miércoles, 23 de enero de 2008

Los fondos soberanos: Secretos, poderosos y por encima de la ley

Los fondos soberanos: Secretos, poderosos y por encima de la ley

Cuando el gobierno de Abu Dhabi anunció a finales de noviembre que había adquirido el 4,9% de Citigroup por 7.500 millones de dólares, la reacción general fue de alivio porque de este modo la empresa podría salir de la crisis de las hipotecas subprime o de alto riesgo.

Por este mismo motivo se recibía con los brazos abiertos la venta a principios de diciembre del 10,8% de UBS al gobierno de Singapur y a un inversor desconocido de Oriente Medio por 11.500 millones de dólares.

Pero el hecho de que la propiedad esté en manos extranjeras –o para ser más precisos, en manos de gobiernos extranjeros- ¿es algo realmente bueno? Muchos expertos creen que debemos mantener los ojos bien abiertos ante esta floreciente tendencia, en especial en busca de cualquier señal que muestre que estos fondos dejan de ser meras inversiones y se convierten en vehículos para ejercer presión política en los países “objetivo”. “Creo que la presión política es una preocupación legítima, pero en mi opinión aún no se han detectado señales de alarma”, dice el profesor de Finanzas de Wharton Franklin Allen.

No hay nada intrínsicamente malo en la propiedad extranjera, sugiere el profesor de Finanzas de Wharton Richard Marston, pero la propiedad en manos de gobiernos extranjeros podría ser diferente de la propiedad en manos de empresas extranjeras. “Claramente hay sectores en los que sería preocupante que ciertos países fuesen propietarios”, dice señalando el caso del sector aéreo y los contratos militares. “Es preocupante que sean gobiernos y es preocupante su motivación”.

Los gobiernos, a través de fondos soberanos conocidos como sovereign wealth funds o fondos de inversión estatales, han invertido este año miles de millones de dólares en empresas financieras de Occidente, desde Bear Stearns y Barclays a HSBC Holdings o el Grupo Blackstone, comprando participaciones a precios muy atractivos como consecuencia de la crisis de las hipotecas subprime. Es más, dos fondos estatales de Oriente Medio poseen en la actualidad un tercio de la Bolsa de Londres.

Ninguna de estas inversiones ha despertado tantos temores como cuando en 2006 una empresa propiedad del gobierno de los Emiratos Árabes Unidos manifestaba su intención de adquirir una empresa responsable de la gestión de diversos puertos estadounidenses; se podía respirar cierta incomodidad por el hecho de que un país de Oriente Medio participase en el control de potenciales puntos de entrada de terroristas. “Cuando se trata de chinos o árabes, los motivos en parte responden a cuestiones emocionales”, sostiene Marston.

Preocupación por el secretismo

No obstante, a algunos políticos y economistas les preocupa el creciente poder de los fondos soberanos, en su mayoría basados en Oriente Medio y Asia. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que estos fondos controlan unos 3 billones de dólares en activos, cifra que en 1990 apenas superaba los 500 millones. Asimismo, el FMI cree que van a seguir creciendo hasta alcanzar en 2012 los 10 billones de dólares.

Las inversiones internacionales no son nada nuevo, pero los fondos soberanos plantean una serie de cuestiones especiales porque las decisiones de inversión están controladas por gobiernos, no por individuos o corporaciones. Y a diferencia de los bancos centrales -que suelen invertir sus reservas en activos como fondos del tesoro estadounidense-, es frecuente que los fondos soberanos inviertan en corporaciones. Este año el principal país receptor de estos fondos ha sido Estados Unidos.

Se estima que los 20 mayores fondos soberanos, cada uno valorado en más de 10.000 millones de dólares, controlan más de 2 billones de dólares en activos, eclipsando los 1,5 billones de dólares que supuestamente gestionan los fondos de inversión especulativos de alto riesgo o hedge funds, para los cuales se ha reclamado una mayor regulación debido a su capacidad de influencia sobre los mercados. Al igual que los hedge funds, la mayoría de los fondos de inversión estatales son secretos. No existe un listado exhaustivo con lo que poseen, ni tienen obligación de hacer pública su política de inversión.

Según un análisis frecuentemente citado llevado a cabo por Edwin M. Truman, miembro senior del Peterson Institute for Internacional Economics en Washington D.C., el fondo Abu Dhabi Investment Authority, creado en 1976, es el mayor fondo de inversión estatal, y sus activos se estiman entre 500.000-875.000 millones de dólares. El siguiente en importancia es el Government of Singapore Investment Corp., creado en 1981 y valorado en 100.000-330.000 millones de dólares. Singapur también gestiona el fondo creado en 1974 llamado Temasek Holdings, cuyo valor estimado es de 108.000 millones de dólares. A principios de diciembre, Temasek declaró su intención de proporcionar 1.000 millones de dólares a un fondo de capital riesgo puesto en marcha por la estadounidense Goldman Sachs Group para invertir en China.

Noruega tiene 308.000 millones de dólares en su Government Pension Fund. Dos fondos de Kuwait alcanzan conjuntamente los 213.000 millones de dólares. Rusia tiene un fondo de 122.000 millones de dólares y China un fondo de 66.000 dólares. Otros grandes fondos están gestionados por Qatar, Argelia, Brunei, Corea, Malasia, Kazajistán, Venezuela, Canadá, Irán y Nueva Zelanda.

Aunque estos fondos son en principio habituales en países con superávit comercial, Estados Unidos tiene, el Alaska Permanent Fund, gestionado por el estado de Alaska y creado en 1976 para reinvertir los beneficios procedentes del petróleo.

El fondo más antiguo, que existe desde 1960, es el Kuwait’s General Reserve Fund. Ahora los fondos captan más nuestra atención por el descomunal tamaño que están adquiriendo debido al precio del petróleo. Truman sostiene que los fondos aún podrían crecer más si los países que los gestionan estuviesen interesados en desviar más reservas en forma de divisa extranjera hacia los mismos. Por ejemplo, China dispone de 66.000 millones de dólares en su fondo soberano pero tiene más de 1,2 billones de dólares en reservas, en su mayoría invertidos en bonos del tesoro estadounidense. En opinión de Allen, China podría estar interesada en dedicar más dinero a sus fondos estatales por temor a que la adquisición de más bonos del tesoro desestabilice el mercado de bonos. “Si invierten todo su dinero en bonos del tesoro, se van a empezar a observar efectos sobre los precios”, explica.

Reinvertir -por el momento- los beneficios del petróleo

El motivo por el que la mayor parte de los fondos soberanos están creciendo desmesuradamente es el espectacular aumento del precio del petróleo. De hecho, no es coincidencia que los mayores fondos pertenezcan a naciones productoras de petróleo, las cuales utilizan estos fondos para reinvertir los beneficios del petróleo y así poder disponer de nuevas fuentes de ingresos cuando el petróleo se acabe, señala Marston. De hecho, el fondo de Noruega -modelo a imitar en cuanto a su gestión-, fue creado para reinvertir los beneficios derivados del petróleo del Mar del Norte. “Básicamente se plantearon lo siguiente: En lugar de distribuir ahora toda la riqueza, queremos guardar algo para el futuro para que los noruegos puedan disfrutar de una anualidad cuando el petróleo se agote”.

Los países que acumulan reservas en forma de divisas extranjeras normalmente las invierten en activos líquidos como letras y bonos de tesoro estadounidense. Pero cuando las reservas alcanzan un tamaño suficiente como para cubrir cualquier situación de corto plazo –como una intervención para estabilizar el tipo de cambio-, los países empiezan a valorar la posibilidad de comprometer su dinero en inversiones a largo plazo con mayor rendimiento, explica el profesor de Finanzas de Wharton Richard J. Herring. “Si tus necesidades de liquidez están cubiertas, entonces empiezas a pensar en hacer inversiones de más largo plazo. Es una reacción muy natural”.

Dado que los fondos soberanos tradicionalmente han adoptado a la hora de invertir un enfoque de largo plazo, poseen una enorme influencia estabilizadora sobre los mercados financieros mundiales, explica Herring. Pero como la magnitud de los 20 fondos más importantes es tan relevante, un porcentaje muy pequeño de personas -que con frecuencia suelen vivir en países autocráticos- acaban concentrando muchísimo poder económico. Por el contrario, la mucha menor cuantía controlada por los hedge funds está dividida entre miles de individuos.

En un artículo del Financial Times publicado el pasado mes de julio, el ex secretario de Tesoro y presidente de Harvard Lawrence Summers señalaba que los gobiernos-accionistas no siempre tienen que compartir intereses con el resto de accionistas “normales”. “La lógica del sistema capitalista depende de que los accionistas hagan que el objetivo de las empresas sea maximizar el valor de sus acciones”, escribía Summers. “Resulta obvio que, con el paso del tiempo, éste será la única motivación de los gobiernos como accionistas. Los gobiernos quieren ver que sus empresas compiten de forma eficiente, o bien acceder a tecnología o tener influencia”.

Los países receptores o gobiernos “objetivo” podrían al final acabar viviendo situaciones extrañas, explicaba. “¿Qué ocurrirá cuando un país se una a determinada coalición y pida al presidente de Estados Unidos que apoye una rebaja fiscal para una empresa en la que ha invertido? ¿O cuando se debata sobre ayudar o no a una empresa en dificultades cuya deuda está básicamente en manos del banco central de un país aliado?

Hasta el momento no se han producido casos significativos en los que se haya utilizado dicho poder con fines políticos u otros fines. Uno de los pocos casos reseñables es relativamente “suave”: en junio de 2006 el fondo noruego vendió sus 400 millones de dólares en acciones de Wal-Mart criticando el modo en que la empresa trataba a sus trabajadores.

No obstante, la tentación de utilizar el poder financiero con fines no financieros siempre ha estado presente, sostiene Herring recordando que en los 80 muchas universidades estadounidenses y fondos de pensiones se desvincularon de empresas que hacían negocios en Sudáfrica. “Muchos grandes inversores rehacían sus carteras por motivos que no eran económicos. Son cosas que ocurren cuando la gestión de un fondo obedece en parte a motivos políticos”.
Una mirada interna a las empresas occidentales

En opinión de Herring, las inversiones que estos fondos soberanos realizan en empresas de servicios financieros podrían deberse no sólo a la esperanza de obtener buenos rendimientos, sino al deseo de aprender cómo operan esas empresas occidentales. Además de los últimos acuerdos señalados, a principios de este año China pagaba 3.000 millones de dólares por una participación del 9,3% en Blackstone Group, la firma de capital-riesgo con sede en Nueva York. “En mi opinión estas inversiones son muy diferentes al tipo de inversiones pasivas en carteras que se pueden ver en Noruega”.

Es más, esto no debe constituir una señal de alarma, ya que el gobierno de Estados Unidos puede intervenir si realmente detecta un problema. “Las normas pueden cambiar si nos empieza a preocupar, por ejemplo, el negocio del cultivo agrario porque consideramos que tiene una importancia estratégica”. La legislación estadounidense da la bienvenida a las inversiones extranjeras siempre y cuando no supongan riesgos para la seguridad nacional.

Para muchos expertos, la mayor preocupación hoy en día no son los potenciales problemas políticos, sino la incertidumbre sobre cómo los fondos de inversión estatales pueden afectar a los mercados financieros. En un artículo publicado este otoño en Finance & Development, una publicación trimestral del Fondo Monetario Internacional, el director de investigaciones Simon Johnson señalaba que “desafortunadamente no sabemos muchos sobre los fondos soberanos. Son pocos los que publican información sobre sus activos, obligaciones o estrategias de inversión”.

