCM en 1998 que tardó varios meses en remitir. Sería una gran sorpresa si no ocurre otra réplica del terremoto crediticio, así que ya tendrá oportunidades de inversión más atractivas dentro de algunas semanas.
Niels C. Jensen, Socio
Absolute Return Partners LLP
http://elsabado.es/Actualidad/Articulos/46CreditCrunch.html
¿Ha llegado el momento Minsky?
Según el economista Hyman Minsky, nuestra economía es un gigante esquema de Ponzi que está a punto de desmoronarse. ¿Tendrá razón? Informa Simon Wilson.
¿Por qué Minsky se ha vuelto tan popular?
Minsky fue un economista medianamente famoso que murió en 1996 a la edad de 77 años. Fue muy respetado en su círculo pero fue después de su muerte cuando se cumplió misteriosamente su teoría, descrita en 1970, de que la expansión crediticia provoca una burbuja de activos y Minsky se convirtió en el héroe de muchos bajistas. Sus postulados que razonan el nacimiento, el desarrollo y el final de una burbuja, describieron exactamente la aparición y el pinchazo de la burbuja tecnológica.
Y ahora la crisis de las hipotecas de alto riesgo (hipotecas subprime) sigue el mismo patrón.
¿Cómo eran sus ideas económicas?
La idea más famosa de Minsky es “la estabilidad es inestable”. En breves palabras significa que los períodos inusualmente prolongados de la estabilidad económica calman a los inversores hasta tal extremo que estos pierden la noción del riesgo y por tanto el riesgo asumido alcanza niveles muy peligrosos, lo que les lleva a endeudarse excesivamente y pagar unos precios muy elevados por los activos. Minsky dividió a todos los deudores en tres tipos, según su facilidad de asumir riesgos cada vez más altos. Los deudores de cobertura pueden afrontar el pago de todas sus obligaciones con flujos de efectivo generados por ellos. Los deudores especulativos pueden afrontar el pago de los intereses, pero tienen que ir refinanciando la deuda para poder devolver el primer crédito. Los deudores Ponzi (llamados por el nombre del famoso estafador descubridor del sistema piramidal) no pueden pagar ni los intereses, ni devolver el principal, y únicamente dependen del ascenso de los precios de los activos para ir refinanciando continuamente su deuda. Conforme más prolongado es el período de estabilidad económica, sigue en su argumentación, una parte de la sociedad cada vez mayor se inclina por el método Ponzi, hasta que todo el sistema económico se convierte en un castillo de naipes construido sobre la base del crédito excesivamente barato y la especulación.
¿Es una idea ortodoxa?
No. La opinión generalizada considera el capitalismo como un sistema esencialmente estable, que tiende a un continuo y fuerte crecimiento. Las apariciones de las crisis son debidas a los errores de los políticos (por ejemplo, la política monetaria demasiado conservadora de la Reserva Federal que según muchos economistas empeoró la situación durante la Gran Depresión ), o a los estímulos externos como, por ejemplo, la crisis del petróleo en 1970 por culpa de la subida del precio por parte de la OPEP. Por el contrario, Minsky sostiene la tesis de que el capitalismo es propenso a las crisis por naturaleza; incluso los buenos tiempos llegan a su fin cuando la gente se vuelve muy confiada y se endeuda hasta las cejas.
¿Por qué sus ideas son tan relevantes ahora?
Desde que se desató la crisis de las hipotecas subprime todos conocemos a los deudores Ponzi de Minsky. Pero Minsky fue aún más lejos, describiendo el proceso cuando las entidades financieras, que también hayan asumido un riesgo elevado durante la bonanza económica, descubren métodos y maneras de sortear las normas y regulaciones que consideran demasiado conservadoras. Otra vez más, el ejemplo es el tratamiento del relajamiento del crédito hipotecario por parte de los senadores y reguladores americanos, pero también hay más ejemplos. Joseph Schumpeter (profesor de Minsky) es famoso por las ideas de que el capitalismo se renueve a sí mismo a través de la competición e innovación, la “destrucción creativa” que se deshace de lo malo e instala lo bueno. Pero mientras Schumpeter basaba el progreso en el desarrollo tecnológico, Minsky lo atribuía al sistema bancario y financiero. En 1993 en un ensayo que tituló Schumpeter y las Finanzas, escribió: “En ninguna parte la evolución, el cambio y el emprendimiento schumpeteriano se hacen tan patentes como en el sistema bancario y financiero y en ninguna parte el beneficio es el factor más claro de la evolución.” Precisamente este enfoque en la innovación financiera y su influencia desestabilizadora nos explica las razones de las alarmas que están sonando en Wall Street y en la City.
