miércoles, 28 de noviembre de 2007

El declive del imperio americano

http://www.elpais.com/articulo/semana/declive/imperio/americano/elpepueconeg/20071125elpneglse_1/Tes

Hace seis años justos que la economía norteamericana inició el fuerte proceso de expansión que ha llevado a que el mundo actual se parezca tan poco al que conocíamos entonces y tanto al de hace 30 años que hasta un término obsoleto como "petrodólares" ha vuelto a entrar en circulación.

Entre los cambios más llamativos está el peso financiero que han adquirido China y los países productores de petróleo gracias a la acumulación de enormes reservas de divisas que, si en el caso de China alcanzan el equivalente a un billón y medio de dólares (toda Asia junta, tres billones) en el de los petrodólares podría estar cercano a los cuatro billones.

Una riqueza tan inmensa confiere a los que la gestionan un poder excepcional, lo mismo cuando anuncian sus propósitos de convertirla parcialmente en euros que cuando organismos públicos de China, Rusia, Oriente Próximo o Noruega compran acciones de empresas emblemáticas norteamericanas y europeas.

¿Por qué mezclar a Noruega en todo esto? Porque la actuación de Noruega, también exportador de petróleo, es el ejemplo que están siguiendo muchos de estos países con una enorme acumulación de reservas de divisas: pensando en el futuro en general y en el pago de las pensiones en particular, Noruega inició la constitución de lo que ahora se llaman "fondos soberanos", que no son otra cosa, dicho en términos muy generales, que lo que en España es el Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Sólo que en su caso alimentado por la enorme riqueza que les afluye gracias a las exportaciones (el más importante es el de los Emiratos Árabes Unidos, que alcanza ya los 625.000 millones de dólares, seguido del de Noruega, con 322.000 millones).

¿Va a dar origen esta situación a una reacción proteccionista por parte de los Gobiernos occidentales en lo que a la compra de empresas se refiere? Aunque ya se ha dado algún caso, por ahora no lo parece, si bien la desaceleración de las economías podría terminar provocando una reacción de ese tipo.

Sin embargo, lo más probable es que los derroteros sean otros. Los fondos soberanos no son más que una de las vías actuales para reciclar los petrodólares o el exceso de reservas que acumulan los países que, como China, tienen un fuerte superávit comercial. Pero el futuro de esa riqueza ingente no está ni mucho menos garantizado. No hay más que pensar en que, a escala, ya hubo una acumulación comparable de riqueza durante los años setenta gracias a las subidas del precio del petróleo de 1973 y de 1979. Entonces, el reciclado de los petrodólares se realizó fundamentalmente a través de los bancos europeos y norteamericanos y los subsiguientes préstamos a los países latinoamericanos. El impago de estos préstamos terminó con la destrucción de esa riqueza en parte (o con su redistribución). Ahora, la pérdida de valor de los activos (caída de las bolsas, bajada del precio de los inmuebles, pérdidas en los préstamos hipotecarios, etcétera), que ya se ha iniciado, y que se acentuará con una eventual recesión de la economía norteamericana, podría provocar un final muy parecido para parte de esa riqueza.

Otros factores que entonces contribuyeron a la acumulación de las pérdidas fueron las inversiones desafortunadas fruto tanto de la subida del precio del oro y su súbita caída después, como del desplome y posterior recuperación de la cotización del dólar.

Al igual que ahora hace China, también Japón, ayudado por su superávit comercial, compró en los años ochenta empresas norteamericanas emblemáticas, justo antes de iniciar una travesía del desierto económico que aún no ha terminado.

Todo va a depender del ritmo que adquiera la desaceleración de la economía norteamericana que, en este momento, podría estar rozando la recesión con una probabilidad del 70%. De esa recesión Estados Unidos saldrá fortalecido y el dólar también (¡no habrá petroeuros por ahora!). Aunque antes tengan que pasar ambos por el purgatorio de un ajuste que dará mucho que hablar en los próximos meses en artículos con este mismo encabezamiento: el declive del imperio americano.

Juan Ignacio Crespo es director europeo en Reuters Gestión de Activos.

26 de Noviembre del 2007


Bancos sin plata

por Luis Casado

La crisis financiera que sacude al imperio y al planeta ha puesto en evidencia algo que suele ser ignorado por el personal. Contrariamente a lo comúnmente aceptado, los bancos no tienen plata, carecen de fondos propios, no tienen ni uno, andan “pato”, lo que contribuye a explicar los extraordinarios beneficios que logran esquilmando al prójimo.