En su opinión, si los fondos siguen una estrategia de largo plazo –comprar y retener las acciones-, contribuirán a la estabilización de los mercados. Asimismo, Johnson señalaba alguna evidencia anecdótica de inversiones realizadas por estos fondos estatales en otros fondos, como por ejemplo hedge funds, que tienen un efecto multiplicador a través de los préstamos. Los préstamos pueden desestabilizar los mercados cuando las cosas se ponen feas.

El valor global de los valores cotizados se acerca a los 165 billones de dólares; así pues, los 3 billones de dólares en fondos de inversión estatales no deberían, por el momento, ser muy preocupantes, escribía Johnson. Pero si la cifra alcanza los 10 billones y muchos fondos recurren a los préstamos, tal vez se necesite cierta supervisión, añadía.

Truman, del Peterson Institute, defiende “un incremento masivo de la transparencia y responsabilidades” de los fondos de inversión estatales. Al menos los fondos deberían, en su opinión, publicar informes anuales detallando sus estrategias de inversión y sus activos. Este otoño el Departamento del Tesoro de Estados Unidos pedía al FMI y al Banco Mundial que elaborasen una guía “de buenas prácticas” para los fondos de inversión estatales.

Allen, Herring y Marston están de acuerdo en que una mayor transparencia sería algo positivo. Sin embargo, Herring señala la dificultad para imponerla. “Es difícil conseguir que se cumplan las directrices voluntarias cuando las personas que toman las decisiones de inversión no están realmente involucradas en la elaboración de dichas directrices”.

Publicado el: 1/9/08
http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1454&language=spanish

La estanflación, un potente cóctel de riesgos económicos, amenaza a España

Desde que se inauguró 2008, la caída estrepitosa de la Bolsa española parece que está anticipando la evolución de la economía: la inflación y el déficit corriente están desbocados, el crecimiento económico cae y la creación de empleo se agota. “La inflación que soporta España es superior a la media de los países con los que competimos”, recuerda Rafael Pampillón, profesor del Instituto de Empresa. Otros síntomas de que la economía no marcha bien son que “la tasa de ahorro de los hogares disminuye, las empresas aumentan sus necesidades de financiación y el déficit por cuenta corriente está en el 10% del PIB”, añade Pampillón. Ahora, la estanflación “asoma las orejas, y no se debe olvidar que suele ser un potente cóctel de riesgos económicos”, augura. Para Francesc Javier Mena, profesor de ESADE, España está atravesando una situación de bajo crecimiento económico unida a una fuerte inflación. “Estamos en una desaceleración económica que parece que va a ser relativamente fuerte, y la inflación no está controlada, muy excesiva de la media que pervive en Europa”, comenta.



Pero, ¿qué significa el término estanflación? “Es una combinación muy peligrosa de bajo crecimiento económico en la que hay, a la vez, una inflación sostenida”, explica Pampillón. Según el profesor del IE, España todavía no sufre una situación de estanflación. “Solo sufre, por ahora, el fenómeno de la ‘slowflation’, es decir, una combinación de crecimiento económico que está bajando y un paro que está aumentando combinado con tensiones inflacionistas”. Recuerda Pampillón que España se aleja de los buenos ritmos de crecimiento de los últimos años. “La estanflación es, por ahora, solo una posibilidad, pero parece que la tendencia va en esa dirección”, insinúa.


Término acuñado en los setenta

El término estaflación se puso de moda en los años setenta, cuando la OPEP cuadruplicó el precio del petróleo. “Fue una época en la que la inflación, los tipos de interés y la tasa de paro eran de dos dígitos. Aquel aumento de precios fue muy superior a la inflación que actualmente vemos en Estados Unidos o en España”, recuerda Pampillón. En aquel entonces, los gobiernos de muchos países, incluido España, optaron por aplicar políticas keynesianas. En concreto, “una política fiscal expansiva, mediante un incremento del gasto, que impulsara la demanda de forma que desapareciera el empleo. Pero, eso sí, a costa de una mayor inflación, que provocó que los trabajadores ejerciesen presiones al alza sobre los salarios alimentando aún más la espiral inflacionista y los gobiernos subieron los tipos de interés para combatir el aumento de precios”, explica Pampillón.



Las consecuencias no pudieron ser peores, “con efectos no deseados que agravaron la ya de por sí mala situación. Además, esa política fiscal expansiva trajo consigo un empeoramiento de las finanzas del Estado, lo que supuso un incremento en la carga impositiva que, a su vez, desalentó todavía más la inversión”, señala Pampillón. Entonces fue cuando algunas economías se enfrentaron a lo peor de ambos mundos: “la estanflación (estancamiento e inflación)”.



Pero no todo fueron errores. La devaluación de 1997, dice Pampillón, fue un acierto. “Efectivamente, las fuertes alzas de precios que se produjeron de 1973 a 1977, consecuencia de la primera crisis del petróleo, generaron pérdidas de competitividad que se manifestaron en fuertes déficit de la economía española frente a exterior en 1974, 1975 y 1976. La citada devaluación permitió recuperar la competitividad perdida, obteniendo superávit en las balanzas por cuenta corriente en los siguientes años”. Posteriormente a la devaluación de la moneda española, en 1977, se firmaron los pactos de la Moncloa, “consistentes en una política monetaria restrictiva, una política presupuestaria que limitó la cuantía del déficit público, un menor crecimiento del gasto público corriente y definió un nuevo marco de relaciones laborales mediante el Estatuto de los Trabajadores, que flexibilizó el mercado de trabajo”, añade Pampillón.



La situación actual que se ha instalado en España es comparable, “aunque en menor medida”, con la situación que vivió la economía en los años setenta, que se manifestó en tres hechos diferenciales: “Una persistente y aguda tasa de inflación (que duplicaba la media de los países de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), una caída del ahorro privado y de la inversión que se manifestaban en una reducción del crecimiento del PIB, una elevada y creciente tasa de paro y un fuerte desequilibrio en la balanza de pagos”, especifica el profesor del IE.



¿Cuáles son las causas de que España pase, en este momento, por este periodo? En lo que va de año, el selectivo español “Ibex 35 ha caído un 10%”. Parece que la Bolsa está enviando un aviso: “La economía española se encamina a un enfriamiento mayor del previsto hasta ahora por los analistas. Los mercados están descontando que habrá un ajuste mayor del previsto en el nivel de la actividad que, muy posiblemente, convivirá con un paro mayor. Esperemos que no tengamos que sufrir, además, una alta e incómoda tasa de inflación”, espera Pampillón. De ser así, se podría iniciar ese fenómeno al que los economistas denominan estanflación. “Los retrocesos de la bolsa durante este año demuestran que, a juicio de analistas e inversores, esa posibilidad crece día tras día”, añade. Para Mena, España ha vivido unos 14 años con unos crecimientos muy considerables impulsados por dos motores: la construcción y el consumo familiar. “La incorporación de la mujer en el mercado laboral, unido al empleo que desempeñan los inmigrantes; el descenso de la tasa de paro y el mayor endeudamiento de las familias españolas han sido las razones que han hecho que la economía española creciera al ritmo que lo ha hecho y que, ahora, se sumerja en un estado de desaceleración”, comenta Mena. Dice que, tarde o temprano, era una situación que tenía que llegar.



Pampillón comenta que hay factores externos que afectan a todas las economías. Pero asegura que la española es víctima de otros factores intrínsicos: “Es mucho más vulnerable en materia energética por su fuerte dependencia del exterior; le afecta también la rigidez del mercado laboral; la política fiscal que ha aplicado el gobierno no ha sido suficientemente contractiva porque, dado que carecemos de una política monetaria propia, hubiera sido necesario un control mucho mayor del gasto público y un superávit superior al obtenido; el modelo de crecimiento económico español, basado en la construcción, un fenómeno eminentemente español, ha agravado también la situación económica al pincharse la burbuja inmobiliaria en el país”, explica Pampillón.



En opinión del académico, ya se ha comprobado que aplicar políticas expansivas de demanda puede generar unos desequilibrios difíciles de resolver. “La expansión del gasto público distorsionaría los incentivos, la asignación eficiente de los recursos y, además, pondría en peligro el superávit presupuestario”. Además, dice que devaluar tampoco es posible, “ya que no tenemos esa potestad”. Ante la ausencia de una política de tipo de cambio, el equilibrio exterior, la creación de empleo y la estabilidad de precios solo son posibles a través de mejoras de la competitividad. Para ello, es necesario “diseñar e implementar políticas de oferta que intensifiquen los esfuerzos para elevar la productividad de las empresas a través, por ejemplo, de la extensión del uso de las tecnologías de la información y de la inversión en I+D+i y en capital humano”, dice Pampillón. Recomienda, además, tomar medidas que primen otras energías, como la nuclear. “La potencia nuclear instalada debería alcanzar, al menos, los 20.000 megavatios en 2030, frente a los 7.700 actuales, para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico nacional y satisfacer la demanda, según algunos técnicos”, añade.



Por su parte, Mena piensa que, a corto plazo, es imposible descifrar las medidas que terminen con esta situación. “No podemos devaluar; no podemos tocar los tipos de interés si no lo hace el BCE (Banco Central Europeo); no podemos elaborar grandes políticas de gasto público, porque entraríamos en déficit...Por eso, tenemos que buscar políticas estructurales a medio plazo: formar capital humano; despertar el espíritu innovador; internacionalizar la economía... Es decir: hacer que la economía sea competitiva”, apunta.



Pampillón recomienda a España que se copie de países como Finlandia e Irlanda, que han conseguido una buena estructura productiva y educativa basada en trabajadores muy cualificados. “Lo ideal sería lograr el consenso social entre empresarios, sindicatos y gobierno para conseguir, a largo plazo, una estabilidad de precios que permita mantener la competitividad internacional. Y elevar el gasto en I+D, que es un tema fundamental”, apunta. En Finlandia, por citar un ejemplo, el 70% del total de I+D lo realiza el sector privado. Para Mena, cada país tiene sus ventajas e inconvenientes, y cada uno debería centrarse en explotar todos sus recursos: “Podríamos aprender de lo bien que Alemania ha sabido exportar sus productos; los italianos son muy buenos en creatividad; Finlandia e Irlanda son muy dinámicas y flexibles, y han invertido en economías del conocimiento y en innovación; Londres posee un centro financiero espectacular, que se hace envidiar incluso hasta en Estados Unidos...”. Así, Mena justifica que, cada país explote sus mejores recursos.


Soluciones a medio plazo

La realidad es testigo de que la economía española ha acumulado en estos años desequilibrios que la hacen muy vulnerable, en un entorno internacional más incierto: “Tiene la necesidad de financiar un déficit brutal de balanza de pagos, una inflación diferencial creciente, una enorme deuda de familias y empresas, y cuenta con una sobrevaloración de los activos inmobiliarios. Me temo que no son buenos los tiempos que se aproximan”, especula Pampillón. Mena aconseja a España que dé un golpe de timón que cambie de rumbo esta situación y evitar así estrellarse. “Es un país que cuenta con unos desequilibrios muy fuertes en precios; el agujero exterior es demasiado grande... Hay que empezar a crear una economía basada en competitividad y no sólo en la construcción y el consumo”, afirma.