¿Por qué debemos preocuparnos por la inestabilidad?
La razón de la preocupación es porque el mundo financiero está mostrando la misma mentalidad de siempre de “esta vez será diferente”, como indicó Edward Chancellor en Institutional Investor. El éxito de las autoridades evitando la explosión deflacionista en 2002 a través de la política de dinero barato facilitó que la población asumiera grandes deudas, mientras la competencia entre los prestamistas llevó a la relajación de las condiciones del crédito (haciendo posible el boom actual del capital riesgo, por ejemplo). La creación y el desarrollo de los mercados de derivados de crédito, asegurados y reasegurados y vendidos muchas veces a través de las webs de transacciones para sortear la regulación, fue el intento de proteger el sistema crediticio, como había predicho Minsky. La pregunta ahora es, como dijo el economista de UBS George Magnus, “¿ha llegado el momento Minsky?”
¿Y esto qué es?
El momento Minsky llega cuando “los prestamistas se vuelven extremadamente cautelosos o restrictivos y cuando no solamente entidades excesivamente apalancadas encuentran dificultades de financiación”, explica Magnus. Entonces, el ciclo crediticio de Minsky, que puede extenderse más allá de los visibles puntos críticos mientras haya plusvalías que salvar, tiende a explotar. Como concluye Chancellor, “los inversores que acepten este análisis probablemente llegarán a la conclusión que ahora mismo la rentabilidad no compensa el riesgo, y optarán por una cartera defensiva, manteniéndose en liquidez hasta que la relación de rentabilidad-riesgo sea más aceptable.”
¿Cómo funciona el modelo de burbuja de Minsky?
Minsky sostuvo que una burbuja toma sus comienzos con un “impulso”, como lo puede ser un significativo invento, por ejemplo, internet, lo que crea grandes oportunidades de obtención de beneficios en un determinado sector. Pero aún así esto no es suficiente. Es necesaria innovación financiera que dé acceso al crédito barato para luego pasar a la siguiente fase: exceso de especulación. Los inversores entran, dando codazos, en el sector afectado, elevando la demanda y empujando los precios más y más hacia arriba. La fase de la euforia se instala cuando los inversores “Ponzi” se dedican a la especulación, muy a menudo con dinero prestado, seguros de que “habrá algún tonto” que les compre sus activos a precios aún más altos. Pero de repente, sea debido a las ventas de los insiders o al endurecimiento de las condiciones del crédito, el mercado empieza a caer y el pánico se apodera de los participantes del mercado. La siguiente fase será la estampida general y la bancarrota.
http://elsabado.es/Actualidad/Articulos/44MomentoMinsky.html
La nueva danza de la locura
Bernie Schaeffer declara culpable a la Fed por los errores que ha cometido por ambos lados.
¿Eran necesarias todas estas subidas de los tipos de interés? Olvidense incluso de los actuales mercados crediticios que están clamando por un recorte de los tipos. Las curvas de las rentabilidades de los bonos se habían invertido mucho antes de la crisis actual, y la inversión de las curvas de las rentabilidades (cuando los tipos a corto están más altos que los tipos a largo plazo) tradicionalmente fue la precursora de una recesión y un claro indicador que la política de la Fed es demasiado dura.
Se podría decir que la Fed “se tiró un farol” ante los propietarios de las viviendas, pasando de la política monetaria demasiado expansiva a endurecerla innecesariamente, incluso viendo que la deuda hipotecaria estaba creciendo más y más. Y ahora como si nada, un billón de dólares de las hipotecas ARM (hipotecas a tipo variable) aumentará su coste hasta los niveles más altos de los últimos dos años.
