domingo 11 de enero de 2009

Las duras lecciones de 2008

¡Qué año! No he visto otro año igual en toda mi vida que tan elocuentemente haya descrito el escenario de burbuja-pinchazo como lo fue 2008. Si miráis gráficos de las materias primas, por ejemplo, de este año, veréis que se parece al Everest; subiendo durante los primeros seis meses y bajando en vertical a lo largo de los últimos. La bolsa, desde luego, fue el mayor show terrorífico en muchos países. El año estuvo lleno de controversias, miedo, incertidumbre y un sinfín de emociones. Pero ¿qué es lo que hemos aprendido? ¿Qué lecciones vamos a sacar de este tumultuoso año? Aquí tenemos algunas de las que espero que hayamos aprendido (sobre todo los empresarios y políticos americanos).

Lección 1: La deuda y el apalancamiento son unas armas temibles que pueden destruirnos (si perdemos el control). ¿Cuántos hedge funds, bancos de inversión y entidades financieras fueron borrados del mapa de un plumazo porque habían llegado demasiado lejos? ¿Cuántos propietarios de viviendas sintieron la implacable mano de la destrucción cuando su deuda se ha vuelto insostenible siguiente la falacia de que el valor de sus viviendas no podía hacer otra cosa que seguir subiendo? Usada con moderación y sabiduría, la deuda ayuda. Como estratega financiero, no comparto la idea de que hay que evitar la deuda por completo.

En la conferencia que di en diciembre (Financial Vortex) comenté que si entramos en depresión con alta inflación, entonces pagar tranquilamente un bajo interés, el interés fijo de una hipoteca a 30 años, no es mala idea. Creo que la inflación será reavivada por nuestro extremadamente receloso gobierno en los próximos meses y pienso que llegará a ser de doble dígito (si no más) durante los años 2009 – 2011. ¿Y por qué no pagar, digamos, una hipoteca a 30 años a un 4% si la inflación está en un 10% lo cual hará subir las inversiones protegidas contra la inflación? Obviamente, el resto de vuestra situación financiera tiene que estar bien (como, por ejemplo, tener una fuente estable de ingresos). El problema es controlar la deuda y mantener los límites.

Lección 2: El viejo debate de cómo reducir el déficit del presupuesto (“más impuestos” contra “menos gastos”) ahora debe ser resuelto. Durante décadas estaba escuchando el cansino debate sobre cómo reducir el déficit por cuenta corriente del gobierno. Una parte de los economistas decía que el déficit era el resultado de un elevado gasto. Otra parte declaraba que la mejor cura para reducir dicho desajuste es mediante el incremento de los impuestos (“los impuestos están muy bajos”). Luego teníamos otra tercera corriente, centrista digamos, que proclamaba “necesitamos una combinación de la reducción de gastos y de la subida de los impuestos”. ¿Qué es lo que nos dice el año 2008 sobre este debate? Nos dice, con vehemencia, que los déficits presupuestarios son causados por el exceso del gasto. ¡Ahora estamos entrando en la época de déficits billonarios! No existen impuestos suficientes para resolver este problema. No podemos seguir gastando de manera tan monstruosa.

La deuda americana subió a más de 10 billones de dólares en octubre pasado y a la hora de escribir este artículo está alcanzando 12 billones, aumentando rápidamente. Todos aquellos cerebritos políticos que claman por reducir la deuda mediante subida de los impuestos se enfrentan a (a) que la deuda quedará sin saldar y (b) causará un grave daño a la economía. Repito: los impuestos no ayudarán a limar el desequilibrio y realmente causarán un daño irreparable dado que los impuestos más altos en realidad perjudican la economía. Cuando la economía está dañada, las recaudaciones bajan y el déficit aumenta.

En el sector privado, cualquier empresa o individuo que gasta más de lo que ingresa está siendo llamado al orden por el mercado, castigado con dureza económicamente, y acabando en quiebra. ¡Pero los gobiernos no!

Y no solamente estoy hablando sobre el gobierno federal; miren lo que sucede con los gobiernos de los estados. Según el último informe, 41 de los 50 gobiernos estatales han incurrido en graves déficits y muchos de ellos intentarán resolver los errores de su gestión financiera pidiendo dinero al gobierno federal y… adivinad… subiendo los impuestos. ¿Cuándo aprenderán? Gastan mucho más de lo que cualquier ingreso por recaudación de impuestos puede permitir. Y sí… la mayor parte del gasto recae en los funcionarios, esta lección es muy parecida a la que hemos descrito en la Lección 1.

Lección 3: John Maynard Keynes estuvo equivocado. ¡Equivocado! La economía keynesiana tiene que ser descartada inmediatamente. Sí… es cierto. En los años 80, finalmente aprendimos que el Marxismo y el socialismo fueron (y siguen siendo) teorías muy estúpidas y destructivas, políticas económicas coactivas. Los únicos sitios donde estás horrorosas y retrasadas políticas “funcionaron” fue en los cerrados sótanos de las facultades de económicas de algunas universidades americanas (¡Que dios se apiade de nuestras almas!). Ahora, al igual que entonces, necesitamos aprender.

La economía keynesiana nos llevaría a un terrible multibillonario tumulto. Las administraciones de economía de Clinton y Bush fueron expertas en el pensamiento económico keynesiano y (desafortunadamente) la administración del nuevo presidente también está inmersa en estas ideas destructivas. Las políticas basadas fundamentalmente en ideas defectuosas resultan ser fundamentalmente defectuosas políticas. Es por esto por lo que se me antoja que nuestros problemas económicos (a) no se van a solucionar y (b) empeorarán progresivamente.

El siguiente apartado aportará algunas de las razones de por qué las ideas económicas keynesianas están equivocadas. Pasemos a la siguiente lección.

Lección 4: Ludwig von Mises y la escuela austriaca de economía tenían razón. Los últimos 80 años (y la actual crisis) ahora nos proporcionan una amplia prueba de ello. Mises predijo correctamente la Gran Depresión años antes de que ocurriera mientras la mayoría de los economistas estaban ciegos y luego se sintieron sorprendidos. Mises correctamente diagnosticó y reveló el problema de las subidas, las burbujas y los crashes. En repetidas ocasiones indicó los problemas causados por la planificación centralizada de los gobiernos, asimismo cómo las emisiones del nuevo dinero destruían el sistema, describiendo el abuso propiciado por los políticos y banqueros centrales. Podéis leer sus obras en www.Mises.org y os animo a cada uno a investigar sobre los temas que plantea Mises. Y ¡por favor! hablad de sus obras a cada profesor de universidad que conozcáis. ¿Cómo podemos resolver los crónicos problemas económicos, siguiendo las enseñanzas de Keynes y Marx e ignorando las ideas de Mises?