A dos meses de que se celebren las elecciones generales en España, Pampillón recomienda que el debate se centre en cómo le va a afectar a España la crisis internacional y cómo solucionar el problema. “Estamos viviendo del crédito exterior, y el futuro se va a complicar. La subida de los precios de la energía y de los alimentos está impulsando la inflación más en España que en otros países de su entorno. Habría que debatir si la política fiscal española debería ser restrictiva o expansiva, si el gasto público debe seguir aumentando o no”, se pregunta Pampillón. Además, cuestiona a los españoles que se pregunten cuál va a ser la desaceleración económica de 2008; cómo se producirá el ajuste del sector inmobiliario, que pesa en torno a un 10% y qué medidas de política fiscal deben aplicar. El debate está en la calle. Para Mena, la cuestión económica va a ser un hueso duro de roer en las elecciones generales del 9 de marzo en España. “Los mismos españoles son los que tienen que pensar qué políticas creen que va a manejar mejor esta situación de desaceleración. Y no solo hablamos de pura eficiencia, sino que hay que pensar en quién tiene que soportar los aspectos distributivos de beneficios y las cargas”, añade.

viernes, 18 de enero de 2008

La crisis mundial: ¿qué hay de nuevo, viejo?

La crisis mundial: ¿qué hay de nuevo, viejo?

Jorge Altamira
Prensa Obrera



El derrumbe del 7% de las acciones del Citigroup, en un solo día - el martes 15 pasado- podría estar señalando el ingreso de la crisis financiera internacional en una nueva etapa. El anuncio de pérdidas por casi 10.000 millones de dólares por parte del segundo banco norteamericano en términos de capital, en un solo trimestre, causó una enorme caída en las principales Bolsas del mundo, que esperaban que aquéllas no superaran los 4.000 millones de dólares. El 'optimismo' que había generado IBM el día anterior, con ganancias superiores a las pronosticadas, se disipó en forma fulminante. El balance del Citi dejó en evidencia que la insolvencia de su cartera de créditos hipotecarios se había extendido a los préstamos para el consumo y a las tarjetas de crédito.

El 'aguante'

La gestión de la crisis financiera, hasta el momento, se parece bastante a la emprendida por Cavallo cuando asumió como ministro en marzo de 2001. Los bancos no liquidan los créditos hipotecarios insolventes que tienen en su poder o los títulos que emitieron con la garantía de esos créditos. El 'default' de los deudores hipotecarios no fue seguido por una declaración de 'default' de las hipotecas correspondientes; es decir que los bancos no negocian los títulos o bonos hipotecarios en el mercado. Tampoco en Argentina, la incapacidad del Estado para pagar la deuda pública fue acompañada por la correspondiente desvaloración de los títulos de esa deuda que los bancos tenían en sus alforjas. Cuando el Citigroup habla de 'pérdidas' se refiere solamente a una 'previsión' contable que anota en sus cuentas con la expectativa de que el valor de esos títulos o créditos insolventes se recupere en el futuro. Mientras tanto, para hacer frente a sus propias deudas o al retiro del dinero de sus depositantes recurre a los 'servicios' del Banco Central (FED), que le provee de recursos sin límites (como ocurrió con los 'megacanjes' y 'blindajes' que otorgaron un 'club de bancos' y el FMI durante el agitado gobierno de De la Rúa). El 'aguante' que el Banco Central le hace a los grandes bancos norteamericanos explica que el mercado de capitales (donde se negocian los bonos o títulos, tanto públicos como privados) no se haya declarado todavía en bancarrota.

La magnitud de las pérdidas calculadas, desde el inicio de la crisis, hacen imbancable (literalmente) la continuación de este esquema de postergación de la bancarrota. Los quebrantos que llevan registrados los bancos de Estados Unidos y Europa suman ya unos 200.000 millones de dólares, pero nadie estima que puedan ser inferiores a los 400.000 millones, y algunos los prevén en un billón de dólares. A esto se le suman ahora los incobrables por créditos al consumo y por las tarjetas, pero por sobre todo la previsión de una recesión, o sea de una caída del PBI, por lo menos durante más de medio año. En Gran Bretaña, este esquema de patear el derrumbe para adelante ya ha fracasado en el caso del banco Northern Rock, apenas el quinto en tamaño, que sin embargo se ha 'tragado' la friolera de 25.000 millones de libras esterlinas. El primer ministro laborista acaba de anunciar que el banco será nacionalizado, o sea que el Estado asumirá directamente el 'aguante' de la cartera insolvente del Northern Rock. Como cualquiera podría imaginar, esta perspectiva 'nacional y popular' en el Reino Unido ya ha derribado a la libra esterlina en un 15%, y la previsión es que la 'moneda fuerte' de la City de Londres se vaya barranca abajo. La nacionalización constituye un intento final de evitar el derrumbe del mercado de capitales londinense.

Otro factor que apunta al derrumbe del mercado de capitales, tanto público como privado, es la situación de los fondos que aseguran a los tenedores de títulos contra las pérdidas que podría provocarles una caída de sus precios. Las más importantes de estas aseguradoras, sin embargo, no reúnen el capital suficiente para hacer frente a los seguros. Esta incertidumbre puede llevar a una liquidación masiva de los bonos que emitieron los municipios y los Estados norteamericanos para financiar sus gastos e inversiones. Por otro lado, provocaría un golpe mortal a los fondos de pensiones que compraron estos títulos estatales. La banca central norteamericana debe hacerle el 'aguante', con sus monumentales emisiones de billetes, no sólo a los bancos sino a todas las compañías y fondos de seguros asociados a la especulación financiera.

Barbarians, por favor

¿Podría ser que las 'hordas asiáticas' acaben salvando a la "civilización occidental y cristiana"? Es lo que aseguran quienes esperan que los fondos de inversiones de diversos Estados de Asia compren acciones de los grupos financieros afectados por la crisis hipotecaria. Esos fondos reúnen ya unos 3 billones y medio de dólares gracias a la acumulación de reservas en divisas por parte de sus bancos centrales. Pero la experiencia hasta ahora no es buena, porque aquellos que lo hicieron ya han perdido bastante plata como consecuencia de la caída del precio de las acciones. El fondo más importante de China, que tenía previsto incorporarse al capital del banco Morgan, acaba de recular ante un panorama que se torna cada vez más sombrío. Alega, naturalmente, que debería priorizar sus inversiones en el mercado interno de China. Tampoco la persistente devaluación del dólar los entusiasma para meter plata en bancos estadounidenses. Según los diarios, el ingreso de Temasek, el fondo de Singapur, en el suizo UBS, obedece a que una caída de UBS afectaría a ese estado, en donde el banco suizo ocupa el primer lugar en el ranking de bancos. En otros casos, como el del ingreso de un fondo saudita en el Citibank, se trata de operaciones de cambios de favores - capital árabe para los yanquis a cambio de la venta de armamento sofisticado por parte de los Bush.

De todos modos, como los fondos se constituyen a partir de reservas internacionales, su consistencia está condicionada a que no se produzcan déficits en los balances comerciales y de capitales de sus países - lo cual en un período de crisis puede ocurrir muy rápidamente.

De cualquier manera, las inyecciones de fondos para que los bancos sigan en pie con sus carteras de créditos e inversiones sin embargo fundidas, no resuelve el problema de la necesidad de que el crédito continúe fluyendo. Es aquí que aparece el artificio de la FED de reducir la tasa de interés. Pero hasta ahora el resultado ha sido un poco más que nulo, porque las tasas a mediano y largo plazo, que son las que importan, en lugar de caer suben, y el stock de crédito entre empresas sigue bajando. Se corre el riesgo, incluso, de que en lugar de estabilizar el crédito, la reducción de las tasas oficiales de interés de corto plazo provoque una nueva burbuja especulativa - tomar créditos a corto plazo (y bajo interés) para comprar títulos públicos a plazos mayores (que rinden más).

Una crisis del capital, con perdón de la palabra

Lo que se ha convenido en llamar una crisis financiera no es propiamente tal. Como acaba de señalar un observador, el mercado de consumo norteamericano es un mercado "apalancado" - depende cada vez más menos del ingreso por salarios y cada vez más del crédito al consumo. Por eso el nivel del endeudamiento de las familias oscila en torno a un 200% de su ingreso disponible. Ocurre, sin embargo, que la fuerza de trabajo que recibe esos ingresos bajo la forma de salarios o de remuneración de un trabajo autónomo, no acumula el valor que crea con su trabajo; lo acumula el capital. Como la fuerza de trabajo, a diferencia del capital, no se autovaloriza, a la larga su endeudamiento acaba con sus ingresos y salarios: el salario pasa a remunerar al capital (bancario), no a la fuerza de trabajo. La crisis bancaria disimula, entonces, una crisis de sobreproducción, que el crédito al consumo ha tratado infructuosamente de superar: las fuerzas productivas desbordan el marco capitalista en que fueron creadas. El estallido del crédito al consumo (incluido el hipotecario) potencia social e históricamente la recesión económica: socialmente, amenaza con generar una miseria mayor a las crisis precedentes; históricamente, tiene límites mucho mayores para encontrar una vía de salida o, dicho de otro modo, sus vías de salida son más destructivas y (¡sí!) catastróficas.

Los capitalistas intentan consolar a los trabajadores señalándoles que aún en condiciones de crisis, los activos de las familias superan a los pasivos o deudas (al menos en los países desarrollados). Es decir que son, incluso ahora, 'superavitarias'. Pero si esto tiene algún sentido, se reduce a lo siguiente: a que las familias deberán vender sus artefactos domésticos y perder sus ahorros bancarios o financieros, y en primer lugar sus viviendas, para pagar las deudas contraídas para comprarlos. Pero mientras la liquidación de un capital (insolvente) crea otro capital (los capitales se concentran y centralizan), la liquidación de una familia no crea otra familia. Se asoma, de este modo, uno de los aspectos fundamentales de la presente crisis, que es la perspectiva de desalojo de sus viviendas de dos millones de familias en el curso de los próximos 12-18 meses. Estados Unidos se encuentra en las vísperas de una gran crisis social, como ya lo atestigua el estado de Michigan, sede de la industria automotriz, donde la desocupación se aproxima al 10%. Detroit, su capital, ya tiene todos los signos precursores de un área devastada.

La extensión del crédito hacia el consumo y la captura de los salarios por el capital financiero es una manifestación extrema de parasitismo; coloca al capital ante un límite objetivo. El desarrollo de la presente crisis mundial no se produce en un vacío histórico sino en el marco de la declinación del régimen de producción capitalista. Es, al mismo tiempo, una impecable ilustración de la transición hacia un régimen socialista, porque todo el flujo de fondos de consumo y de capital se encuentra aprisionado por una única red de instituciones financieras, manejadas por un puñado reducidísimo de capitales y capitalistas.

El oro y el euro

Los que aseguran que el fin de la "civilización americana" dará paso a otra 'civilización' (ella también capitalista) de características chinas, asiáticas o incluso europeas, deben haberse sorprendido, suponemos, por la emergencia del oro, que se acerca a los mil dólares la onza cuando la crisis aún se encuentra en pañales. Se trata del refugio universal del valor, que pone al desnudo la desvalorización de todas las formas nacionales de la riqueza capitalista. ¡Pero la economía mundial no puede volver a transar en oro, a saber, no puede retroceder del crédito virtual y electrónico, y de la especulación financiera (con sus bonos, swaps, opciones, coberturas), al intercambio simple de mercancías!

De la crisis bancaria y financiera pasamos así, sin tránsito, a una crisis monetaria, que para el caso de la devaluación del dólar es por demás clara. Pero no solamente el dólar. La crisis hipotecaria afecta fuertemente a otras naciones, como Irlanda, España y el Reino Unido. El estancamiento económico se manifiesta también en Francia e Italia, y en menor medida en Alemania. Las naciones de Europa oriental y Turquía deben hacer frente a grandes déficits comerciales y una enorme deuda externa de corto plazo.