Ben Bernanke se comió el falso anzuelo del miedo a la deflación de 2001. Y ahora, cuando la deflación es realmente una amenaza, a través del sector inmobiliario, causada por el descenso de los precios y el aumento del coste de las hipotecas, se preocupa por la inflación. Si encima se demuestra que está igual de equivocado en sus previsiones de crecimiento, las consecuencias pueden ser desastrosas.
Es necesario un recorte de los tipos de interés de 50 puntos básicos antes de la reunión de la Fed del 18 de septiembre. Este recorte es necesario no para dar un balón de oxígeno a Main Street o a Wall Street, sino para corregir las consecuencias de los tipos excesivamente altos. Y hablando de los mercados, casi estoy seguro de que si el día 18 de septiembre finaliza sin tal recorte, los mercados caerán sin fuerza de las frías y muertas manos del actual Presidente de la Reserva Federal.
Aunque por otro lado, aquellas subidas de los tipos fueron necesarias, aunque fuera para cerrar las puertas a la especulación apalancada. La fiesta del crédito duró mucho más de lo que se creía y ha acabado con una explosión en mitad del verano, al igual que el mercado inmobiliario explotó en mitad del verano de hace dos años.
Pero a lo largo de estos dos años, la especulación pasó del sector inmobiliario a las fusiones y adquisiciones empresariales vía compras apalancadas, encabezando la lista de los LBOs Chuck Prince, el CEO de Citigroup, proclamando que la actividad de fusiones y adquisiones nunca se acabará, "Todavía seguimos danzando". Y ahora Citigroup, J.P. Morgan Chase, Lehman y Bear Stearns, están todos atrapados ahora con las obligaciones LBO que los bancos no quieren financiar.
Y mientras los payasos estaban danzando, la Fed simplemente subía los tipos, sin importarle lo que estaba sucediendo con el sector de la vivienda. Y como indica Schaeffer, la ironía de las preocupaciones de Bernanke es para nota. Está muy claro el peligro de un colapso del crédito deflacionista, con Bernanke preocupándose (o supuestamente preocupándose) por la inflación. ¿Pero dónde estaba Bernanke cuando los tipos estaban al 1%?
El mundo entero ahora está chocando contra una enorme masa de la deuda especulativa, y a los banqueros centrales les ha entrado pánico sobre el asunto (vean El pánico habla más alto que las palabras y Algunas ideas más sobre como atajar la crisis inmobiliaria). Ciertamente, ahora la danza es diferente. Vamos a llamarla Manipulación de Bernanke.
Y mientras sea necesario un recorte de 50 puntos básicos, la idea de que esto “corregirá las consecuencias de las subidas excesivas de los tipos” es simplemente equivocada. La única manera de corregir las consecuencias de la actuación de la Fed hubiera sido no permitir el crecimiento de la burbuja inmobiliaria/crediticia.
No hay manera de reparar el daño
* No hay manera de “desconstruir” todas las viviendas que han sido construidas y que nadie necesita.
* No hay manera de deshacer los créditos vinculados a las compras de estas casas.
* No hay manera de deshacer aquellos enormes bloques de apartamentos que han sido elevados como monumentos a la estupidez.
* No hay manera de deshacer aquellas OPAs y fusiones realizadas con una gran deuda.
* No hay manera de deshacer aquella tremenda oferta de bonos basura.
* No hay manera de deshacer el daño que todo esto causará a los planes de pensiones, planes de seguros de vida, etc.
Así que mientras Schaeffer tiene razón aseverando que la Fed ha cometido errores por ambos lados, y también es correcta su afirmación de que “si el día 18 de septiembre finaliza sin tal recorte, los mercados caerán sin fuerza de las frías y muertas manos del actual Presidente de la Reserva Federal ”, no hay nada que hacer para “corregir las consecuencias” de los disparos de la Fed a discreción.
Es demasiado tarde para deshacer el daño de la Fed , no importa cuantas lecciones de danza tome Bernanke.
Mike Shedlock (Mish)
http://globaleconomicanalysis.blogspot.com/
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