Lección5: Cuanto más autosuficientes y más responsables seamos, mejor nos irá. Las empresas y las agencias gubernamentales, todas están en una situación muy delicada y hemos aprendido que podemos perder nuestro empleo muy fácilmente. Nos quedaremos sin pensión. Nuestra carrera estará arruinada. Nuestras casas pueden perder el valor y nuestra deuda será nuestra pesadilla. Aquellos que han sobrevivido el año 2008 básicamente intactos son los que pudieron controlar su situación y son los que no asumieron aquello de “ya vendrá alguien y me rescatará”. De ahora en adelante, asumid que NADIE se va a preocupar por vosotros, ni por vuestro bienestar, ni por vuestro dinero, ni vuestras pensiones, ni por vuestro futuro financiero. Y ahora a ver si me equivoco, muchas cosas que os tenían que arreglar los demás, ¿a qué no han salido tan mal que os esperabais?  Pero no os acostumbréis.

Por ejemplo, ¿qué haríais si la Seguridad Social quebrara? Pues entonces, la gente mayor de 60 años debería de gozar de una buenísima salud, porque si no… Aconsejo a mis estudiantes planificar su jubilación sin depender de la Seguridad Social porque si todos vamos a depender de las pensiones de la Seguridad Social, este organismo no durará ni dos telediarios. Es mejor asumir que nadie vendrá a nuestro rescate porque si no lo hace, estaremos preparados. Los años venideros no van a ser nada alentadores; cuidad de vosotros, de la gente que os rodea y ganaréis. Mirad a la gente que ser arruinó en 2008 (y lo que se arruinarán en los próximos años) y aprended que no podemos depender de terceros para que nos garanticen el mínimo para vivir decentemente.

Seguro… que hubo más lecciones que nos dio el fatídico año 2008. Pero he de recordar una lección más: los artículos largos nunca se leen. En cualquier caso, os deseo un feliz y próspero año nuevo (y si no es así, hemos de HACER que sea así).

Paul Mladjenovic, CFP

viernes 9 de enero de 2009

Los desafíos de la crisis financiera internacional

Los desafíos de la crisis financiera internacional Xavier Freixas, Universitat Pompeu Fabra and CEPR Instituto Bancario Santiago de Chile, 2008 Créditos tóxicos en los EEUU • 400.000 millones, de los cuales el 50% reside en el sector bancario y el resto distribuido entre gestores de fondo, fondos de inversión, compañías aseguradoras y “hedge funds” • Unos 200.000 millones en bancos e instituciones financieras europeas • Los bancos ya han declarado unas pérdidas de unos 165.000 millones ¿Burbujas? • El mercado inmobiliario • El mercado bursátil • El mercado de CDS ¿Burbujas negativas? • Límites al short selling Riesgo sistémico • Combina tres elementos – Fragilidad macroeconómica (el factor único en Basilea II) – Contagio financiero o real • ¿Expectativas? • ¿Sistema de pago? • El efecto dominó a través de los préstamos y operaciones entre bancos • “Debt deflation” • Impacto de los precios de los activos sobre los comportamientos de las entidades bancarias: Adrian y Shin(2008) – Un detonador Fragilidad macroeconómica y la “great moderation” • El periodo anterior se caracteriza por la gran estabilidad • Una política monetaria más rigurosa ha permitido limitar la inflación • ¿puede dicha “great moderation” haber generado burbujas en el mercado inmobiliario y en el mercado bursátil? Su ausencia de los índices de precios justificaría dicho argumento La crisis como cambio de régimen • El mercado interbancario a 3 y 6 meses ha pasado de ser un mercado perfecto a ser inexistente • Los “spreads” se han visto incrementados • La crisis no es un reajuste del precio del riesgo crediticio, sino un “lemon’s market” Contagio 2007-2008 • Contagio entre países y contagio entre activos se produce a través de la depreciación de los activos. (Fire sale) • Efecto de las agencias de rating y de las reglas contables Efectos reales de una contracción bancaria • Fischer (1933) “debt deflation”: un decremento en el precio de las garantías reduce el crédito y acelera la recesión económica • El crecimiento mundial como bien público • Credit crunch El método “originate and distribute” • ¿causa o detonador? Lección 1: los efectivos bancarios son opacos • Las perdidas bancarias son declaradas progresivamente (Merrill Lynch) • La utilización del valor del mercado “fair value accounting” refleja inmediatamente todas las burbujas. Alternativa: “mark to model”. Lección 2: los límites de la disciplina de mercado • “La disciplina de mercado aumenta la eficiencia” • El argumento teórico argumenta que un banco mal gestionado tendrá dificultades para financiarse Lección 2: (continuación) • Lo que hemos aprendido es que cuando la información en el mercado es insuficiente, la disciplina de mercado deja sin liquidez a casi todos los bancos • La disciplina de mercado combinada con buena información es provechoso; combinada con opacidad es una pesadilla para los bancos centrales Lección 3: la política de liquidación de los bancos centrales no es creíble • La política anunciada de los bancos centrales es liquidar a aquellos bancos que no sean sistémicos (AIG) • Ya no es creíble (¿too-many-to-fail?) • El resultado es que la red de seguridad es más extensa de lo inicialmente calculado Lección 4: la oferta de liquidez y la política de riesgo crediticio de los bancos centrales 1. Riesgo de liquidez y de solvencia no pueden ser separados 2. El banco central tiene que proveer liquidez 3. El banco central tiene que aceptar colateral de calidad dudosa 4. Por otra parte, las intervenciones de la Federal Reserve han tendido también a estabilizar los mercados financieros. ¿Es este tipo de intervención necesario? Northern Rock: un caso ilustrativo 1. Fallido del esquema de coaseguro de los depósitos 2. El seguro de liquidez tiene que completar al seguro de depósitos 3. Los compromisos ex-ante no son creíbles 4. La delegación a múltiples agentes (FCA, Banco de Inglaterra, ...) puede crear problemas de incentivos Lección 5: Prociclicalidad • “Debt deflation” la oferta de crédito genera su propia demanda • ¿Es la regulación de solvencia en Basilea II responsable de la prociclicalidad? Lección 6 contabilización • En mercados ilíquidos no debe usarse el mark to market: insuficiente • En mercados líquidos implica basar el crédito en un activo sobrevalorado Lección 7 (regulación bancaria) • Securitización: definir cuando un activo sale del balance • Basilea II va en la buena dirección Lección 8 (regulación bancaria) • ¿Regulación de las agencias de rating? No • Regulación del mercado de servicios de las agencias de rating • Regulación de las agencias aseguradoras (monolines) 20 Conclusión • Se combinan elementos nuevos y elementos de una crisis clásica. • Las expectativas son negativas con caídas en la actividad en la mayoría de países • ¿Qué impacto sobre la actividad real?

sábado 29 de noviembre de 2008

La falacia de la neutralidad del dinero

28/11/2008 - Manuel Llamas

La falacia de la neutralidad del dinero

Los monetaristas han fracasado una vez más. La mayoría de los economistas de hoy en día, incluidos aquellos que se autodenominan falazmente liberales, desconocen el origen de la actual crisis económica y, por lo tanto, aún más su posible solución. El error radica en una teoría equivocada acerca de la auténtica relación existente entre el capital y la economía real.