Como los países que han adoptado el euro no pueden recurrir a la devaluación para disminuir el peso de sus deudas y rebajar el costo de su producción, corren el peligro de una recesión gigantesca. Por eso es llamativa la devaluación de la libra esterlina, como síntoma de una salida, y porque también mete presión al euro, que se supervaloriza. También importa señalar la caída de los grupos hipotecarios españoles y el crecimiento del desempleo en este país, a partir de la industria de la construcción. Como España tiene un fenomenal déficit comercial y es un país con una fuerte deuda externa, no puede financiar una salida recurriendo al crédito internacional. La crisis capitalista, en España, es el telón de fondo de las tensiones que han estado creciendo por las autonomías nacionales, principalmente de Cataluña y el País Vasco. No es casual, entonces, que los comentaristas económicos más atrevidos vuelvan a hablar de un abandono del euro por parte de Italia e incluso de España para salir devaluando de la crisis con nuevas monedas nacionales. O sea que la crisis monetaria está planteando ya, potencialmente, una dislocación del comercio internacional - y de esa creación adorada del imperialismo, la moneda común europea, e inclusive de la cohesión estatal de algunas multinacionalidades europeas.

Menos mal que tenemos a China

A pesar de los síntomas e incluso de los análisis, muchos observadores (¡incluso trotskistas!) creen que la crisis pasará de largo, como ocurre con algunos temibles huracanes del Caribe. Alegan que las naciones desarrolladas serán salvadas esta vez por las economías 'emergentes', en algunos casos porque son grandes exportadoras de materias primas y en otros (China) porque su potencial de crecimiento interno sería ilimitado. La crisis puede estallar, pero siempre quedará algo en pie para reconstruir.

Bien mirado, todo se reduce a que China se encargaría de absorber los excedentes internacionales que dejaría una recesión norteamericana. Hasta ahora China ha sido fundamentalmente una economía exportadora de armado, con un 60% de componentes importados, en especial de Japón, Estados Unidos y Alemania. Se diría que su comercio se desarrolla dentro de una misma firma, que arma su producto en China para aprovechar la baratura de su mano de obra, la alta tasa de explotación, la posibilidad de destruir el medio ambiente y el bajo costo de las materias primas. Para compensar una caída de sus mercados de exportación, China debería modificar radicalmente su actual esquema económico, lo cual afectaría a los capitales internacionales que han convertido a China en una economía de exportación. Es decir que una crisis internacional no dejaría de lado a China sino que ella sería la más golpeada. En todas las crisis mundiales hasta ahora, al menos desde 1825, las naciones atrasadas o de desarrollo menor conocieron un salto de su industrialización y de su mercado interno debido a la interrupción de la exportación extranjera, pero esto luego de atravesar por una crisis severa; entre 1930 y 1932, el PBI de Argentina cayó un fenomenal 15%. Es precisamente esta experiencia histórica (y en especial la depresión de los años '30) la que enseña: 1) que el desarrollo interno de los emergentes tiene lugar después del estallido de la crisis, nunca con anterioridad a ella o con la posibilidad de prevenirla; 2) que cuando ese desarrollo tiene lugar se agudiza la tendencia a proteger el nuevo marco de autonomía nacional creado por la crisis mundial, en perjuicio de una recomposición del comercio internacional; 3) que solamente cuando la crisis mundial se encuentra en vías de superación (algunas décadas más tarde) se reanuda la interconexión de la economía mundial en una escala superior. En el caso de la depresión del '30, el retorno a la normalidad entrañó antes el nazismo, el holocausto, la guerra civil española, la segunda guerra mundial, cien millones de muertos, la revolución china, el avance del ejército rojo hasta las proximidades del Atlántico y varias revoluciones europeas y nacionales (en Asia, América Latina y África) traicionadas.

De todos modos, ahora mismo China se encuentra en el ojo del huracán de la crisis mundial, con una sobreinversión de capital enorme y con una 'burbuja' especulativa en la Bolsa de Shangai de enormes proporciones. Una disminución del comercio mundial, como consecuencia de una recesión en Estados Unidos y otros países, deberá provocar un estallido de proporciones en China, sin que importe el monto de reservas que tenga acumuladas, pues cualquier salida de capitales será un golpe al actual esquema económico del país. Por otro lado, el tránsito de China de una economía de exportación a otra de industrialización interna, luego de una crisis, entrañará fatalmente un enorme reacomodamiento social de fuerzas y una crisis política de proporciones. Se pondrá en juego el destino de la restauración capitalista, lo que no dejará de afectar a otras naciones asiáticas y a Rusia. La crisis mundial, debajo de su caparazón económico, hace surgir todos los problemas históricos irresueltos de la humanidad, el principal de ellos es el que plantea el agotamiento del capitalismo.

Juguemos en el bosque

En muchos aspectos la crisis actual se emparenta con la que sufrió Japón a finales de los años '80 - de la cual aún no ha salido, a pesar de haber acumulado una deuda pública de 10 billones de dólares, que fuera contraída también para salvar a los bancos luego de una igualmente gigantesca especulación inmobiliaria. La depresión japonesa y la deflación de su moneda han servido para montar una gigantesca ruleta financiera, que consiste en tomar prestado en Japón, cuya moneda es débil y su tasa de interés casi nula, para invertir en los mercados financieros exteriores, en particular Estados Unidos, Australia, Brasil, Reino Unido. Esta 'burbuja' está a punto de estallar, como ya se ve, en Estados Unidos y como deberá ocurrir próximamente en Brasil. La depresión japonesa ha financiado el ciclo económico ascendente de 2002-06. La reversión de tendencias que se anuncia será muy gravosa para Japón, porque el retorno de los capitales especulativos producirá un retorno de la depresión y la deflación. Este mismo mecanismo está operando en los mercados de materias primas, que se han ido por las nubes en el preciso momento en que la crisis financiera mundial se ha ido agudizando. Los capitalistas explotan los desequilibrios que provoca la crisis para provocar otros nuevos. La recesión norteamericana plantea un derrumbe de la cotización de las materias primas, como ya está ocurriendo con algunos metales, y con ello el sueño de un desarrollo nacional y popular basado en la explotación de los recursos naturales. Ya ocurrió esto antes, en la década de los '70, cuando Perón diseñaba el futuro de Argentina como una potencia agropecuaria.

Sujeto y objeto

La caracterización de la presente crisis debe servir para organizar una política revolucionaria. La crisis bajará a tierra las divagaciones sobre la clase obrera como 'sujeto histórico' y volverá a poner a prueba a todas las políticas que se han formulado en su nombre. La humanidad, que ya se enfrenta a las guerras imperialistas desatadas en nombre de la lucha contra el terrorismo, deberá hacer frente, progresivamente y en un plazo cierto, a millones de desalojos, crecimiento del desempleo y desocupación en masa, el derrumbe de las economías nacionales más débiles, la prueba de la restauración capitalista en los ex estados obreros, incluso la consistencia de construcciones como la moneda europea.

El solo hecho de la emergencia de una crisis de esta envergadura derriba los supuestos y las propuestas de todas las 'utopías' neo-liberales sobre el efecto milagroso del mercado sobre la división de la sociedad en clases y naciones, así como las 'terceras vías' reformistas y las soluciones de los forums sociales que postulaban un mundo diferente por medios de cambios cosméticos e indoloros. Todos los planteos políticos pasarán de nuevo por la prueba de los grandes giros, incluido el nacionalismo que tiene por referencia a Chávez. La crisis dejará expuesto el carácter reaccionario de las diversas sectas internacionales que sustituyen la necesidad de orientar al proletariado y a sus sectores más avanzados por la labor de consejeros de los nacionalistas y reformistas con mayor o menor audiencia entre las masas.

La presente crisis viene acompañada con una nueva etapa de luchas obreras y de luchas nacionales que tienen por principal protagonista a la nueva generación. Esto quiere decir que irrumpen como una tendencia. El desarrollo de esta nueva generación en la lucha es la tarea principal del nuevo período. La crisis capitalista es una ocasión extraordinaria para la formación política.

El desarrollo de la crisis, mucho antes que su desenlace, será determinado por la lucha - no por anticipos que se basan necesariamente en prejuicios. Para esta lucha es necesario un programa de transición, que señale no solamente las reivindicaciones que pueden impulsar a las masas a luchar por el poder, sino por sobre todo las condiciones y la oportunidad de esas reivindicaciones, para que sirvan para una lucha política abierta contra la burguesía y su Estado. El hilo de la historia se enmadeja pero no se corta: se trata de completar la tarea que, hace cuatro décadas, iniciaron el Mayo francés, el Cordobazo argentino, la primavera de Praga, la plaza de Tlatelolco de México y la guerra nacional y social del pueblo vietnamita que fuera apoyada por los obreros y la juventud de Europa y Estados Unidos.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61997

miércoles, 16 de enero de 2008

A propósito de la situación económica: Un país que embiste en lugar de pensar

A propósito de la situación económica: Un país que embiste en lugar de pensar

Decía Lope de Vega que los castellanos -entendiendo esta acepción como sinónimo de españoles- no piensan, sino embisten. Y Antonio Machado, con su proverbial capacidad de observación, remachó la idea cuando sostuvo que en España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. A Lope de Vega y Machado les separaron tres siglos, pero como se ve este largo periodo de tiempo no fue suficiente para resolver un viejo problema de este país: la incapacidad de resolver los problemas echando mano de la inteligencia en lugar de las emociones.

Sólo en esta clave puede explicarse la ausencia de un debate verdaderamente de calado sobre las causas últimas de las actuales zozobras económicas. En la mayoría de los casos, la discusión se reduce al célebre ‘...y tú más’, que viene a ser una especie de contribución española al pensamiento universal. A falta de premios Nobel en disciplinas relacionadas con el conocimiento, cuando alguien tiene un problema le espeta al contrario que lo suyo es bastante peor. Como se ve, se trata de una pobreza intelectual sin límites que tiene en el parlamento su máxima expresión. Pero sin los deliciosos diálogos del parlamento británico, donde se produjo este maravilloso diálogo recogido en el blog de Joaquín Leguina:

Una diputada laborista, enfadada por el discurso que estaba pronunciando Churchill, lo interrumpió para decirle:

-Si usted, señor Churchill, fuera mi marido, le pondría veneno en el café.

-Y si yo fuera su marido… -contestó el primer ministro con parsimonia- me lo tomaría con gusto. Ahí se acabó el diálogo.

Ya sabe que la sutileza y el ingenio no son el punto de fuerte del parlamento español, pero al menos, a falta de retórica e imaginación, sus señorías deberían dedicar parte de su tiempo a estudiar los problemas de fondo de la economía española. No se trata, desde luego, de una idea original.

En las Cortes Constituyentes, Ortega y Gasset dijo a sus señorías, y así está recogido en el Diario de Sesiones: “Tienen que estudiar la situación económica, porque va a condicionar la posibilidad del desarrollo de España. Así que llamen a los economistas para que les den un diagnóstico de la situación y sepamos qué hacer”.

“Y si no tienen economistas en España, insistió Ortega, tráiganlos del extranjero, pero lo más urgente que necesitamos es hacer un diagnóstico”. En este contexto nació la célebre idea de Ortega de que una crisis económica puede convertirse en una crisis política y una crisis política en una económica. En otras palabras, como decía el profesor Fuentes Quintana, el problema es que no sabemos lo que nos pasa y eso es, precisamente, lo que nos pasa.