El monto de los fondos propios se suele calcular no en función del volumen de actividad sino en función del “riesgo” tal como lo presentan los “modelos de negocio”.

Aunque los expertos cuenten otra cosa, el sistema bancario reposa sobre un capital extremadamente reducido en el que los créditos hacen los depósitos (y no el contrario como pudiera creerse), y sobre un desprecio total del “riesgo”.

Hasta hace poco los bancos consideraban como normal que la tasa a la cual se prestaban mutuamente algún billete (mercado interbancario) fuese igual a la tasa con la que el Banco Central alimenta el mercado. De modo que en todos los modelos el costo de “refinanciamiento”, o costo de la liquidez, ¡era igual a cero! (luego lo comparas con las tasas usureras que te aplican en los créditos al consumo).

Tal vez por eso los bancos solían ser generosos prestando mucha más plata de la que nunca tuvieron ni tendrán, para luego practicar la “bursatilización”, nombre bárbaro que designa un enjuague no muy limpio: pasarle el “riesgo” a otros actores de los mercados financieros. ¿Cómo se hace? Simple: vendiendo en el mercado los créditos como si fuesen valores bursátiles.

Otros bancos pisan el palito esperando hacer pingües beneficios, o le venden los créditos a otros incautos, y hete ahí que luego se revela que los deudores no pueden pagar, que los créditos no valen un cuesco, ergo diarrea, krisis, “pérdida de confianza”.

El “riesgo” se materializa y al hacerlo evidencia que los expertos o bien no tenían una pájara idea, o bien eran unos estafadores, elige tu mismo, porque las pérdidas son abismales. En agosto se estimaban en U$ 100 mil millones, ahora se habla de U$ 400 mil millones, y hay quién multiplica esa cifra por tres o cuatro asegurando que lo peor está por venir.

De golpe, el mercado interbancario se bloquea, nadie le presta plata a nadie, de una tasa igual a cero se pasa a una que está medio punto por encima de las tasas del BCE o de la FED, ¡Trágate esa!

Amén de los fondos que le confiaste a tu AFP, las víctimas de la insolvencia de los deudores -y de su propia avidez-, son los llamados “bancos de primera línea”, la crema de la crema: Merrill Lynch, Bear Stearns, Morgan Stanley, Citi Group, Wachovia, UBS, Barclays, etc, etc.

La revista estadounidense “Fortune” piensa en los patriotas que dirigen esos imperios financieros y se pregunta en primera página: “What were they smoking?”, “¿qué diablos fumaron?”

Porque son los más brillantes ejecutivos que el dinero pueda comprar, ¡Y vaya si cuestan caro! Para despedir a Stan O’Neal, Merrill Lynch tuvo que pagarle U$ 162 millones de indemnizaciones, el equivalente de más de cuarenta y seis mil años de salario mínimo chilensis.

Si tú mismo fueses director de uno de esos bancos te harías la pregunta evidente: “¿Qué hacemos con los créditos impagos que no sea ponerlos en el retrete? Porque para eso no sirven, suelen ser un pelín demasiado rígidos...

No te inquietes, la solución es simple: vendérselos a los bancos centrales que, otras cosas no pero inflar pelotas rotas y salvar bancos quebrados es su especialidad visto que lo hacen con plata del personal. Si no sabías porqué son “independientes” ahora lo sabes.

En fin, que en eso están el Departamento del Tesoro y la FED: imprimiendo billetes, restableciendo la liquidez y la circulación del crédito, comprando los papelitos de mierda a precio de oro, bajando las tasas de interés, adquiriendo a su precio nominal activos financieros que no valen un pífero, y extendiendo con ello la pérdida de confianza: la voracidad de los mercados es así, como la erección priápica, imposible de satisfacer.

Dicho sea de paso, si te cuentan que la baja del dólar se debe a la fortaleza de la economía chilena, cuando te termines de cagar de la risa piensa en Ben Bernanke, el director de la FED, ¡Pobre!, la herencia que le dejó Alan Greenspan es como la que Lagos le dejó a Michelle.

Y si no tienes pega, si no tienes plata, no seas huevón: ¡Pon un banco!

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