El dinero no es neutral y, como consecuencia, su manipulación arbitraria por parte de los reguladores estatales (banca central) acaba mostrando sus terribles efectos tarde o temprano, tal y como acontece en la actualidad. Lo paradójico es que dicho problema ya fue diseccionado en profundidad a la luz del análisis teórico desarrollado por el principal valedor de la Escuela Austríaca de Economía, Ludwig von Mises. Sin embargo, pese al certero diagnóstico aplicado en este ámbito, la política monetaria vigente sigue bebiendo de los criterios dictados por la Escuela de Chicago, persistiendo en los mismos errores de base cometidos en el pasado.

De ahí precisamente la importancia de revivir las enseñanzas derivadas del debate teórico mantenido a lo largo de las últimas décadas por ambas corrientes acerca de la denominada "hipótesis de la neutralidad del dinero". Lo importante aquí es que un cambio en la comprensión de este fenómeno, es decir, que el dinero no es neutral a largo plazo, modificaría de forma sustancial los cimientos sobre los que se sustenta la política monetaria vigente a nivel mundial.

Los monetaristas construyen toda su teoría sobre hipotéticos modelos de equilibrio que nunca acontecen en la vida real. Su concepción cuantitativa del dinero afirma que un incremento de la oferta monetaria tan sólo se materializa en un incremento de los precios, de tal forma que sus posibles efectos adversos sobre la producción, el consumo o el empleo (variables de la economía real) siempre quedarán neutralizados a largo plazo.

Así, por ejemplo, David Hume asegura que no importa la cantidad de dinero en circulación que exista en un determinado país. Ya sea, mayor o menor, bastará para facilitar su función esencial, el intercambio de bienes. Así, si durante la noche se duplicara la cantidad de dinero que posee cada individuo, al día siguiente no habría ni más prestamistas ni variación alguna en el interés a aplicar. Es decir, a largo plazo, tal variación no modificaría en absoluto ni la actividad productiva ni la velocidad de la circulación monetaria. Según Hume, tan sólo se doblaría el nivel general de precios.

Es decir, la expansión monetaria traería como resultado una particular transición de un estado de equilibrio inicial (punto de partida) a otro estado de equilibrio a largo plazo, en donde el único efecto permanente sería un aumento correlativo de los precios.

Irving Fisher, por su parte, reconoce que puede provocar un incremento transitorio de los márgenes de ganancia de determinados productores, ya que ese dinero creado ex novo impulsa la demanda de determinados bienes y, como consecuencia, estimula una mayor oferta de esos productos. Sin embargo, la flexibilidad del mercado logra corregir a corto plazo los beneficios inflados, dando fin a la fase del boom.

De este modo, Fisher concluía que la causa de los ciclos debíamos buscarla en el aumento de la oferta monetaria no anticipada por los agentes económicos. Por ello, su diagnóstico consistía en aplicar una política monetaria que tuviera como principal objetivo mantener una inflación estable. Justifica, pues, la existencia de la banca central (planificación monetaria) y el seguimiento de un indicador que, en realidad, es muy incompleto (el índice de precios de consumo o cesta básica de la compra), para controlar los efectos de la expansión monetaria.

Por su parte, Milton Friedman, autor de referencia para los pseudoliberales del pasado siglo, llega a una conclusión similar. Los cambios monetarios afectan a la producción, pero a corto plazo (entre 5 y 10 años), mientras que dicha expansión fiduciaria se traduce en un aumento de precios a largo (décadas). De hecho, admite que las variaciones amplias en la cantidad de dinero disponible son desestabilizadoras y deben evitarse. Sin embargo, aboga por establecer una política monetaria automática: que la cantidad de dinero crezca a una tasa estable anual para impulsar el crecimiento económico. Es decir, nuevamente, intervención monetaria a través de los bancos centrales.

Todo este edificio teórico se ha derrumbado, y lo triste es que los monetaristas parecen no darse cuenta. Y eso que la solución fue explicada por Mises hace décadas en su obra Teoría del dinero y del crédito (1912). El dinero nunca puede ser neutral por definición y naturaleza. Existe y, por lo tanto, está sometido a la valoración subjetiva de los individuos. Es decir, no es algo objetivo y cuantificable.

Así, la variación en el volumen de dinero, por fuerza, distorsiona el precio relativo de los bienes. Y ello por la simple razón de que el precio de los productos nunca aumenta de forma homogénea y agregada, sino todo lo contrario. El dinero ex novo lo recibe en primer lugar un número limitado de agentes, que demandan ciertos bienes y que, por extensión, modifican la estructura de precios relativos.

Los precios nunca cambian por igual, al mismo tiempo y en la misma dirección, tal y como expone el análisis microeconómico e individualista de la economía frente a la teoría cuantitativa o agregada de la Escuela de Chicago. Y es que, los precios relativos determinan el volumen y la dirección de la producción, por lo que cualquier cambio en la cantidad de dinero acaba afectando de una u otra forma a la estructura productiva.

Esta cuestión se clarifica aún más al concluir que, aunque todo el mundo se levantara un día con x unidades más de dinero, cada individuo valorará de forma diferente (subjetiva) cada unidad adicional del mismo. De ahí que resulte falso que una duplicación del dinero en circulación reduzca a la mitad el poder adquisitivo del mismo. "Todo aumento de la oferta monetaria provocará efectos sobre la demanda y, por lo tanto, un aumento desigual en los precios de los bienes. No todas las mercancías serán demandadas en igual cantidad, ni las más intensamente demandadas serán afectadas en el mismo grado".

La manipulación arbitraria de tipos efectuada por los bancos centrales es la principal responsable de los auges y depresiones de la actividad económica. ¿Por qué? El proceso de producción tiene lugar en un marco de tiempo, en donde los empresarios efectúan sus inversiones guiados por dos elementos clave (precios y tipo de interés) para asignar los recursos de la forma más eficiente posible en las distintas etapas del proceso.

La inyección fiduciaria o la expansión del crédito, por fuerza, distorsiona ambas señales, y conduce a los agentes económicos a efectuar malas inversiones. Y es que sin tal intervención pública sobre los tipos de interés algunos procesos nunca se habrían emprendido. Es decir, tan sólo resultan rentables con tipos de interés artificialmente bajos. Además, alargan artificialmente la estructura productiva, y los agentes tienden a sobreinvertir en la producción de bienes de capital en detrimento de bienes de consumo.