No se trata de un simple juego de palabras. Más allá del grado de intensidad de la actual desaceleración de la actividad económica (algo en lo que no hay ninguna duda), lo cierto es que España tiene por delante un nuevo tiempo económico radicalmente distinto del anterior. Los shocks de oferta que aparecieron en la segunda mitad de los años noventa y que explican el largo periodo de expansión económica: introducción del euro, tipos de interés reales negativos, inmigración masiva o privatizaciones (con el consiguiente aumento de la recaudación) no se van a volver a repetir.

Parece, por lo tanto, que lo razonable es desbrozar lo antes posible el camino a recorrer. Sólo de manera podrá saberse si jugamos a ser California o Florida. De lo contrario, nos quedaremos en tierra de nadie, algo que es el mejor camino para brillar en la mediocridad.

Pero para eso, lógicamente, es necesario saber qué nos pasa. Pinchada la burbuja de la industria inmobiliaria y, en menor medida, de la construcción gracias a la obra civil (un 50% del negocio), la economía española debe encontrar nuevos caladeros útiles para el crecimiento. Pero eso no va a ser posible si en primer lugar no se hace un diagnóstico serio sobre lo que nos pasa. Lógicamente, a no ser que se prefiera esperar a que el catarro se convierte en una pulmonía

http://www.elconfidencial.com/cache/2008/01/14/5_proposito_situacion_economica_embiste_lugar_pensar.html

lunes, 14 de enero de 2008

Varios artículos ( PAUL KRUGMAN, Josep Ramoneda , Carlos Sebastián)

Publicado el viernes 11 de enero del 2008
De la exageración al temor
By PAUL KRUGMAN
El informe sobre desempleo del viernes fue brutalmente malo. El desempleo en diciembre aumentó, mientras que la generación de empleos fue mínima, y es altamente probable, por razones técnicas, que cuando se revise la cantidad de trabajos ésta sea más baja, mostrando un descenso real.

Son las malas noticias más recientes sobre una economía en la que la situación del empleo en realidad se ha deteriorado en el último año. Ya no es posible esperar que los efectos de la crisis de la vivienda sigan ''contenidos'', como se expresó con una de las palabras de moda en el 2007. Se rompieron los diques y las repercusiones de la crisis de la vivienda se están propagando por toda la economía en su conjunto.

No hay certeza, incluso ahora, de que tendremos una recesión, aunque dadas las noticias del viernes se tendría que decir que las probabilidades son de que sí la habrá. Sin embargo, lo que está claro es que el 2008 será un año con problemas para la economía estadounidense, y como resultado, el récord económico en su conjunto de los años de Bush habrá sido sombrío en el mejor de los casos: dos años y medio de crisis en el empleo, tres y medio años de crecimiento bueno, pero no grandioso, y dos años más de depresión económica renovada.

Las elecciones de noviembre se llevarán a cabo en este contexto de depresión económica, lo que deberían ser buenas noticias para los candidatos que contienden con base en una plataforma de cambio.

Sin embargo, los opositores del cambio, quienes quieren dejar intacto el legado de Bush, cuentan con recursos. De hecho, ya han establecido su eje estándar cuando las cosas resultan mal: el eje de pasar de la exageración al temor. Y en caso de que no se hayan dado cuenta, son muy pero muy buenos en aquello del miedo.

Verán, la política estadounidense ha estado dominada durante 30 años por un movimiento político que practica el estilo Robin Hood a la inversa, dándoles a quienes ya tenían mientras les quita a los que no tenían. Y uno de los secretos de ese dominio prolongado ha sido la flexibilidad asombrosa en el debate económico. Las políticas nunca cambian, pero los argumentos para esas políticas lo hacen con rapidez.

Cuando a la economía le va razonablemente bien, el debate está dominado por la exageración, con el dicho de que la prosperidad de Estados Unidos es verdaderamente maravillosa, y que las políticas económicas conservadoras merecen todo el crédito.

Sin embargo, cuando las cosas van mal, se da una transición lisa de: ''¡Es de mañana en Estados Unidos! ¡Apresúrense al recorte fiscal!'' a ``La economía está en crisis! ¡Aumentar los impuestos sería un desastre!''

Por tanto, hasta el otro día funcionarios del gobierno de Bush estaban en etapa de negación sobre los problemas de la economía. Seguían insistiendo en que la economía estaba fuerte y pregonando el ''auge Bush'' --el mejoramiento en la situación del empleo que ocurrió entre el verano de 2003 y finales de 2006-- como prueba de la eficacia de los recortes fiscales.

Sin embargo, ahora, sin nunca haber reconocido que quizá las cosas no eran tan grandiosas después de todo, el presidente Bush advierte que dados los problemas de la economía, ``lo peor que podría hacer el Congreso sería aumentar los impuestos al pueblo estadounidense y a las empresas estadounidenses''.

Y advertencias aún más sombrías provienen de algunos de los candidatos presidenciales republicanos. Por ejemplo, en el sitio en la red de la campaña de John McCain se alerta en forma misteriosa que ``no se debe someter a los empresarios con impuestos. John McCain hará que sean permanentes las reducciones e inversiones fiscales de Bush, manteniendo las tasas de ingresos tributarios en su nivel actual y combatiendo los planes de los demócratas de un incremento fiscal perjudicial en el 2011''.

¿De qué incremento fiscal ''perjudicial'', con el que se sometería a los empresarios con impuestos, está hablando McCain? La respuesta son las propuestas de los demócratas de permitir la expiración de los recortes fiscales de Bush para las personas que ganen más de 250,000 dólares al año, recuperar los niveles de tasas tributarias para mayores ingresos que prevalecieron en los años de Clinton.

Y todos recordamos las pocas empresas que hubo, el débil desempeño de la economía, durante los años de Clinton, ¿cierto? Oh, esperen. (Publiqué algunos cuadros de comparación del desempeño del empleo durante los años de Clinton y de Bush en mi bitácora del Times, krugman.blogs.nytimes.com. Es bastante impactante lo comparativamente débil que se ve la era Bush.)

No importa. Todo el punto de la táctica para asustar es que pueden trabajar incluso de cara a los hechos inconvenientes. Y de lo que no estoy seguro es si los demócratas están preparados para la pelea que están a punto de encarar. Para decirlo con todas sus letras, Barack Obama ganó su victoria impresionante en Iowa con un mensaje cordial y optimista de cambio.

Sin embargo, existe una poderosa facción política en este país que comprende muy bien que cualquier cambio real creará perdedores tanto como ganadores. En particular, cualquier reforma progresista seria en la atención de la salud, ya no se diga un intento más amplio por reducir la inseguridad y la desigualdad de la clase media, tendrá que significar impuestos más elevados para los acaudalados. Y miembros de esa facción harán todo lo que sea necesario para asustar a las personas a fin de que crean que el cambio significa desastre para la economía.

No creo que tengan éxito. Sin embargo, sería un error grave asumir que no lo tendrán.

© 2008 The New York Times

News Service

http://www.elnuevoherald.com/opinion/v-print/story/141691.html


El fatalismo de la crisis

La política también cuenta en las crisis económicas. Hay una cierta tendencia a leer los procesos económicos en términos técnicos, como si se tratara de ciclos tan inexorables como los de la naturaleza, de los que finalmente nadie es responsable. Y, sin embargo, es obvio que no hay economía sin la mano humana que la nutre. De modo que el clima político-ideológico de cada momento tiene mucho que ver con las cosas que ocurren.
Hemos vivido unos años de jolgorio ideológico en que el mercado, que por definición es un instrumento, se ha convertido en el horizonte insuperable de nuestro tiempo. Siempre que el instrumento se convierte en fin deberían dispararse los mecanismos de sospecha intelectual. Pero una verdadera burbuja ideológica ha acompañado a la burbuja financiera. Tanta ideología falsamente liberal, tanta insistencia en que cualquier forma de control es letal para la eficiencia del mercado, tanta pasión desreguladora, tanta fascinación por el enriquecimiento fácil y rápido: ahora vemos los resultados. No hay que ser científico para entender que cada movimiento ascendente tiene su punto catastrófico. Y que es tan importante acompañar la subida como garantizar las condiciones del aterrizaje. Cuando los controles se relajan, cuando los que tienen que encender las señales de alarma miran a otra parte fascinados por la rueda de la fortuna, cuando los Gobiernos sólo ven cifras de crecimiento y dinero a mansalva, los círculos virtuosos se desdibujan sin que nadie quiera saber cómo ha sido. Y probablemente pasará la crisis, empezará un nuevo ciclo y se repetirán exactamente los mismos vicios de desprecio a las señales negativas, de negligencia ante los riesgos, de dejar hacer hasta la próxima caída. Dicen que es la lógica del sistema. Y que contra ella no se puede ir. La situación me recuerda una frase que pronunciaba a menudo Ernest Lluch: "Qué desastre debía ser el comunismo que aún funcionaba peor que el capitalismo".

Me ha gustado oír el análisis de un alto ejecutivo de una multinacional española: "Cualquier persona medianamente formada sabe que los mercados sólo son perfectos en unas condiciones teóricas que nunca se dan en la realidad. Por eso son indispensables los organismos reguladores. El fracaso de éstos en la economía norteamericana ha sido escandaloso. Se han permitido cosas que autorizan a hablar legítimamente de estafa. ¿Quién les exigirá responsabilidades?".

Con todo, lo que me parece más preocupante es el doble juego de la ocultación y de la fatalidad. Ocultación en el espacio político, ocultación en el espacio económico, siempre con el piadoso argumento de que hablar de crisis es la mejor manera de fomentar la crisis. En la política, el Gobierno no tiene otro discurso que relativizar el mal momento económico con los buenos resultados del pasado reciente y la oposición, alimentar el discurso de la crisis para que cunda el pánico y la ciudadanía se asuste y vote a la derecha. Son dos formas de ocultación, ninguna de las dos actitudes contribuye al conocimiento de la realidad de la situación ni aporta respuestas específicas que ayuden a pasar mejor el trance.

Y ocultación, también, en el mundo económico, en que los datos negativos en determinados sectores empresariales se acumulan sin que nadie aflore informaciones que ayuden a comprender lo que ocurre. Un ejemplo: venimos oyendo sistemáticamente que en España no hay hipotecas subprime. Una hipoteca por el valor total de un inmueble, a partir de una tasación sobrevalorada, y con cuota variable, si no es una subprime se le parece mucho.

Lo más fascinante, sin embargo, es la fatalidad con que los propios actores empresariales asumen estos ciclos y estas crisis. Ahora, muchos de ellos dicen que ya se veía venir. Y puedo acreditar el testimonio de algún importante empresario que ya lo dijo hace dos años. Pero si se veía venir, si hace dos años se sabía que esto podía acabar mal, ¿por qué ni siquiera los que lo dijeron hicieron nada para cambiar el rumbo? ¿Por qué brillantísimas mentes financieras y empresariales se han visto metidas en este lío sin poder evitarlo? ¿Tal es el grado de fatalidad sistémica? ¿O hay que recurrir a las peculiaridades de la bestia humana y reconocer una vez más las limitaciones de la especie? ¿Y si al final resulta que detrás de tanto discurso ideológico, de tanta especulación teórica, de tanta solemnización del poder y de los dineros, lo único que hay es la codicia humana?