El problema es que, tarde o temprano, esta situación se hace insostenible cuando aparece el "riesgo inflacionario". Es entonces cuando la autoridad política no puede mantener por más tiempo el interés bajo, saltando a la luz el volumen de malas inversiones efectuadas. Como resultado, los efectos de la fase expansiva se invierten y surge la recesión, el desempleo, la deflación, la restricción del crédito y la caída del consumo, entre otros. La crisis es inevitable. Tan sólo cabe prevenirla impidiendo el aumento de la oferta de dinero.

Mises demuestra que el dinero no es neutral ni a corto, ni a medio ni a largo plazo. El aumento de la oferta monetaria distorsiona por fuerza los precios relativos de los bienes y modifica la estructura productiva. ¿La solución? Abolir el sistema de banca central, abogar por la banca libre sujeta al patrón oro y aplicar un coeficiente de caja del 100%.

Como observarán, ninguna de estas medidas está encima de la mesa de los líderes gubernamentales, al menos, por el momento. Más bien, todo lo contrario. Asistimos a un nuevo auge del fracasado keynesianismo económico, lo que demuestra que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra (crack del 29). Y tres (crisis del petróleo de los 70) y cuatro (crisis de los 90 en EEUU) y cinco (la burbuja de las punto com) y seis (recesión tras los atentados del 11 de Septiembre)... ¿Y siete?

http://www.juandemariana.org/comentario/2971/falacia/neutralidad/dinero/

viernes 21 de noviembre de 2008

El autismo del mercado


En los cuatro últimos años ha cogido mucha fuerza el movimiento “post-autista” en economía

El autismo del mercado

Paseando por el nuevo campus de la Universidad Complutense en Madrid, en mayo de 1999, me sorprendió ver un eslogan pintado en la pared: ‘¡La economía trata de la gente, no de curvas!

Lunes 17 de noviembre de 2008, por Diego Guerrero

Primero fue un grupo de estudiantes franceses de doctorado (de l’École Normale Supérieure) el que protestó por la falta de pluralismo y el exceso de formalización en la enseñanza y en la investigación de la economía. Luego salió un segundo manifiesto, procedente de la no menos prestigiosa Universidad de Cambridge (en el Reino Unido), que se unió a la protesta sobre bases y argumentos muy similares. Y finalmente han surgido manifiestos e iniciativas en todo el mundo, que han culminado en un “movimiento post-autista” en Economía, que se sostiene en la página web de la pae (post autistic economics) y su correspondiente revista electrónica

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El autismo
Sufrido por los jóvenes economistas liberales más fanáticos, reflejo del sistema económico que defienden

En los dos últimos años ha cogido mucha fuerza el movimiento «post-autista» en economía. Primero fue un grupo de estudiantes franceses de doctorado (de l’École Normale Supérieure) el que protestó por la falta de pluralismo y el exceso de formalización en la enseñanza y en la investigación de la economía. Luego salió un segundo manifiesto, procedente de la no menos prestigiosa Universidad de Cambridge (en el Reino Unido), que se unió a la protesta sobre bases y argumentos muy similares. Y finalmente han surgido manifiestos e iniciativas en todo el mundo, que han culminado en un «movimiento post-autista» en Economía, que se sostiene en la página web de la pae (post autistic economics) y su correspondiente revista electrónica.

Aunque se pueden encontrar otros precedentes a este movimiento –no en vano el problema viene realmente de lejos—, es grato encontrarse con la sorpresa de que, en el último número de la prestigiosa revista neoyorquina Science and Society, el editorialista comente lo siguiente:

«Paseando por el nuevo campus de la Universidad Complutense en Madrid, en mayo de 1999, me sorprendió ver un eslogan pintado en la pared: ‘¡La economía trata de la gente, no de curvas!’. Nadie que no haya estudiado Economía puede captar plenamente ese sentimiento estudiantil de tormento por culpa de las “curvas”, esas relaciones entre variables que se representan mediante diagramas (por ejemplo, la intersección de las curvas de oferta y demanda). El eslogan criticaba la teoría abstracta y cuantitativa de la Economía –y por extensión de las ciencias sociales en general— y abogaba por el estudio de la realidad concreta, histórica y social. No tenía ni idea entonces de que ese eslogan ‘gente versus curvas’ iba a resultar profético. En junio de 2000, un grupo de estudiantes franceses publicó un escrito en la ‘web’, quejándose del estado actual de la Economía: su uso indiscriminado de las matemáticas; el ‘dominio represivo’ de la teoría neoclásica y la exclusión de enfoques alternativos y críticos. Los estudiantes llamaban a los profesionales de la Economía a comprometerse con lo empírico y lo concreto; a evitar el ‘cientifismo’ y abrazar ‘un pluralismo de enfoques adaptado a la complejidad de los objetos económicos y a la incertidumbre que rodea a la mayoría de la grandes cuestiones económicas’; así como a realizar reformas ‘para rescatar a la Economía de su estado autista y socialmente irresponsable’. El manifiesto puso en marcha el Movimiento por una Economía Post-autista, que se ha propagado como el fuego entre los estudiantes de Francia y España, y cuenta con un número creciente de adeptos también en otros países. El 21 de junio, Le Monde hizo un reportaje sobre el tema y se interesó por la opinión al respecto de importantes economistas de todo el mundo. En diciembre del 2000, se realizó un Congreso para reunir propuestas más detalladas. Desde entonces, el movimiento ha seguido creciendo y desarrollándose (http://www.paecon.net/)».

En las Jornadas de Economía Crítica de Valladolid del 28 de febrero al 1 y 2 de marzo de 2002 (las octavas que se celebran en España desde 1987), se discutió un manifiesto que propuso que nos sumásemos en nuestro país a este movimiento. Por tanto, pareció ésta una buena oportunidad de volver a discutir sobre el autismo en la Economía académica y universitaria, empezando quizás por el análisis del fenómeno que le sirve de base real, que es el autismo económico que practica el mercado en la realidad (no sólo en la teoría).

En mi opinión, sobre la cuestión del papel del mercado en la economía y en la sociedad hay tres grandes corrientes cuyo impulso fundamental podemos caracterizar como sigue. En primer lugar, están los «fundamentalistas del mercado», aquéllos a quienes siempre parece insuficiente la cantidad de mercado realmente existente, y que, como los defensores de cualquier otra panacea, hacen bien en ser coherentes con su diagnóstico y reclamar la receta apropiada que se sigue del mismo. Por tanto, sus partidarios quieren universalizar y globalizar aun más la economía de mercado –«el problema es que no hay suficientes mercados», nos dicen—, y recortar o eliminar todas las instituciones y reglas que se oponen por doquier a su dominio absoluto. Estos economistas están dispuestos, no sólo a privatizar el sistema nacional de ferrocarriles (véase la excelente película de Ken Loach, «La cuadrilla», para una ilustración de sus efectos en el caso británico), sino a privatizar incluso las cárceles y, si hiciera falta, siguiendo los postulados del maestro de Margaret Thatcher, Friedrich von Hayek, a privatizar totalmente el dinero en circulación.

Un segundo grupo de economistas, crítico del primero, se presenta como la alternativa a éste y se preocupa, por tanto, sobre todo, por aparecer como lo contrario del fundamentalismo. Entre los que insisten en los numerosos «fallos del mercado» hay todo tipo de sensibilidades teóricas y prácticas, desde las que se basan en un sentido del realismo más acorde con el sentido común hasta las que, más cultas, apoyan sus argumentos en sólidas tradiciones de pensamiento que, si no arrancan con celebridades del siglo XIX, como Karl Marx o Thorstein Veblen, lo hacen con famosos autores del siglo XX o incluso del XXI, desde Karl Polanyi y Maynard Keynes hasta Amartya Sen o Albert Hirschman. Como decía recientemente José Luis Sampedro, el decano de los economistas españoles, para ellos (los críticos) no se trata de eliminar el mercado, sino de conseguir que la economía de mercado no se convierta en una «sociedad de mercado», en una especie de «régimen» todavía más totalitario y asfixiante que el que denunciaron en su momento Diego López Garrido y Nicolás Sartorius (ambos socialdemócratas y ex-comunistas).

Desde esta perspectiva, se entiende bien lo que el movimiento post-autista, integrado sobre todo por economistas pertenecientes a este segundo grupo, concibe como el autismo de los economistas mayoritarios. Es verdad que la definición que del autismo ofrecen los diccionarios plantea algunos problemas de aplicación en este caso. Por ejemplo, el excelente Diccionario de Seco nos describe el autismo como un «trastorno psicológico caracterizado por el ensimismamiento y la falta de interés por el mundo exterior, generalmente acompañado de aislamiento y dificultad de comunicación». Cierto es que los economistas ortodoxos y los fundamentalistas del mercado se encierran en sus modelos bellamente construidos y se olvidan del desapacible mundo exterior. Pero no es verdad que en esa actitud se vean limitados por dificultad de comunicación alguna, sino más bien todo lo contrario. De hecho, de lo que nos quejamos los economistas críticos, en España y en el mundo, es de que estos fundamentalistas de mercado se comunican tanto, con tanta facilidad y con tales medios, que, como efecto colateral inevitable, nos tienen a los demás en un tris de que callemos para siempre jamás.

Pero más difícil lo tenemos aun quienes simpatizamos con el reducido grupo de economistas que compone el tercer grupo en liza. En este caso, no se trata simplemente de denunciar los «fallos de mercado» porque, pensándolo bien, ¿qué partidario del mercado, desde Adam Smith a Milton Friedman, no ha sido al mismo tiempo crítico de algunos de sus fallos más sonados, como ése al que tanta manía le tienen y que se llama «monopolio»? ¿Qué economista, incluidos Carlos Rodríguez Braun o Pedro Schwartz en nuestro suelo patrio, se atrevería a negar la existencia de externalidades o de bienes públicos puros?

Sin embargo, lo que el reducido tercer sector de economistas planteamos es que, a lo peor, es el propio mercado el que encierra el fallo. No se trata de que el Estado y otras instituciones deban complementar o completar el papel del mercado porque hay funciones que aquéllos pueden y deben cumplir mejor que éste. De lo que se trata es que es muy posible que la culpa de los males económicos reales que padece la sociedad de mercado sea del propio mercado. Si el mercado funciona desequilibradamente y crea desigualdad, y si el Estado, tras dos siglos y medios de esfuerzos aparentemente bienintencionados, no es capaz de invertir esa tendencia a la desigualdad, que se presenta hoy con más fuerza que nunca, a lo peor resulta que el sistema no funciona correctamente (sólo hay que leer los periódicos con atención para darse cuenta).

Y es que los economistas de esta tercera clase (los que no viajamos en coche cama ni siquiera en litera) tenemos una pregunta que hacer a nuestros colegas, tras un comentario previo para tantear si podemos ponernos de acuerdo.

Comentario (triple). Los que viajáis en primera nos habláis de la «economía del bienestar» que genera y difunde el mercado entre toda la sociedad. Los que viajáis en segunda respondéis que qué sería del mercado y de la sociedad si no fuera por la benéfica actuación contrarrestante del «Estado del bienestar». Sin embargo, los que nos agolpamos en los vagones de tercera no observamos el bienestar sino en la televisión que nos retransmite lo que sucede en los coches delanteros del tren.

Pregunta. ¿Tan seguro está todo el mundo de que es absolutamente imposible que la sociedad se decida a sustituir estos anticuados trenes por otros en los que todos los viajeros disfruten y sufran de las mismas condiciones materiales?


http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo1078


domingo 19 de octubre de 2008

Como los bancos centrales desestabilizaron la economía

Como los bancos centrales desestabilizaron la economía

El origen de la crisis a la que se está enfrentando América no es político ni tampoco es culpa de un individuo o partido. El mundo entero, incluyendo Europa, está experimentando una masiva debacle monetaria. Además, no es por primera vez que el mundo esté siendo golpeado por una crisis financiera. Sucedió en 1824 y otra vez más después de la Primera Guerra Mundial. Lo que es deprimente es que a pesar de que las causas de aquellas crisis fueron más de una, los actuales banqueros centrales y legiones de economistas se encuentran totalmente perdidos, considerando como causa aquellos datos que realmente no son nada más que síntomas del profundo desorden monetario.

Los desordenes monetarios siempre son producto de políticas inflacionistas

La actividad de los bancos centrales se basa en dos falacias económicas. La primera es estabilizar los precios. Según esta falacia mientras los precios se mantengan estables, la economía no puede caer en recesión. El padre de esta falacia fue Irving Fisher. Y le costó 10 millones de dólares. Aquellos que argumentan que la oferta monetaria debe ser manipulada con el propósito de prevenir los movimientos de los precios tanto al alza como a la baja, consideran que aunque los precios de cada producto están determinados por la oferta y la demanda, el nivel general de precios oscila en función de la oferta monetaria.

Este punto de vista no es capaz de pasar ni el más elemental examen. El dinero siempre entra en la economía en ciertos puntos a partir de los cuales el gasto ya no produce el mismo efecto. Incluso si se recurre al método del “helicóptero” cuando todos simultáneamente reciben la misma cantidad de dinero, la teoría no funcionaría porque las preferencias de la gente no son idénticas ni tampoco prefijadas. No todos los economistas estuvieron de acuerdo a la vez con Fisher como lo dice el siguiente párrafo:

… las actuales dificultades son fruto del mayor experimento del mundo con “la moneda controlable” dentro del patrón oro, e, incidentalmente, proveerá con un material muy interesante a aquellos que abogan por la moneda controlable que carece de la naturaleza de ahorro del patrón oro lo cual puede causar errores de juicio (C. A. Phillips, T. F. McManus y R. W. Nelson, Banking and the Business Cycle, Macmillan and Company 1937, p. 56).