Quizás, finalmente, todo se explique porque cuando el dinero se pone fácil, y todos los del entorno se enriquecen exponencialmente, ni siquiera el más lúcido del lugar es capaz de reprimirse y se ve impulsado a entrar de modo inexorable en la espiral del siempre más, de la insaciable voluntad de poder, convencido de que no hay límites y que el que acabará pagando será otro.

¿Es este el fatalismo de las crisis del sistema? Si fuera así estaríamos más necesitados de psiquiatras que de economistas

http://www.elpais.com/articulo/espan...lpepinac_8/Tes

¿Crisis?
(12-01-2008)

Yo estaba entre los agoreros respecto al futuro de la economía española. Lo estaba en tiempos del España va bien y también en tiempos, más recientes, en el que se proclamaba que 'la economía española está en la Champions'. Pero estos días, al menos transitoriamente, ante tanto alarmismo interesado y catastrofismo demagógico, me he pasado al grupo de los optimistas con reservas.

Era agorero porque pensaba, y pienso, que el modelo de crecimiento español no permite sostener la convergencia con los más prósperos y que, sin que se produzca un cambio de tendencia en la evolución de la productividad, estamos abocados, cuando se acabe el impulso constructor facilitado por los bajos tipos y por la inmigración, a mantener las distancias con los mejores, si no a divergir. Adelantar a Italia tiene poco mérito dada la realidad de aquel país.

Pero hay pocas razones para ser catastrofistas. Desde luego pocas para tener una percepción radicalmente peor de la de hace seis meses o de la de hace seis años. Los últimos datos no son buenos y la economía española, como todas las de nuestro entorno, va a experimentar una desaceleración. ¿Pero qué se creían? ¿Que tras 10 años de crecimiento alto y sostenido no se iba a producir nunca una desaceleración?

Parece que este año vamos a crecer en el rango al 2,5%-3,0% y en 2009 probablemente algo menos. Pero vayámonos acostumbrado porque, si la productividad no se acelera, nuestro destino es crecer como Alemania y Francia, o menos. La evolución a corto podría ser peor si se produjera uno de estos dos fenómenos: un hundimiento de las expectativas empresariales o una interrupción sustancial de los flujos de crédito, resultado de una deriva caótica de las actuales dificultades (lo que parece poco probable) o resultado de un hundimiento de los precios de los inmuebles.

Otro factor relevante a corto plazo podría ser la intensidad de la recesión en la que probablemente entrará la economía americana durante este ejercicio. Pero esperamos que sea suave. La economía mundial es más robusta, las economías avanzadas son más flexibles y la gestión macroeconómica ha mejorado.

La elevación de la inflación es el resultado del fuerte encarecimiento de las materias primas. El aumento del diferencial de inflación con la zona euro no representa nada nuevo. Hay una estrecha relación entre el nivel de precios de la zona euro y el de España. Pero la relación no es proporcional (tiene una elasticidad superior a uno). Por lo que el diferencial aumenta cuando la tasa de inflación europea se eleva, y al revés. Pero no ha habido ningún cambio en esa relación. Otra cuestión es por qué la relación entre esos dos niveles de precios es así. Pienso que deficiencias en la competencia en los sectores de distribución y, de nuevo, el menor crecimiento de la productividad son las causas.

¿Qué puede hacer el Gobierno? En primer lugar, no precipitarse en la respuesta a la peor coyuntura. La política monetaria se hace en Fráncfort y una expansión fiscal indiscriminada ni tiene sentido a largo plazo ni tendría efectos a corto. Sí puede intensificar la supervisión financiera (los organismos que tienen estas competencias).

Y puede contribuir a que no se hunda la confianza empresarial con el diálogo, pero también haciendo programas definidos con el mundo empresarial destinados a mejorar a medio plazo el entorno económico. Por ejemplo, siguen existiendo deficiencias en las infraestructuras que los empresarios revelan en encuestas de distinto tipo. Convendría identificarlas, no sólo en reuniones de expertos, sino acudiendo a la encuesta específica, que es un método relativamente rápido y barato, y a continuación, definir y poner en marcha programas de gasto destinados a subsanar esas deficiencias.

Por otro lado, por idéntico procedimiento, plantear mejoras de los procedimientos de regulación administrativa (profundización de las reformas que inició el PNR de 2005). Todo ello lanzaría un mensaje de futuro y daría pequeños pasos hacia la mejora de la productividad. Avanzar más en esta dirección requeriría una reforma más profunda de las Administraciones públicas (para elevar su eficiencia y su transparencia), una sustancial mejora del funcionamiento de la justicia, mejorar los niveles educativos, intensificar las relaciones entre empresas y centros de investigación, reformar la negociación colectiva y algunas acciones más de este calado. Acciones que necesitarían de un consenso político y social imposible de plantear con los chaparrones de demagogia que están cayendo.

Reformas impositivas, como una simplificación de los impuestos directos, reduciendo deducciones y tramos, acompañada de una reducción de tipos, es una opción digna de considerar. Yo estaría a favor. Pero no como respuesta a desaceleración, sino como forma de tener un sistema fiscal más eficiente.

Carlos Sebastián, Catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense
http://www.cincodias.com/articulo/op...scdiopi_2/Tes/

miércoles, 9 de enero de 2008

CAUSAS Y EVOLUCIÓN DE LA CRISIS HIPOTECARIA DE 2007

CAUSAS Y EVOLUCIÓN DE LA CRISIS HIPOTECARIA DE 2007


Dr. Sergio Nasarre Aznar, Profesor de Derecho Civil, Universitat Rovira i Virgili. Investigador Grupo Eurohipoteca sergio.nasarre@urv.cat




Después de unos años de boom hipotecario e inmobiliario, ha estallado en Estados Unidos la tercera gran crisis hipotecaria de los últimos años. Vemos, pues, los antecedentes históricos, causas, consecuencias y afectación en Europa y en España de esta nueva situación hipotecaria mundial.

Antecedentes históricos
La primera crisis se sitúa en los años 80 y primeros 90 con la quiebra de más de 2.000 entidades de crédito en Estados Unidos provocadas precisamente por una importantísima crisis hipotecaria relativa al "lending long, borrowing short", es decir, a la financiación hipotecaria deficiente (esencialmente depósitos) seguido de un dramático descenso de los precios de los inmuebles. La segunda, en el año 2004, las entidades en las que se había depositado la confianza de evitar otra crisis, las Agencias Federales Fannie Mae y Freddie Mac entraron en una profunda decadencia que provocó la intervención de Alan Greespan en el Senado de los Estados Unidos. Estas Agencias tenían que comprar las hipotecas de los bancos regionales y colocarlas en pools para poder titularizarlas y emitir sobre ellas -MBS (bonos de titularización hipotecaria)- más rentables gracias al apoyo implícito del gobierno de los Estados Unidos. Ello provocó una profunda reestructuración en estas entidades que manejan la inmensa mayoría del mercado secundario de hipotecas (negociación con créditos hipotecarios) de los Estados Unidos, refinanciando las performing mortgages (aquéllas que cumplen los estándares que las Agencias requieren, es decir, teóricamente las mejores hipotecas, que eran en 2006 el 77% de las hipotecas en USA). Y la tercera; con este mercado de las prime mortgages afectado, sólo le quedaba el turno a las sub-prime (que representaban en 2006 alrededor del 15% del mercado hipotecario, cuando en 2003 eran sólo el 4%), es decir, a las "peores" hipotecas, entendidas como las de mayor riesgo. En agosto de 2007 las ejecuciones hipotecarias en los Estados Unidos se han duplicado respecto de 2006 y han quebrado al menos 20 instituciones de crédito que concedían hipotecas sub-prime, como el banco New Century Financial Corporation. Las sub-prime son aquellos créditos hipotecarios con altos loan-to value, es decir, tasaciones inmobiliarias "poco cuidadas" e hipotecas demasiado generosas concedidas a deudores hipotecarios con ingresos poco regulares —al estilo de las NINJA mortgages: no income, no-assets, no-job— y más del 50% de los ingresos dedicados al pago de la hipoteca.

Causas
El comienzo del aumento significativo de impagos de hipotecas sub-prime en los Estados Unidos (finales de 2006), después de una época de burbuja inmobiliaria, con la consiguiente quiebra de entidades concesionarias de hipotecas sub-prime, debido a la subida del tipo de interés. Ello ha arrastrado a la titulización hipotecaria y a la consiguiente mundialización de la crisis (julio de 2007) a través de la inversión en fondos de riesgo (hedge funds) de entidades de crédito y otras entidades de fuera de USA. Según la investigación que ha iniciado la Comisión Europea (agosto de 2007) en toda la crisis parece que han tenido un papel decisivo las agencias de rating que, al no reaccionar y prever con tiempo, han permitido indebidamente (responsabilidad) que los inversores mantuvieran la confianza en el mercado hipotecario americano, agravando la crisis significativamente. Es decir, les habían invitado a invertir en MBS emitidas sobre pools de sub-primes, sin valorar suficientemente el riesgo (default y liquidity risk).

Consecuencias
En definitiva, desde los años 70, las Agencias hipotecarias americanas han estado emitiendo estas MBS privilegiadas que, además, han querido exportar a todo el mundo (especialmente a Sudamérica y Europa, con el afortunadamente fallido proyecto del European Mortgage Finance Agency –EMFA) y que forman parte de los activos comprados por muchos fondos de inversión europeos, confiando en que son valores estables y seguros. Además, también han adquirido MBS (con ratings muy bajos, como BBB) especulativas para añadir cierto riesgo a sus fondos, que ahora se ha desmedido, provocando pérdidas importantes a los inversores.

La Federación Hipotecaria Europea había señalado que las entidades de crédito españolas no diversificaban suficientemente sus productos hipotecarios para llegar a todo tipo de clientes. En esta línea, una doble reacción: las entidades de crédito o bien directamente o bien por medio de "otras marcas" se han lanzado a conceder sub-primes, asumiendo un riesgo importante, muy sensible a períodos de crisis financiera que puedan provocarse por una subida de tipo de interés. El mayor riesgo no sólo se ha asumido respecto a grupos naturales de riesgo, sino también a promotores con promociones inmobiliarias diversas. Este efecto inmaduro de nuestras entidades de crédito ha venido provocado posiblemente por el éxito coyuntural que habían tenido en estos últimos años los "chiringuitos" inmobiliarios e hipotecarios. Es posible que veamos a las familias enfrentarse a impagos debidos al sobreendeudamiento (tarjetas de crédito, créditos al consumo disfrazados bajo la hipoteca, grupos de riesgo, etc.) además de una ralentización de la construcción de viviendas, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo directos e indirectos. Si no suben los tipos y/o las personas no perciben crisis, el consumo se mantendrá, lo que contribuirá al mayor sobreendeudamiento, que podría agravar la crisis en un futuro. En cualquier caso, España, de darse una crisis debido a la subida de tipos, por su contexto financiero-económico sería más sensible que los USA en los siguientes aspectos:
a) España es un caso atípico en Europa por su inmaduro mercado de vivienda de alquiler (8%), que aquí se asocia a precariedad, y que todos los gobiernos han fracasado en mejorar, a pesar de existir fórmulas para profesionalizar y volver eficaz el mercado de alquiler, como los REITs o la institución del leaseholds modernizada. Con un cojín más amplio de vivienda de alquiler digna y valorada, la crisis hipotecaria no tendría tanto eco.
b) Mientras que en los USA el 48% de las sub-prime eran de tipo variable, en España el 99% del total de hipotecas que se han concedido en los últimos tiempos ha sido a tipo variable y, por tanto, más sensible a las subidas de tipos, sean o no sub-primes (y aunque éstas sólo representen, según S&P, el 3% del total).
c) El sistema de subasta inmobiliaria después de un proceso de ejecución sigue siendo poco transparente.
d) Las operaciones de emisión de deuda hipotecaria (cédulas y bonos de titularización hipotecaria) en España se han reducido sensiblemente en agosto de 2007, en lo que puede tener que ver la incertidumbre de los mercados hipotecarios mundiales (Expansión 21-8-07). En cualquier caso, a pesar de su calificación de rating, su regulación sigue siendo muy deficiente y no es previsible que mejore (de hecho, en ocasiones empeora) con la reforma de la Ley del Mercado Hipotecario prevista para finales de 2007.
e) El precio de la vivienda ha bajado en 13 provincias en los últimos meses (Elmundo.es, 17-10-2007). Esto lo sufrirán tanto los promotores (vivienda de primera mano) como los propietarios que adquirieron viviendas como inversión (segunda mano). Quizás esto es un hecho coyuntural, hasta que el ciudadano recupere la confianza en el mercado si no se producen más escándalos hipotecarios. Lo que sí parece es que en los EE.UU. la crisis hipotecaria todavía no ha tocado fondo, y así será por unos meses al menos.

De darse la crisis hipotecaria al estilo USA (hasta ahora, el peor de los escenarios concebibles), las consecuencias naturales podrían ser:
a) Generalización de las ejecuciones, primero, por préstamos personales debidos (tarjetas de crédito, créditos al consumo, etc.),
b) Y, luego, ejecuciones hipotecarias por impagos de rentas. Serán normalmente hipotecas de tipo variable, con más loan-to-value ratio y sin posibilidad de alargar más el préstamo, pues ya es a 30, 40 e, incluso, a 50 años vista, y sobre segundas residencias. Aunque parece no previsible a corto plazo que los tipos de interés superen el psicológico 6%, la ralentización del consumo llevará a la ralentización de la economía y ello tendrá que afectar necesariamente al PIB español de 2008, que ya se ha revisado a la baja según algunos estudios.
c) Consiguiente aumento de las casas a la venta en el mercado inmobiliario y por tanto su desestabilización (menos promociones, más crisis económica).
d) Aumento de los requisitos para obtener un préstamo hipotecario (lo que dificultará el acceso a la vivienda, si tenemos en cuenta el precario mercado de alquiler).
e) Y cambio en los hábitos de consumo e inversión. Cuanto menos liquidado y mayor dificultad en el acceso al préstamo, menos consumo; y reorientación del ahorro y la inversión desde los fondos más arriesgados por parte de los inversores a productos más estables, como los fondos más conservadores, la deuda pública y las imposiciones a plazo.

Algunas claves para evitar más problemas
Un consumo más responsable (más formación e información, más verídica y más transparente), mejorar el mercado de vivienda de alquiler y mejorar las garantías de nuestros valores hipotecarios para favorecer una óptima refinanciación, lo cual, por otro lado, no se conseguirá con la reforma hipotecaria proyectada a aprobar a mediados de diciembre.

Todo lo que se ha visto estos meses hace pensar en la globalización hipotecaria, en la que proyectos como el de la Eurohipoteca pueden aportar mayor certidumbre, seguridad y dinamismo al mercado hipotecario en España y Europa.

jueves, 3 de enero de 2008

La Tormenta Perfecta

La Tormenta Perfecta



Día de Halloween de 1991. La costa Este de los Estados Unidos sufre una descomunal tempestad causada por la improbable combinación de aire caliente y bajas presiones provenientes del norte, aire frío y altas presiones provenientes del este y el resto de un huracán tropical que sube del sur. Estos tres factores no se dan simultáneamente casi nunca. Pero cuando se dan, originan lo que se conoce como… La Tormenta Perfecta.

Enero de 2008. Como cada año, los economistas nos vemos acosados por la prensa para que hagamos las predicciones del año nuevo. Si uno no quiere quedar como un ignorante, uno debe profetizar alguna cosa con más o menos sentido. Ya que yo soy de los que no tienen bola de cristal, déjenme que les cuente lo que están diciendo los grandes gurús de la futurología económica: durante el 2008, ¡habrá una profunda crisis económica!

Hay seis factores que apuntan en esa dirección. Primero, la crisis financiera del “subprime”. Empezó hace unos años cuando unos bancos espabilados hicieron préstamos hipotecarios a familias con poca capacidad de devolver el dinero (“subprime”). En lugar de guardarse esas hipotecas peligrosas, esos bancos las ‘securitizaron”. Es decir, las pusieron en paquetes con otras hipotecas y las vendieron al mejor postor. Éste, por su lado, las re-empaquetó y las volvió a vender. Y así, los paquetes de hipotecas peligrosas fueron de banco en banco hasta su destino final. El problema es que ni ese destino final se conoce, ni se sabe cuántas hay. En las últimas semanas hemos descubierto que Merryl Lynch, Citigroup y Unión de Bancas Suizas (UBS) poseían decenas de miles de millones de dólares. Es decir, hemos descubierto que el agujero financiero es grande y que no lo tienen bancos desconocidos sino bancos muy importantes.

El problema es que, al no saberse quien tiene agujeros financieros, los bancos se guardan el dinero porque tienen miedo a prestar. Eso hace que muchas empresas que querrían invertir, es decir, que querrían comprar maquinaria y ampliar su capacidad productiva, no lo hacen porque nadie les presta dinero. La empresa de maquinara no vende por lo que debe despedir a algunos trabajadores. Esos trabajadores dejan de comprar comida o ropa por lo que las empresas de comida o ropa pierden dinero y despiden a sus trabajadores y el círculo vicioso se expande por toda la economía. Es decir, lo que empezó como una crisis de hipotecas “subprime” se contagia a la economía real y se transforma en una recesión económica en toda regla.

Segundo factor: los precios de la vivienda en Estados Unidos están cayendo y se estima que durante el 2008 la caída puede llegar a ser de hasta un 25%. Esto puede provocar lo que se conoce como “efecto riqueza”: el gasto realizado por los consumidores depende de lo ricos que éstos son o creen que son. Cuando el precio de sus viviendas baja, perciben que se han empobrecido y dejan de comprar comida o ropa por lo que las empresas de comida o ropa pierden dinero, despiden a sus trabajadores… y el círculo vicioso vuelve a empezar.

Tercero: el precio del petróleo ronda los 100 dólares por barril. En el año 1974, un aumento parecido, por si sólo, causó una de las más grandes recesiones del siglo XX. Es cierto que la economía de hoy, con muchos más servicios y menos industria, es menos dependiente de los precios de la energía. Pero también es cierto que el aumento del precio del petróleo coincide con el de otras materias primas. La razón es que, esta vez, los precios no suben porque unos locos de la OPEP han reducido la oferta sino porque los dos países más poblados del mundo, China e India, están creciendo rápidamente y demandan grandes cantidades de materias primas.

Cuarto, el euro está por las nubes: un euro caro hace que los productos europeos sean caros y eso impide que Europa exporte y tome el timón de la economía mundial cuando los Estados Unidos entren en crisis.

Quinto, el dólar corre el riesgo de sufrir una caída catastrófica. En estos momentos hay tres grandes grupos de personas que tienen dólares en sus carteras: los Chinos, los fondos de pensiones alemanes y japoneses y los exportadores de petróleo. Si estos grupos ven que el dólar se debilita, pueden intentar quitarse sus miles de millones de dólares de encima para no sufrir pérdidas, cosa que precipitaría la caída de la moneda americana, provocando un siniestro financiero sin precedentes.

Sexto: la situación geopolítica sigue teniendo elevadas dosis de incertidumbre. El asesinato de Benazir Bhutto, candidata a la presidencia de un país islamista poseedor de la bomba nuclear, es un triste recordatorio de que conflictos bélicos o atentados terroristas a gran escala pueden ocurrir en cualquier momento.

Total, seis son los factores que apuntan a una crisis económica global. Lógicamente, por más que insistan los profetas, nadie sabe con certeza si esa crisis finalmente se va a producir porque también hay razones para ser optimista. Por ejemplo, los bancos centrales de Europa y Estados Unidos están aumentando la cantidad de dinero para que las empresas que deseen invertir puedan hacerlo y el gobierno norteamericano está ayudando a las familias “subprime” a pagar sus hipotecas.

Lo que pasa es que, si bien cada una de estos seis factores, por sí solo, podría desencadenar una crisis económica mundial, hoy se dan todos simultáneamente. Es decir, estamos ante la combinación improbable de factores que no se dan casi nunca pero que, cuando se dan, podrían acabar originando… La Tormenta Perfecta.

La Vanguardia, X-01-2008
© Xavier Sala-i-Martín, 2008

Holgura(Juan Urrutia) Y Ciegamente hacia la burbuja(PAUL KRUGMAN)

Holgura

Publicado en Expansión, martes 2 de octubre de 2007.

No hay idea más interesante que este auto-sostenimiento del sistema de
mercado; pero cuando uno la piensa en toda su profundidad no hay más
remedio que reconocer que, en ausencia de otras instituciones que le
dotaran de holgura, ese sistema de mercado es de una fragilidad tal que
bien podría estar simbolizada por la implosión de las torres gemelas al
derretirse sus varillas arquitectónicas maestras, algo no del todo ajeno al
posible derrumbe del sistema financiero al desaparecer la confianza...

Ahora que acabamos de conmemorar el sexto aniversario del atentado de las
torres gemelas se me ocurre que hay una extraña relación entre el nuevo
terrorismo, la estructura de mercados y esa innovación financiera que
resulta no ser independiente de la crisis por la que atravesamos.

El hilo conductor de esa relación pasa por la holgura, una noción económica
que nunca se explícita y que, sin embargo, es central para la manera de
pensar específicamente económica. Los economistas saben algo de ella de
forma implícita a través del examen de la programación lineal.

Imaginemos un problema típico, el de maximizar una función de bienestar
social con sujeción a las restricciones de recursos de acuerdo con las
cuales lo que se necesita de cada bien para producir la cantidad de uno
determinado de acuerdo con una función de producción de coeficientes fijos,
ha de ser menor o igual que la cantidad disponible. De este problema
matemático surgen unas constantes, llamadas precios sombra, que son unos
indicadores de la escasez social y solucionan el problema dual de
minimizar, a esos precios, el coste de producir, con la tecnología
indicada, un nivel dado de bienestar social.

Lo interesante de ese ejercicio de introducción a las matemáticas para
economistas es que, cuando uno de esos precios sombra es cero, quiere
decir, no que no haya que pagar por él, sino que es socialmente abundante
ya que un pequeño incremento de en su cantidad no nos sirve para
incrementar el bienestar. En términos de holgura diríamos que, en lo que
concierne a ese recurso en particular, no tenemos que preocuparnos mucho ya
que, en definitiva, una pequeña perturbación de su cantidad disponible no
va a cambiar la asignación de bienes. Es decir que, en presencia de esa
holgura, la asignación de bienes (que es lo que les preocupa a los
economistas) deja de ser frágil. Que la holgura nos defiende de la
fragilidad es la idea que quiero exponer en este artículo. Más en concreto,
lo que pretendo es aplicar esa intuición económica de la holgura tanto al
terrorismo de nuevo cuño como a la crisis financiera que vivimos.