Si Fisher y sus discípulos hubieran tenido razón, no habría perdido su fortuna y gran parte de su reputación como economista. Durante los años 20, la Fed prácticamente dobló la oferta monetaria. ¿Entonces por qué no subieron los precios? Sí, lo hicieron. Las materias primas subieron en vertical al igual que lo hicieron los bienes de capital. Dado que el sistema estaba enfocado en precios al consumo, los precios de bienes de capital e inmobiliarios fueron ignorados. La importancia de esta observación es que la teoría de que los precios se estabilizan finalmente no funciona. Es que no pueden estabilizarse.

Los cambios en el flujo monetario siempre afectarán la estructura de los precios y, por tanto, el patrón de la producción (Richard Cantillon, Essay on the Nature of Commerce in General, Transaction Publishers, 2001, escrito sobre 1734 y publicado por primera vez en 1752). Estos flujos monetarios son traídos a la vida por los bancos centrales forzando los tipos de interés por debajo de su nivel de mercado. Consecuentemente las empresas se embarcan en proyectos que requieren cada vez más tiempo dado que solo así pueden ser económicamente viables debido a que los capitales necesarios para completarlos no están disponibles. Lo que hacen en realidad los bancos centrales es sustituir el crédito por el capital. A mediados de los años 20 se observó que

… prevalecía la tendencia de sustituir el crédito bancario por el real capital (bienes de capital). Los sucesos de los años 1924-29… confirmaron de sobra esta afirmación. (Benjamin M. Anderson, Economics and the Public Welfare: A Financial and Economic History of the United States 1914-1946, LibertyPress, 1979, p. 99).

La segunda falacia económica es que las recesiones son provocadas por la “demanda deficiente”. Y probablemente sea la falacia más peligrosa de todas. El hecho de que fuera adoptada masivamente por los economistas y por tanto por los bancos centrales se lo debemos agradecer al Lord Keynes. Esto invita a hacer una simple pregunta: ¿Por qué cada vez hacen falta más y más inyecciones monetarias para prevenir una recesión?

Los economistas clásicos tuvieron la respuesta y es: desproporcionalidad. Se dieron cuenta de dos cosas: la primera es que la “repulsión” como lo llamaron empieza en el sector industrial. Y la segunda es que los desordenes siempre ocurren en grupo. Ricardo llegó a la conclusión que el problema fue causado por el sistema bancario creando el crédito en exceso. (El exceso se definía como el exceso de los depósitos bancarios sobre sus reservas de oro). Es precisamente el exceso de crédito lo que provoca burbujas en las bolsas. Fritz Machlup explicó que un boom de las bolsas requiere un continuo flujo del crédito bancario. Y esto solo puede ocurrir cuando los bancos centrales relajan sus políticas monetarias. Por tanto

… un continuo incremento de los precios de las acciones no puede ser debido a la mejora de las condiciones de producción o un aumento de ahorro voluntario, sino únicamente a la oferta crediticia inflacionista (Fritz Machlup The Stock Market, Credit and Capital Formation, William Hodge and Company Limited, 1940, p. 290).

Los economistas de hoy en día no se dan cuenta de lo que fue obvio para los economistas de hace tiempo: Finalmente “los productos siempre son comprados con otros productos” (Jean-Baptiste Say A Treatise on Political Economy, 1836 reeditado por Transaction Publishers, 2001, p. 166. También Capítulo XV). Say y los clásicos comprendieron plenamente que la producción debe respetar las proporciones, es decir el equilibrio debe prevalecer. La respuesta de Say a la sobreproducción es la siguiente:

… la sobreoferta de un producto en particular se debe a que se sobrepasó la demanda por dos razones; o porque se había producido demasiado o porque hay déficit de otro producto (Idem, p. 135).

David Ricardo compartía este punto de vista:

La producción siempre se potencia por otro tipo de producción, o de servicios; el dinero tan solo es el medio que facilita el intercambio. Se pude llegar a la sobreoferta de un producto en particular que no será posible amortizar los capitales empleados en su producción; pero esto no será el caso para todos los productos; la demanda de maíz se limita a las temporadas que se consume el maíz, la demanda para zapatos y ropa se limita a las personas que los gastan; pero aunque toda la comunidad, o parte de la comunidad, tengan todo el maíz que puedan comer o todos los zapatos y gorras que son capaces de consumir, no podríamos hablar de que ya no existe más demanda para todos los productos y servicios (On The Principles of Political Economy and Taxation, Penguin Bookes, 1971, p. 292).

En cuanto a las burbujas y sus pinchazos y los períodos de la llamada sobreproducción, Ricardo escribió a un amigo suyo que

El Sr. Malthus parece que no recuerda que ahorrar es equivalente a consumir, viendo que habla exclusivamente del gasto (The Works and Correspondence of David Ricardo Vol. II, liberty fund Indianapolis 2004, Editado por primera vez por Cambridge University Press in 1951 p. 449).

Sobre 1829 John Stuart Mill escribió una devastadora crítica de la idea que la demanda agregada puede ser deficiente. Adheriéndose a la ley de Say, ha enfatizado que mientras la necesidad permanezca insatisfecha y los medios para satisfacerla, escasos, es absurdo hablar de sobreproducción. La clave de su argumentación era que la demanda se potencia por la producción y no por el consumo. Como dijo elocuentemente:

El argumento contra la posibilidad de la sobreoferta general es bastante concluyente, conforme recurre a la doctrina que un país puede acumular el capital muy de prisa; que la producción, incrementando más de prisa que la demanda, puede causar quiebra de los productores. Es cierto si todas las necesidades de todos los habitantes de un país quedan plenamente satisfechas, ningún capital puede encontrar una aplicación viable; pero, en este caso, no será acumulado ninguno. Mientras queden algunas personas no propietarias (de productos), siempre habrá aplicación para capitales; y si los productos que estas personas requieren no son fabricados y puestos a su disposición, será solamente porque el capital, dispuesto a ser aplicable para este propósito, no existe, o no existen productores que fabriquen los productos para su propio consumo. Nada puede ser más quimérico que el miedo de que la acumulación de capital debe provocar pobreza y no riqueza y que la acumulación de capital puede acabar con el propio capital (Essays on Economics and Society, University of Toronto Press 1967, p. 278).