Respecto al nuevo terrorismo suicida que hace su presentación en el
atentado de las torres gemelas de NY me gustaría recordar algunas ideas de
pensadores bien conocidos, El ya fallecido Baudrillard nos remite, en
L'esprit du terrorism, al suicidio del propio sistema que muestra su
fragilidad y a la banalidad del mal que muestra que el sistema no solo es
frágil sino también transparente. Por otro lado Temblores de Aire. En las
fuentes del terror de Peter Sloterdijk, sugiere cómo el terrorismo hoy es
la prolongación inevitable de la tecnología de la manipulación del medio
ambiente que permite eliminar las condiciones de vida de cualquiera y de
todos.

No hay pues refugio frente a ese terrorismo de la misma forma que no hay
abrigo en la guerra total asociada a la movilización total de Jünger: seas
lo que seas estás movilizado y no te queda espacio para la persecución de
tus objetivos individuales. Retengamos esas categorías de fragilidad,
transparencia, saturación y movilización total que parecen caracterizar a
una sociedad como la nuestra en la que surge el terrorismo suicida. En
ninguno de los autores citados se habla de holgura; pero me parece obvio
que la parte agónica de sus ideas tiene que ver con su falta.

¿Qué tiene que ver esto con la Economía? Aparentemente nada; pero, además
de la noción técnica de holgura que ya he introducido, hay algunas nociones
abstractas y profundas de la manera de pensar económica que reciben nueva
luz de estas consideraciones filosóficas y nos vuelven a confrontar con
dicha holgura. A continuación me referiré a dos de esas nociones que
corresponden a dos características definitorias de una economía en sentido
teórico: la racionalidad y el mercado.

Respecto a la primera ya he expresado en alguna ocasión mi opinión nada
favorable sobre el diseño como una sobredosis de racionalidad ya que en él
todo tiene su función y no hay nada arbitrario. La moraleja es que hay que
ser sabios, no sólo racionales, para saber prescindir del uso de la escueta
racionalidad funcional en aras de una reserva de capacidad creativa a
ejercer en circunstancias no previstas. La racionalidad excesiva que yo
asociaba al diseño, y que hoy asociaría a la transparencia total, podría
generar otra vez una enorme fragilidad. La holgura es pues necesaria.

Con relación al mercado paso ahora a describir las ( relativamente) nuevas
ideas que conforman la trama de lo que ha dado en llamarse estructura
(in)completa de mercados. La manera convencional de tratarla comenzaría por
suponer que, además del conjunto de individuos, están dados el número de
mercancías y de empresas, cada una de estas últimas con su tecnología
propia que especifica cómo unas mercancías de las dadas se convierten en
otras mercancías de las dadas.

El problema es encontrar un vector de precios, uno para cada mercancía
dada, una asignación de bienes para cada consumidor y un plan de producción
para cada empresa dada, tales que cada consumidor maximice su utilidad
sujeta a su restricción presupuestaria y cada empresa maximice su beneficio
desde su tecnología. En esta descripción convencional la estructura de
mercados es completa, es decir todos los mercados (spot, de futuros o
contingentes) están hoy operativos de forma que el tiempo no juega ningún
papel.

Si la estructura de mercados fuera incompleta, es decir si hoy no
existieran todos los mercados, el tiempo importaría, las expectativas
contarían y el número y naturaleza de empresas y mercancías debería ser
endógeno. Si se forma un cierto conjunto de coaliciones productivas
(empresas) tendremos un cierto conjunto de mercancías; pero sí se formara
un conjunto distinto de coaliciones productivas el conjunto de mercancías
disponibles será distinto. En una situación así, que contraste con la
convencional, cualquier cambio en gustos o en tecnología acarrea un cambio
en el conjunto de mercancías disponibles. Como los cambios tecnológicos
pueden ser el resultado de la labor innovadora, nos encontramos en
presencia de la destrucción creativa de Schumpeter. De acuerdo con el
cambio tecnológico algunas empresas desaparecerán mientras nacen otras que
nos proporcionarán, a través de las nuevas mercancías que producen, un
mayor bienestar. Pues bien, si esta mejora continua es posible, es porque
no hemos agotado en la práctica el catálogo de bienes concebibles que
existen en el cielo platónico: la movilización nunca es total, ni el
espacio esta saturado, hay holgura.

Para terminar veamos que estas ideas son aplicables a la crisis financiera
de este verano y que continúa ya entrado el otoño. La fragilidad y la
transparencia, la saturación del espacio y la movilización total son
categorías que no pocos economistas asociaríamos intuitivamente al sistema
económico con estructura completa de mercados. Lo interesante es que nos
acercamos poco a poco a esa situación, gracias o a causa de, la innovación
financiera que, a través de la proliferación de productos derivados, va
completando la estructura de los mercados ya que los nuevos mercados
financieros son equivalentes a los mercados contingentes para entregar una
mercancía en una fecha futura o en una contingencia determinada.

Fiarlo todo a los mercados, como en un modelo con estructura completa de
mercados, parece como un arriesgado número de circo efectuado sin red, es
decir como sostenido únicamente por la interacción entre los propios
mercados que, por su parte, no se sostienen en nada externo a ellos. A mi
juicio no hay idea más interesante que este auto-sostenimiento del sistema
de mercado; pero cuando uno la piensa en toda su profundidad no hay más
remedio que reconocer que, en ausencia de otras instituciones que le
dotaran de holgura, ese sistema de mercado es de una fragilidad tal que
bien podría estar simbolizada por la implosión de las torres gemelas al
derretirse sus varillas arquitectónicas maestras, algo no del todo ajeno al
posible derrumbe del sistema financiero al desaparecer la confianza.

En resumen, que llevar las cosas a sus extremos aunque esos extremos sean
atractivos, tal como son las ideas de transparencia o el desideratum de la
estructura completa de mercados, tiene el peligro de la fragilidad y de la
saturación que acaban no dejando espacio a la autonomía personal
precisamente porque ponen en peligro la solidez del sistema justamente por
la falta de holgura.

Juan Urrutia

Ciegamente hacia la burbuja
PAUL KRUGMAN

Cuando anunció la rendición de Japón en 1945, el emperador Hirohito explicó genialmente su decisión como sigue: ``La situación bélica se ha desarrollado no necesariamente para ventaja de Japón.

Hubo una sensación con un marcado estilo Hirohito en la explicación que Ben Bernanke, gobernador de la Reserva Federal, dio esta semana para la decisión de la dependencia de tapar el pozo después de ahogado el niño en cuanto a la industria de las hipotecas: ``En algunos casos, la disciplina del mercado se deterioró, y en ocasiones se erosionaron los incentivos para seguir procedimientos prudentes para los préstamos''.

Vaya que si eso es un eufemismo. De hecho, la explosión de los préstamos para vivienda ''innovadores'' que se hicieron a mitad de esta década fue un desastre absoluto.

Sin embargo, quizá Bernanke tuvo miedo de ser directo sobre qué tan mal salieron las cosas. Después de todo, una forma franca de decir las cosas habría equivalido a una increpación directa contra su predecesor Alan Greenspan quien hizo caso omiso de súplicas para que tapara el pozo mientras el niño no andaba por ahí, es decir, que regulara los préstamos cuando estaban en auge en lugar de después de que ya se habían colapsado.

Uso las palabras ''desastre absoluto'' en forma deliberada.

Los apologistas de la industria hipotecaria dicen, al igual que Greenspan en su libro nuevo, que ''los beneficios de más cantidad de propietarios de vivienda'' justificó los riesgos de préstamos no regulados.

Sin embargo, no se amplió la propiedad de viviendas. La mayor cantidad de dudosos préstamos de alto riesgo se hizo de 2004 a 2006 --y no obstante, los índices de propiedad ya están de vuelta en los niveles de mediados de 2003. Dada la probabilidad de millones más de ejecuciones hipotecarias, es una apuesta buena que la cantidad de propietarios será más baja para finales del gobierno de Bush de lo que era al principio.

Entretanto, durante los años de la burbuja, la industria hipotecaria engañó a millones de personas para pedir prestado más de lo que podían pagar, y simultáneamente embaucaron a inversionistas para invertir sumas enormes en valores riesgosos mal etiquetados como AAA. Estimaciones razonables indican que más de 10 millones de familias estadounidenses terminarán debiendo más del valor de sus casas, y los inversionistas tendrán pérdidas por 400 mil millones de dólares o más.

Entonces, ¿dónde estaban los reguladores cuando se desarrollaba uno de los desastres financieros más grandes desde la gran depresión? Estaban cegados por la ideología.

''La Reserva encogió los hombros mientras se generalizaba la crisis de los préstamos de alto riesgo'', fue el titular de un artículo del New York Times sobre el fracaso de los reguladores para regular. Esto pudo haber sido un comentario sarcástico discreto sobre la historia de Greenspan como discípulo de Ayn Rand, la alta sacerdotisa del capitalismo sin restricciones conocida por su novela Atlas Shrugged.

En un ensayo de 1963 para la gaceta de Rand, Greenspan rechazó por considerarla un mito ''colectivista'' la idea de que los empresarios, libres con sus propios recursos, ''intentarían vender alimentos y drogas no seguros, valores fraudulentos y edificios mal hechos''. Por el contrario, declaró: ``es en su interés personal que cada empresario tenga una reputación de hacer tratos honestos y tener un producto de calidad''.

No es de sorprender, entonces, que desechara advertencias sobre prácticas engañosas en los préstamos, incluidas las de Edward M. Gramlich, un miembro del consejo de administración de la Reserva Federal. En el mundo de Greenspan, los préstamos depredadores --como los intentos por venderle a los consumidores juguetes envenenados y mariscos contaminados-- simplemente no suceden.

Sin embargo, no fue sólo Greenspan el único funcionario de alto nivel que puso la ideología por encima de la protección al público. Considérese la conferencia de prensa del 3 de junio de 2003 --justo más o menos el momento en el que los préstamos de alto riesgo empezaban a salirse de control-- para anunciar una nueva iniciativa orientada a reducir la carga regulatoria sobre los bancos. Representantes de cuatro de las cinco dependencias gubernamentales responsables de la supervisión financiera usaron tres tijeras de esquilar para atacar un montón de documentos de regulaciones bancarias. El quinto representante, James Gilleran de la Oficina de Supervisión del Ahorro, blandía una sierra.

También asistieron representantes de asociaciones comerciales de la industria financiera, que habían estado cabildeando en favor de la desregulación. Hasta donde puedo decir a partir de los artículos en la prensa, no hubo representantes de los intereses de los consumidores en la escena.

Dos meses después de ese suceso, la Oficina del Contralor de la Moneda, una de las tres dependencias que blandieron las tijeras de esquilar, actuaron para exentar los bancos nacionales de las regulaciones estatales que protegían los consumidores contra préstamos depredadores. Si, por decir, el estado de Nueva York quería proteger a sus propios habitantes, bueno, qué pena, no estaba permitido.

Claro está que ahora que todo ha salido mal, la gente que tiene vínculos con la industria financiera se está replanteando su creencia en la perfección de los mercados libres. Greenspan ha salido a defender, sí, un rescate gubernamental. ''Hay efectivo disponible'', dice --que significa dinero de los contribuyentes-- ``y deberíamos usar eso en grandes cantidades, conforme sea necesario, para resolver los problemas de la tensión que hay en esto''.

Dado el papel de la ideología conservadora en el desastre hipotecario, es desconcertante que los demócratas no hayan sido más agresivos respecto a convertir el desastre en un tema de las elecciones del 2008. Deberían asumir la actitud: es difícil imaginar una demostración más gráfica de lo que está mal con las creencias económicas de sus oponentes.

© The New York Times News Service