William Stanley Jevons, uno de los economistas neo-clásicos asimismo explicó porque la sobreoferta (deficiencia de la demanda) es imposible. Según su opinión

Los antiguos articulistas sobre la economía siempre tenían miedo de la supuesta sobreoferta, fruto del hecho de que la producción sobrepase la demanda de los consumidores, con lo cual la industria puede colapsar y aumentar el desempleo y todos, salvo los ricos, sufrirán déficit de productos. La doctrina es evidentemente absurda y contradictoria. La sobreproducción no es posible en todas las ramas de la industria a la vez, pero es posible en algunas en comparación con las otras (The Theory of Political Economy, Kelley & Millman, Inc. 1957, p. 203, publicado por primera vez en 1871).

Para Jevons y sus contemporáneos el genuino poder adquisitivo toma sus raíces en la producción. Es fácil comprender entonces que conforme los individuos aumenten su poder adquisitivo, aumentando su aportación a la economía, la producción total aumenta lo cual aumenta, a su vez, la demanda global. Este proceso de intercambio tenderá a adecuar el valor de la aportación de cada trabajador con el de su sueldo. Ahora podemos decir que el poder adquisitivo es otro medio de intercambio, que, a su vez, es la habilidad de las empresas de crear productos para su intercambio.

Y todo esto que puede ser obvio en una economía de trueque deja de ser tan obvio con la aparición del dinero. Si los principios fundamentales que desarrollaron estos economistas fueran resucitados, estas crisis no tendrían lugar.

Gerard Jackson
BrookesNews.Com

martes 7 de octubre de 2008

Por qué el de Paulson es un mal plan MICHELE BOLDRIN

Por qué el de Paulson es un mal plan

En el mercado estadounidense se han vendido como buenas deudas que no lo eran. Y todo el mundo ha jugado por encima de sus posibilidades. El plan recién aprobado no es la solución a éstos y otros problemas


Todos saben que los bancos de Estados Unidos se encuentran en una crisis seria, y que, tras una negativa inicial, el Congreso de ese país ha terminado por aprobar un enorme plan de salvamento (bailout) para las entidades que hicieron malas inversiones, e incluso trampas. Como los lectores están bien informados sobre el contenido de las medidas adoptadas, pasaré sin más a criticarlas.


Empezaré con una noticia que, probablemente, sea menos conocida en Europa: la gran mayoría de los economistas académicos de Estados Unidos consideran el plan Paulson una mala idea. Con la obvia excepción de los que trabajan para los bancos beneficiados por este plan y, por supuesto, los que han trabajado o trabajan para la Administración Bush. Los demás, demócratas, republicanos o ultraliberales, consideran el bailout,lo que la Reserva Federal y el Gobierno de Estados Unidos han puesto en marcha, un absoluto disparate.

Hace un par de años, el mercado americano delladrillo entró en una crisis muy fuerte. Al contrario del caso español, la subida de los precios en Estados Unido no fue debida a la llegada de un gran número de inmigrantes, ni a un extraordinario crecimiento económico. La explosión del mercado inmobiliario americano fue casi toda de tipo especulativo, debida a las políticas monetarias extremadamente laxas que la Fed (Reserva Federal) adoptó después del 11-S. Lo que ocurrió en Estados Unidos fue una verdadera burbuja financiera, alimentada por las políticas de dinero fácil del Banco Central y enfocada en préstamos-basura a personas que, en su mayor parte, adquirieron casas que nunca habrían podido permitirse en circunstancias normales. Por tanto, cualquier paralelismo entre el caso español y el de Estados Unidos es arriesgado ya que las diferencias son muchas, y mucho más profundas que las semejanzas.

Ahora, por paradójico que pueda parecer, lo interesante no es el caso del ladrillo que se desploma o de las hipotecas que no se pagan. Baste considerar que hasta las peores estimaciones disponibles dicen que, de momento, el valor total de los impagos no llega a generar pérdidas netas superiores a los 300.000 millones de dólares. Y dado que, en años normales o incluso excelentes, el mismo valor llega a ser de 150.000 millones, no es razonable pensar que esta enorme crisis sea debida "solamente" a 150.000 millones más en impagos hipotecarios. De hecho, cualquier persona informada sabe que los valores de las pérdidas declaradas por los bancos estadounidenses (y no sólo estadounidenses) son mucho más grandes que las pérdidas hipotecarias reportadas hasta ahora.

Por ejemplo, si se suman solamente las pérdidas de capital de las cuatro grandes entidades hundidas (Bears Stern, Lehman, Washington Mutual y Wachovia) el total es ¡260.000 millones! Está claro que estos cuatro no podían tener en su cartera todas las hipotecas tóxicas de la economía de Estados Unidos -si fuera así tendríamos buenas noticias, ya que con su muerte quedaría resuelto el asunto-.

¿Cómo explicarse entonces lo que ocurre con Fortis, UBS y los demás? Debe de haber algo más, ¿pero qué? Muy sencillo: gracias a una combinación francamente extraordinaria de (I) mala política monetaria, (II) pobre regulación (y por consiguiente rica en corrupción) en los mercados de las hipotecas, los seguros y los bancos de inversión, (III) incentivos distorsionados y (IV) ausencia del supervisor/regulador, se ha construido sobre los cimientos de las hipotecas inmobiliarias un castillo de papeles (derivados) de proporciones enormes (los estadounidenses siempre quieren hacer todo a lo grande, incluso las tonterías) y, ahora, se está derribando todo.

Por ejemplo, el valor total de todas las hipotecas de Estados Unidos es de 11 billones de dólares. El valor total de los contratos de seguro de tipo credit default swaps (CDS) suscritos sobre estas hipotecas es cinco veces mayor y hay, además, mucho más en otros tipos de derivados comerciados over the counter (realizadas fuera del mercado). Está claro que muchísima gente ha utilizado la liquidez, por artificial que sea, del mercado de MBS (bonos garantizados por hipotecas) y ABS (bonos garantizados por activos) para hacer apuestas variadas, sin tener el capital necesario.

El siguiente es uno de los puntos más importantes y a la vez peor comprendidos de toda la situación: las apuestas financieras hechas a través de derivados son "juegos de suma cero". Es decir, si un banco pierde otro gana. En teoría, esto es útil porque los derivados pueden ser utilizados para comprar seguros en el interior del sistema, sin que ninguna parte de la riqueza sea destruida. ¿Por qué razón, entonces, un juego en el cual alguien debería de vencer siempre, podría llevar a la pérdida de todos? Si las apuestas están hechas entre bancos, ¿no deberían cancelarse recíprocamente sus valores, dejando el sistema, en el agregado, casi intacto? Teóricamente tendría que ser así, pero esto no es lo que ocurre en un mundo con información imperfecta y, sobre todo, en un mercado donde, desde hace 15 años, todo el mundo hace dinero vendiendo como buenas deudas que no lo son. Claramente algunos jugadores hicieron apuestas que nunca podrían pagar, dado que eran de valor muy superior al total de su patrimonio. El problema es que no se sabe quiénes son estos jugadores infectados. Por tanto, cuando X viene y pide un préstamo a Y, éste piensa: "Si X tiene en la cartera derivados que pierden dinero, utilizará mi préstamo para cubrir los pagos de aquéllos, no para invertir, y yo acabaré perdiendo mi dinero. Entonces tengo dos posibilidades: o no se lo presto, o se lo presto a unos tipos altísimos".

Este mecanismo paraliza el crédito y, forzando la carencia de liquidez, genera aún másinfectados. En otras palabras, el mercado está encerrado en un clásico lemons problem:nadie confía en nadie, nadie hace negocios con nadie, nadie enseña lo que tiene y todo el mundo intenta cerrar sus posiciones positivas dejando abiertas las negativas. Esto, obviamente, se traduce en una desconfianza total y en la parálisis efectiva de las actividades bancarias y de inversión.

El plan Paulson no resuelve estos problemas por tres sencillas razones: (I) la compra de títulos por parte del Tesoro acentúa el lemons problem y favorece a los malos bancos respecto a los buenos: los malos bancos están dispuestos a vender a cualquier precio, ya que lo que venden no vale nada; (II) no crea ningún incentivo para desmontar el castillo de derivados contaminados; al contrario, la liquidez en manos de los que están casi muertos les permite tomar posiciones all or nothing (todo o nada) de alto riesgo, ya que, en cualquier caso, su alternativa es la quiebra; y (III) transfiere una gran cantidad de dinero público a los banqueros que gestionaron mal el dinero confiado en ellos por los inversores, sin pedir ninguna contrapartida.

Existen muchas cosas que la Reserva Federal y el Gobierno de Estados Unidos podrían haber hecho, y todavía tienen la oportunidad de hacer, para manejar esta crisis de una manera más responsable y socialmente útil. Entre las sugerencias más convincentes que vienen del mundo académico, hay las siguientes:

1. Imponer a los bancos que se recapitalicen de forma inmediata, aliviando de esta manera el lemons problem.

2. Comprar hipotecas en quiebra, atacando el virus en sus raíces. Si hay que gastar impuestos, esto es más eficiente que comprar promesas complicadas escritas sobre papel mojado.

3. Imponer, por intervención directa de la Reserva Federal y del Tesoro, que se cierren aquellos contratos derivados que están actuando como píldoras envenenadas distribuyendo los beneficios. De manera que se puedan maximizar las solvencias del sistema, no la de los bancos individuales. Por supuesto, esto implicaría la quiebra de varios bancos: un precio razonable para permitir al sistema, en su conjunto, limpiarse y volver a funcionar.

4. Abrir de inmediato un debate público sobre los criterios con los cuales los mercados financieros y las instituciones que operan en ellos tendrían que actuar.

Esta vez, no estamos ante una situación de "más de lo mismo y chocolate para todos", como sucedió tras lo de LTCM y la explosión de la burbuja dot-com.

Michele Boldrin es catedrático de la Washington University en St. Louis y director de la Cátedra Repsol en FEDEA.


http://www.elpais.com/articulo/opinion/Paulson/mal/plan/elpepiopi/20081007elpepiopi_11/Tes

domingo 5 de octubre de 2008

España: Breve historia de una crisis

España: Breve historia de una crisis, de Antonio Argandoña en Dinero en La Vanguardia

Publicado en Economía by reggio en Octubre 5th, 2008
Todo empezó, como es sabido, por el sector inmobiliario. El pinchazo de la burbuja está siendo muy doloroso, porque las conductas en el sector fueron a menudo temerarias, como si las excepcionales condiciones de los últimos años fuesen a durar para siempre, algo típico de los que se montan en la burbuja: ” La demanda de viviendas seguirá boyante por la inmigración y la creación de empleo”, ” el precio de la vivienda nunca cae”…

El boom acabó porque las casas habían alcanzado ya precios muy altos, y porque el coste mensual de la hipoteca era ya considerable, como consecuencia de esos mismos precios altos, del alto endeudamiento de los hogares y de la subida de los tipos de interés. El elevado stock de viviendas no vendidas frena el crecimiento de sus precios, pero siguen siendo demasiado altos como para reanimar la demanda, aún más cuando la concesión de hipotecas se está paralizando. La construcción se ha desplomado, el paro aumenta, la demanda de bienes de consumo relacionados con los nuevos hogares (muebles, electrodomésticos) se detiene, la crisis se contagia…

La expectativa de que los tipos se moderarían pronto se truncó por la aceleración de la inflación (cortesía de los altos precios del petróleo y de las primeras materias) y por la crisis financiera -y el sobresalto financiero continuo de las últimas semanas no contribuye a infundir serenidad y confianza-. De este modo, las familias se encontraron con un alto porcentaje de su renta comprometido en el pago de deudas.

Quedaba, pues, menos para el consumo, sobre todo cuando tenemos en cuenta que ese consumo se sostenía, en parte, en un crédito que ahora es escaso y caro. La moderación del consumo se ha extendido a casi todos los segmentos del mercado. Los dos motores del auge de los años recientes, el consumo y la construcción, están fuera de juego. Y es lógico que se paralice la inversión en bienes de equipo y construcción industrial, porque el mercado interior se está paralizando, y porque las condiciones financieras de las empresas empeoran rápidamente. Sólo la exportación mantiene todavía un ritmo positivo, aunque afectada por la menor actividad en Europa.

Hasta aquí, la historia. El futuro está por escribir, pero exige, como condición previa, el final de la crisis financiera, que nos afecta profundamente porque las entidades financieras españolas (no todas, pero sí muchas) necesitan financiación procedente de unos mercados exteriores que, por ahora, están casi cerrados. Se trata de un problema de falta de liquidez, pero puede convertirse en un problema de solvencia si alguna entidad pierde la confianza de sus clientes. No queda otro remedio, pues, que esperar que se arregle la crisis financiera internacional, lo cual, más allá de euforias ocasionales, tardará aún bastantes meses. Y no podemos confiar en que el Gobierno nos saque del agujero, porque se tiene que financiar en los mismos mercados que se resisten a conceder créditos a nuestras entidades.

La recuperación del consumo tardará, porque la parte de la renta dedicada a devolución de deudas y pago de intereses seguirá siendo alta, quizás insoportablemente alta si la tasa de paro crece más. El consumo no se regularizará hasta que el endeudamiento de las familias vuelva a cotas más normales - lo que es cuestión de tiempo, de bajos tipos y de sostenimiento de las rentas de los hogares-. Las empresas vinculadas a la exportación podrán crecer, si el crédito lo permite, pero su contribución al crecimiento del PIB será moderada. La inversión en equipo se recuperará después. Y la vivienda y la construcción seguirán en atonía por bastante tiempo. Todo esto si la ley de Murphy -ya saben: si algo puede ir mal, irá mal- no nos juega una mala pasada.

Antonio Argandoña. Profesor del Iese.
http://reggio.wordpress.com/